Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Brújulas de la Mente
Selección de ContraPeso.info
1 junio 1997
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: AmaYi
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Unos apoyan las creencias religiosas como fuente de bienestar en la sociedad. Otros consideran a las religiones como drogas de efectos horrendos. En esta carta, usted conocerá ideas de Tocqueville.

Sabrá por qué una religión puede encaminarse a perder fieles y fracasar a pesar de poseer nobles objetivos. Conocerá también las razones por las que en una democracia son muy deseables las creencias religiosas.

Alexis de Tocqueville (1805-1859), francés, funcionario del gobierno de su país, publicó en 1835 De la Démocratie en Amérique. La idea contenida aquí está tomada de Tocqueville, Alexis de (1989). LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA, VOL 2. Madrid. Aguilar Maior. 8403889036., pp. 48-53.

El primer punto en la exposición de este autor es dar un papel vital a las creencias. Los hombres necesitamos creer en algo, necesitamos tener ideas.

Todos nuestros actos tienen orígenes en las ideas que tenemos de Dios, de la naturaleza del alma, de nuestros deberes, de las relaciones entre los hombres. Sin ideas ni creencias, nuestros actos serían desordenados e impotentes.

Sin embargo, no podemos desarrollar en lo individual todas las ideas. Ese desarrollo es una cuestión de mentes excepcionales a través de mucho tiempo. Los seres normales no tenemos el tiempo de descubrirlas.

Nuestra vida diaria las requiere, pero nuestras tareas cotidianas nos lo impiden. Esas ideas y creencias provienen de autoridades. Una de esas autoridades es la religión.

Como segundo paso, Tocqueville habla del papel de las religiones en estos asuntos. Dice que el objetivo y ventaja de las religiones es que ellas nos proveen de soluciones precisas e inteligibles en estas cuestiones. Es decir, nos dan creencias e ideas. Guían nuestras acciones.

Por falsa y absurda que sea una religión, si ella no impide el libre desarrollo del espíritu, tiene la enorme ventaja de imponer un yugo saludable a la conducta humana. Tal vez no salve a los hombres en el otro mundo, pero al menos será útil para que logren su felicidad en éste.

La conclusión de los dos pasos anteriores resulta natural: si se destruye a la religión, se destruyen ideas y creencias.

Al destruirse ideas y creencias, las mentes de los hombres se llenan de duda y de confusión. Los hombres tendrían nociones enredadas y cambiantes. La consecuencia de eso es el aflojamiento de las voluntades. Los hombres estarían preparados, sin creencias, para la servidumbre. Abandonarían su libertad por ellos mismos.

Sin ideas y sin creencias, los hombres nos daríamos a un amo. No soportaríamos una libertad sin la guía que dan las ideas y creencias. Si el hombre no tiene fe tendrá que ser esclavo y si es libre tendrá que creer.

Tocqueville duda de que el hombre pueda soportar al mismo tiempo la total independencia religiosa y la entera libertad política. Los hombres desarrollamos un gran gusto por los bienes materiales cuando vivimos en regímenes democráticos y solemos ocuparnos mucho más de nuestros intereses personales que del bienestar ajeno.

Precisamente en esto se ven las ventajas de las religiones. Ellas inspiran sentimientos contrarios a esas tendencias. Ellas llaman a los hombres a despegarse de lo terrenal y a demostrar su amor por los demás.

Tocqueville se encarga expresamente de señalar que sus opiniones sobre la influencia de las religiones son hechas desde un punto de vista enteramente humano. Lo único que le interesa es ver el efecto de las religiones en las sociedades, especialmente en los regímenes democráticos.

Y, hasta aquí, su análisis da resultados positivos. Esas ideas orientan la mente, fomentan la libertad e impiden excesos de goces y egoísmos materiales. Las religiones tienen una influencia beneficiosa en la sociedad porque dan ideas y creencias a los hombres.

A lo anterior, el autor añade otra serie de muy importantes consideraciones. Estas consideraciones son de dos tipos. Ambas se refieren al acomodo de las religiones dentro de la sociedad. Y, más que consideraciones son recomendaciones para el éxito de las religiones entre los hombres.

Debe recordarse que a Tocqueville le interesa que las religiones tengan influencia en la sociedad. Que ellas provean de ideas y creencias a los hombres. Que esas creencias apoyen la libertad, pero imponiendo sobre ella un saludable yugo.

El primer tipo de recomendación es sencillo: las religiones deben mantenerse dentro de sus límites naturales. Si rebasan esos límites se arriesgan a no ser creíbles. Por ejemplo, el Corán es una serie de creencias e ideas, pero también contiene reglas políticas, leyes y hasta teorías científicas.

Por el contrario, el Evangelio sólo contiene ideas generales sobre las relaciones de los hombres entre ellos y con Dios. Dice el autor que por esas características el Corán no podrá tener vigencia en épocas ilustradas, como sí la tendrá el Evangelio. Todo por salirse de los terrenos propios de la religión.

¿Cómo puede salirse una religión de su terreno?

La contestación de Tocqueville se fundamenta en los rasgos de las democracias. El gusto por el bienestar material es parte de la esencia democrática. La religión que vaya contra ese gusto y quiera destruirlo, terminará por destruirse ella misma.

Las religiones se equivocan si quieren apartar al hombre del bienestar material, pero sí pueden persuadirlo de enriquecerse por medios honestos. La religiones purifican, regulan y restringen el gusto desbordado por lo terrenal, pero fracasarían al intentar desaparecerlo.

La religiones deben respetar los instintos democráticos que no le sean contrarios. Incluso deben ayudarse de ellos para luchar con éxito contra el exagerado espíritu de independencia individual que es su peor enemigo.

Tocqueville, que escribió su obra después de un viaje a los Estados Unidos hace poco más de ciento cincuenta años, toma como ejemplo a los sacerdotes americanos de ese tiempo.

Esos sacerdotes se apartan de los asuntos políticos. No entran en discusiones con los partidos. Son discretos. Se alejan de las formas exteriores para presentar ideas y creencias sencillas y claras sobre el espíritu humano.

Esos sacerdotes consideran importantes, pero secundarios, los logros materiales. No impiden el enriquecimiento y aplauden los logros de la industria. Enseñan al otro mundo como el objetivo mayor, sin impedir el logro honesto del bienestar en la vida temporal.

La segunda recomendación a las religiones se refiere a las formas exteriores. No conviene a las religiones llenarse de prácticas ceremoniales externas. En los tiempos democráticos eso se ve vacío y artificial. Las formas exteriores son necesarias, pero sin exageración.

La religión que cometiera este error se vería con un muy número reducido de fieles. Los ritos exagerados dejan frío al hombre que comprende la importancia esencial de la religión.

En resumen, Tocqueville cree necesarias a las creencias religiosas porque orientan actos humanos. Esa orientación es un apoyo a la libertad personal. Y aconseja a las religiones, para que tengan ese efecto positivo, concentrarse en las creencias, sin caer en excesos de formas, ni mucho menos, en áreas fuera de su esfera.

En otras palabras, aconseja seguir más a las verdades eternas que a los artículos secundarios de fe. Con creencias se puede ser libre. Sin creencias se es siervo.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



3 Comentarios en “Brújulas de la Mente”
  1. Contrapeso » Tocqueville y el Vaticano
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