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Cada Uno su Mundo
Selección de ContraPeso.info
1 marzo 1996
Sección: POLITICA, RELIGION, Sección: AmaYi
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La línea divisoria puede ser muy borrosa. Gobernantes metidos en asuntos religiosos. Religiosos metidos en asuntos políticos. Es fácil perder la perspectiva de los límites de cada autoridad.

¿Dónde termina la autoridad religiosa y dónde inicia la del gobierno? ¿Es bueno o es malo que un ministro religioso participe en eventos políticos? ¿Es bueno o es malo que un gobernante intervenga en asuntos religiosos? ¿Es bueno o es malo que un ministro religioso opine sobre cuestiones políticas o económicas?

En esta carta usted encontrará una idea de Locke que ayudará a contestar esas dudas. John Locke (1632-1704), filósofo inglés, ha ejercido una enorme influencia, tan grande que después de tres siglos en difícil estimarla. Sus obras influyeron en los insurgentes de las colonias británicas y en los revolucionarios franceses del siglo XVIII.

Sus libros más conocidos son el Ensayo sobre el Entendimiento Humano y sus dos Ensayos sobre el Gobierno Civil. Las ideas de Locke contenidas aquí vienen de A Letter Concerning Toleration, escrita en 1689 (Locke, John (1999). ENSAYO Y CARTA SOBRE LA TOLERANCIA [1689]. Madrid. Alianza Editorial. 8420639834). Locke se distingue por la claridad de pensamiento y su sentido práctico.

Al principio de su carta, Locke afirma que es muy necesario distinguir los asuntos del gobierno civil de los asuntos de la religión. De no hacerse eso, sería imposible resolver problemas entre gobiernos e iglesias. Este es el arranque de Locke: la especialización de los asuntos.

La religión está al cuidado de la salvación de las almas. El gobierno está al cuidado de los asuntos terrenales de los hombres. Según Locke, la aceptación de esta absoluta especialización es lo que evita problemas insolubles y lo que ayuda a solucionar esas dudas.

El primer paso es dar una definición del gobierno. Una sociedad organizada bajo la autoridad de un gobierno es un conjunto de hombres unidos solamente para la procuración, la preservación y el avance de sus intereses civiles.

Para Locke, intereses civiles es el conjunto de la vida, la libertad, la salud y el patrimonio material de la persona (casa, muebles, ahorros, etc.).

El gobernante, por tanto, se limita a los asuntos de este mundo y nada tiene que ver con los asuntos del mundo por venir. El gobierno emite leyes para la protección de esos intereses civiles. Esas leyes son aplicadas por el gobierno, quien tiene fuerza para obligar a su cumplimiento y castigar al que las viole.

El gobernante tiene la libertad para pertenecer o salir de la iglesia que él desee. Esa iglesia no será ni mejor ni peor por el hecho de que un gobernante pertenezca a ella, o decida dejarla.

El segundo paso de Locke es definir qué es una iglesia. Una iglesia, cualquiera, es una asociación voluntaria de personas, reunidas por su propio acuerdo para la adoración pública de Dios, de la manera en la que ellas creen que es aceptable a El para la salvación de sus almas.

A las iglesias se une la persona de manera libre, con la posibilidad de salir de la religión seleccionada sin traba alguna.

Por otro lado, las iglesias necesitan, como toda sociedad, reglas propias, hechas por sus miembros o ministros. Sin esas reglas y sin el respeto a ellas, esa iglesia se disolvería. Los magistrados de la iglesia, sin embargo, no tienen fuerza para exigir el cumplimiento de esas reglas.

Sólo pueden usar su poder de convencimiento para hacerlas respetar. Si alguien las viola, el poder del religioso se limita a la expulsión de la persona del seno de esa iglesia, sin posibilidad de uso de fuerza para privar a esa persona de sus intereses civiles.

En pocas palabras, ningún ministro religioso puede alterar los intereses civiles de las personas.

Por tanto, según Locke, la gran diferencia entre una iglesia y un gobierno es la fuerza. La aplicación de la ley terrenal requiere el uso de la fuerza para castigar al culpable y privarle o disminuirle sus intereses civiles.

La aplicación de la normas de una iglesia no puede ir más allá de la expulsión del miembro castigado.

La diferencia entre iglesias y gobiernos se amplía a proporciones gigantescas por otro razonamiento de Locke: la salvación del alma es un asunto personal, fundado en la fe y las creencias individuales. La salvación del alma es un asunto basado en el total convencimiento propio. La salvación no puede lograrse por medio de la fuerza de la autoridad política.

Hablando del Cristianismo, dice Locke que el Evangelio no menciona que la Iglesia de Cristo puede perseguir a otros para una conversión religiosa forzada. Al contrario, el Evangelio habla de la persecución que sufren los verdaderos apóstoles de Cristo.

Por tanto, el poder de coerción del gobierno es incompatible con la tarea de salvar almas. Las almas se salvan por el convencimiento interno y personal, no por el uso de la fuerza. Eso significa que la salvación de las almas es un asunto de cada individuo.

La conclusión de una total separación, según Locke, entre los asuntos eclesiásticos y los asuntos gubernamentales, es natural ante los razonamientos anteriores. Y eso es lo que hace que ninguna persona puede ser afectada en sus bienes civiles a causa de la religión que profesa.

Todos sus derechos como ciudadano son un asunto totalmente ajeno a la religión.

Además, se da otra situación que reafirma lo conveniente de la separación de asuntos religiosos y gubernamentales. Afirma Locke que es una realidad inevitable que cada una de las iglesias crea que ella es la verdadera y que, por ende, todas las demás iglesias sean falsas. No hay iglesia que no reclame para sí misma el ser la verdadera fe.

También es una realidad absoluta que no hay forma satisfactoria de determinar cuál de todas las iglesias es la verdadera y al mismo tiempo satisfacer a los fieles de todas ellas.

No hay juez en la tierra que pueda dirimir la cuestión de cuál es la verdadera iglesia. Porque, como se vio, las iglesias no tienen jurisdicción sobre los asuntos terrenales, ellas no puede recurrir a la fuerza y a la coerción para dirimir sus diferencias.

Locke ilustra los peligros de una falta de separación entre iglesias y gobiernos mencionando una situación riesgosa: miembros de alguna jerarquía eclesiástica que tengan el apoyo gubernamental. Esos jerarcas, al sentirse apoyados por el gobierno, pueden volverse capaces de usar la fuerza contra quienes no piensan como ellos.

Locke señala la paradoja de que esos mismos religiosos capaces de usar la fuerza se tornarán tolerantes y defensores de la libertad religiosa, cuando no tengan de su lado el respaldo gubernamental.

Otra argumentación de Locke que apoya una clara separación entre religión y gobierno es la siguiente. Así como no hay leyes que prohiban enfermarse o empobrecerse, tampoco puede haber leyes que prohiban condenar el alma.

Ese es un asunto personal, propio del fuero interno de cada persona. Los gobiernos no tienen facultades para sustituir al individuo en la decisión de salvar o no su alma. Dios enseñó cómo lograr la vida eterna, pero no prescribió una forma de gobierno.

Dios enseñó a los hombres cómo, por medio de la fe y las buenas acciones, puede lograrse la vida eterna, pero El no instituyó una república. No prescribió una forma particular de gobierno, ni puso una espada en la mano del gobernante para usarla contra los hombres que no desean dejar su religión original y abrazar la de Él.

Además de poseer almas inmortales, las personas también tienen una vida temporal en la tierra. Tienen necesidad, dice Locke, de comodidades externas que procuran y preservan por medio de la fatiga y el trabajo.

Es la necesidad de preservar lo que su trabajo ha logrado, lo que hace a los hombres entrar en sociedad. Con asistencia mutua y fuerzas combinadas ellos aseguran sus intereses civiles y así contribuyen a su felicidad en este mundo.

Pero, la vida eterna de cada persona es un asunto en el que los demás nada tienen que ver, éste es el asunto de la religión. Las religiones, además, no pueden violar las leyes que protegen los intereses civiles de los ciudadanos. De hacerlo, el gobernante debe ejercer su poder para evitarlo.

Pero el gobernante debe dejar libre a la religión para hacer lo que desea, siempre dentro de la ley.

Locke, en resumen, apela al sentido práctico de una clara diferenciación de responsabilidades. El gobierno se preocupa por el bienestar de la vida terrenal y la religión por la salvación de las almas. De no hacer esta separación, se tendrían problemas sin solución. El gran peligro radica en dar poder coercitivo a las iglesias.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



2 Comentarios en “Cada Uno su Mundo”
  1. angeline Dijo:

    es muy importante esta informacion gracias por su atencion es muy buena…

  1. Libertad Religiosa: Pros y Contras | Contrapeso




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