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La Empresa Desconocida
Selección de ContraPeso.info
1 febrero 1996
Sección: ECONOMIA, Sección: AmaYi
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Todos hemos oído cosas como éstas. “El campo debe ser incentivado con préstamos oficiales, los préstamos oficiales ayudarán a mantener y elevar el empleo, hay que apoyar los proyectos sociales”.

Muy pocos se opondrían. ¿Quién es el despiadado que no piensa que hay empresas que deben rescatarse? En esta carta, usted verá un punto de vista que es contrario a eso que suena tan bien. Es el punto de vista de Hazlitt.

Si existe un libro clásico de Economía para el lego, ése es “Economía en una Lección” de Henry Hazlitt. Escrito de 1946, ha sido traducido a numerosos idiomas en incontables ediciones. La tesis central del libro es que hay principios económicos que deben respetarse. Si esos principios son ignorados habrá consecuencias, lo queramos o no.

La idea de esta carta proviene de Hazlitt, Henry (1979). ECONOMICS IN ONE LESSON [1946]. New York. Arlington House Publishers. 0517548232, Chapter VII, Credit diverts production, pp. 44-47.

Los gobiernos otorgan empréstitos preferentes y garantías a industrias, agricultores y empresarios de todos tipos y tamaños. Pero, según Hazlitt, el gobierno no debe dar esos apoyos financieros y si los da, la violación de ese principio económico va a tener consecuencias negativas: habrá menos capital, serán dañadas otras personas y habrá menos progreso porque algunos de los mejores proyectos no se realizarán.

Esos préstamos oficiales son un desperdicio de capital y reducen el crédito disponible.

El primer paso de Hazlitt, para justificar su aseveración, es mencionar rápidamente algunos de los efectos negativos que tienen los préstamos dados por la autoridad. Reserva para el último el más pernicioso de esos efectos.

Primero, hay riesgo de nepotismo. Será difícil para el gobernante que otorga esos créditos no favorecer a amigos y familiares.

Segundo, hay riesgo de corrupción. El gobernante puede otorgar créditos a empresas de su propiedad o de otros, a cambio de dádivas.

Tercero, hay riesgo de escándalo. Aún donde no hay nepotismo ni corrupción, es difícil dilucidar por qué una empresa sí recibe ayuda y otra no.

Cuarto, hay riesgo de quejas. Los créditos dados a empresas que fracasaron son un mal uso de los impuestos. El contribuyente se quejará con razón.

Hazlitt señala otro defecto, pero aún no el mayor de todos. Dice que es elemental llegar a una determinación: el gobierno da el préstamo y corre el riesgo, ¿por qué no participa también en las utilidades? Después de todo, es dinero del contribuyente el que está en riesgo, y el contribuyente no se lleva nada.

Hasta aquí, el autor, menciona los efectos secundarios de los créditos oficiales. Pero hay más. Hazlitt se detiene y analiza el peor: desperdicio de capital y reducción del crédito.

Visto de otra manera, cuanto más crédito da el gobierno, menos crédito existe. Cuanto más crédito da, más capital se desperdicia.

El otorgar créditos gubernamentales es un desaprovechamiento de los recursos escasos de la sociedad y, por tanto, esos préstamos son un daño real a los ciudadanos.

Para justificar esa severa afirmación, Hazlitt inicia su exposición mencionando que los préstamos oficiales hacen disponible capital para proyectos de dudosos resultados.

Es decir, el crédito gubernamental pone capital en manos de personas que son menos competentes y menos confiables que aquéllas que consiguen crédito de fuentes particulares. Ya que el capital es limitado, eso ocasiona falta de crédito a personas confiables con proyectos viables. El capital es un recurso escaso y una parte de él es colocado en manos cuyos proyectos son cuestionables.

¿Por qué va el crédito público a manos menos confiables? Muy sencillo, según el autor.

Las personas que invierten su propio capital son muy cuidadosas. No quieren perder su dinero. Desean seguridad. Esta es la razón de fondo, la que establece la diferencia entre un crédito privado y un crédito oficial.

La distinción entre el crédito otorgado por un particular y el crédito otorgado por el gobierno es enorme. En los préstamos gubernamentales se cometen, por sistema, más errores de inversión que en los préstamos entre particulares.

El préstamo privado se hace con capital propio o que ha sido confiado por un tercero, del que hay que presentar cuentas. En cambio, el préstamo oficial se hace con dinero del contribuyente, a quien se le ha retirado por la fuerza, por medio de impuestos.

El préstamo oficial se hace con dinero de nadie. Un crédito gubernamental no presenta cuentas a persona alguna.

El préstamo privado será invertido donde la garantía de pago sea aceptable. Esta característica tiene una consecuencia muy positiva, pero muy poco conocida: el beneficio a los consumidores. Al calificar una inversión como plausible, se espera que el servicio o producto producido tenga buena probabilidad de éxito, lo que significa que los consumidores lo quieren.

De modo que el ser exigente en el otorgamiento de créditos beneficia al consumidor. Por diseño, un préstamo dado por particulares que revisan y verifican las posibilidades de la empresa a la que prestarán capital es causa de beneficios a la sociedad, pues serán aprobados los créditos a proyectos que tengan más probabilidades de tener éxito entre los consumidores.

Los préstamos que un gobierno da son drásticamente diferentes en su naturaleza. Los créditos oficiales no tienen como objetivo principal la recuperación del capital que es lo primero que tiene un préstamo privado.

Esos préstamos oficiales serán decididos y otorgados sobre otras bases, consideraciones diferentes, como el crear o mantener empleos, lo que en sí mismo es un grave error (las empresas que requieren más horas-hombre en relación al valor de su producción son las más menos eficientes y los préstamos se darán a ellas y no a las empresas de mayor eficiencia).

Estas otras bases y consideraciones no significan un beneficio a la sociedad, sino un daño real al retirar recursos escasos para darlo a proyectos de dudosos resultados.

El razonamiento anterior lleva a una conclusión sorprendente. La motivación calificada como “egoísta” del particular que quiere recuperar su inversión tiene más beneficios que la motivación supuestamente “altruista” del gobierno.

El particular que otorga malos préstamos queda sin capital para continuar su actividad y esto es lo que le mueve a dar crédito a los proyectos con mayor probabilidad de éxito. Los gobernantes no poseen esa motivación.

El dinero que prestan no es el suyo, ni les ha sido confiado con obligación de devolverlo; ellos prestan dinero de nadie, del que nadie va a exigir cuentas.

El fracaso de esos préstamos no pone en riesgo la existencia, ni el trabajo del burócrata. Por eso, el gobierno es un mal evaluador de riesgos de inversión; no tiene ninguna motivación para ser un buen otorgador de préstamos, ni tiene parámetros para evaluar su desempeño al darlos.

Pero los gobernantes sí saben otras cosas, saben dar respuestas idealistas a preguntas idealistas y dar razones plausibles a dos casos, el de la justificación del otorgamiento de crédito y el de las causas de su posterior fracaso.

El resultado neto es claro: los créditos privados usan el capital de manera más eficiente que los préstamos gubernamentales.

Por tanto, el hecho de que un gobierno haga préstamos reduce la producción del país. Los que tienen mejores proyectos no recibirán los créditos que merecen porque esos créditos han ido a parar a las manos de quienes tienen proyectos dudosos.

Para terminar el análisis de las consecuencias negativas de los créditos oficiales, Hazlitt recuerda uno de los temas centrales de su libro: el impacto de una decisión económica en el resto de la población.

En el caso de los préstamos gubernamentales es muy fácil ver y saber que un préstamo fue dado, por ejemplo, a la empresa Pollos Blancos del Sudeste S.A. Los beneficiarios directos de los créditos están plenamente identificados. Todos sabrán que esa empresa en concreto ha recibido un capital, sin que haya duda al respecto.

Pero hay otro protagonista, un protagonista anónimo, que nadie conoce ni conocerá, la empresa que hubiera obtenido el crédito que buscaba, la empresa desconocida. Los recursos que recibió Pollos Blancos del Sudeste S.A. los hubiera recibido otro proyecto y nadie sabrá jamás cuál era ese proyecto que no se llevará a cabo.

Es un protagonista anónimo, uno que nadie conoce ni conocerá. Es la empresa que hubiera obtenido el crédito que buscaba si el gobierno no hubiera tomado capital, que es escaso, para dárselo a otro.

En resumen, según el análisis de Hazlitt, al dar préstamos oficiales, el gobierno disminuye la cantidad de capital disponible para empresas y proyectos sanos que necesita el consumidor, para dárselo a empresas y proyectos más dudosos y menos confiables.

La razón de eso es la motivación detrás del préstamo. El particular no quiere perder su inversión. La autoridad presta dinero que no es suyo, lo que hace que al final sea el contribuyente el que subsidie malos riesgos de inversión y pague las pérdidas.

Y en ese proceso hay una víctima desconocida, la empresa más eficiente, con un mejor proyecto, que no obtuvo un crédito porque ese capital fue dado a otra empresa menos eficiente y con un proyecto menos viable.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



2 Comentarios en “La Empresa Desconocida”
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