Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Razón de Ser de la Ley
Selección de ContraPeso.info
1 enero 1997
Sección: LEYES, Sección: AmaYi
Catalogado en:


Se está siempre ocupado. Atender negocios, pagar impuestos, firmar contratos, leer el Diario Oficial, ver a las autoridades, estudiar las nuevas disposiciones, obtener permisos, llenar las nuevas formas. Casi no hay tiempo para detenerse y pensar en las leyes.

A fuerza de considerar a las leyes como una constante diaria, se corre el riesgo de olvidar su propósito. Más aún, los gobiernos emiten y modifican leyes, demasiadas veces por un activismo político que más busca buena imagen que bienestar. La abundancia de leyes y el activismo legislativo son también obstáculos que impiden ver el objetivo verdadero de las leyes.

Todo este asunto puede parecer obvio a primera vista. Hasta inútil quizá. Pero en la felicidad de los ciudadanos las leyes tienen un gran impacto. Las leyes pueden ser causa de una vida mejor, o de una peor.

En esta carta usted encontrará una idea de Bastiat que ayuda a profundizar en esta cuestión, la razón de ser de la ley. La idea de Bastiat está cimentada y sustentada en la responsabilidad individual del hombre. Pero sobre todo, es una idea que explica con inteligencia la razón de ser de las leyes y que, por lo tanto, da elementos de juicio para evaluar las leyes que rigen a una sociedad.

Claudio Federico Bastiat (1801-1850) fue un economista, estadista y autor francés. Se le considera uno de los más grandes defensores de la libertad. La idea de Bastiat, contenida en esta carta, se encuentra en Bastiat, Frederic (1987). THE LAW. The Foundation for Economic Education Irving-on-Hudson, New York, pp 5-7.  Es un libro que todos debieran tener en su cabecera.

El punto de partida de Bastiat es reconocer que Dios nos ha dado a los hombres un don. Es el don de la vida, una vida física, mental y moral.

De este punto, Bastiat derivará su conclusión final: la ley sólo se justifica para la protección de las personas, sus libertades, derechos y propiedades. Y nada más.

Bastiat empieza por decir que la vida es una responsabilidad de los hombres ante Dios. Esa vida dada por Dios, además, no puede preservarse por sí sola. Tenemos los humanos el deber de preservar y perfeccionar esa vida que Dios nos dio.

Una vez reconocida esa responsabilidad de cada ser humano, queda por saber cómo lograr la preservación y el perfeccionamiento de la vida. Bastiat responde diciendo que para cuidar nuestra vida Dios nos ha dado una serie de maravillosas facultades y, también, ha puesto a nuestra disposición una variedad de recursos naturales.

Bastiat, por tanto, inicia su justificación de la existencia de las leyes, presentando un panorama con tres dones de Dios:

(1) la vida humana, que debe ser perfeccionada y mantenida,

(2) las facultades y capacidades humanas y

(3) los recursos naturales de la Creación.

Con esos tres dones, se presenta una situación por la que aplicando las facultades humanas a los recursos naturales producimos bienes. Esos bienes sirven a los hombres para el perfeccionamiento y preservación de su vida.

Por tanto, es el trabajo humano sobre los recursos naturales lo que genera los medios para vivir.

De allí se sigue que la persona, su libertad y su propiedad son los requisitos básicos de la vida. Cada uno de esos requisitos depende de los otros dos. Nuestras facultades son una extensión de nuestra persona.

Nuestra propiedad es una extensión de nuestras facultades. Es claro entonces que antes de que exista ley alguna, existe el hombre, sus talentos, su trabajo y los bienes producidos.

El hombre es anterior a las leyes y las leyes sólo pueden entenderse bajo esa óptica: ser un instrumento para el perfeccionamiento de la vida dada por Dios, usando las habilidades y los recursos que tenemos disponibles.

La vida dada por Dios, la libertad para usar los talentos humanos y la propiedad de los bienes no existen a causa de las leyes. De hecho, la vida, la libertad y la propiedad son el origen de las leyes. Las leyes, por tanto, sólo pueden justificarse a causa de la responsabilidad humana ante Dios.

Si no viviéramos en sociedad, cada uno de nosotros poseería el derecho natural, derivado del don de la vida otorgado por Dios, para preservar nuestra persona de manera integral.

Es decir, tenemos el derecho de defender a nuestra persona, a nuestra libertad y a nuestras propiedades contra ataques de terceros. Cada persona tiene ese derecho de defensa, incluso usando la fuerza, ante ataques a su persona, a su libertad o a su propiedad.

Un grupo de personas puede organizarse para vivir en sociedad y unir sus derechos de defensa. Ese grupo puede formar una fuerza común para preservar sus personas, libertades y propiedades y así cumplir con su responsabilidad ante Dios.

Ese grupo establece leyes cuya única justificación es la preservación y defensa de las personas, sus libertades y sus propiedades. Esa fuerza común y esa unión de derechos tiene su origen en el derecho de defensa de cada persona.

Es lógico, por tanto, que esa fuerza común no pueda tener ningún otro propósito, ni ninguna otra misión que aquélla que le dio origen.

En otras palabras, la fuerza común o ley que es producto de la unión de un grupo de hombres para la preservación de su vida, no puede ir más allá de la preservación de las personas, sus libertades y sus propiedades.

La ley es la organización del derecho natural de defensa. La ley es un sustituto de los derechos individuales de defensa por el de una fuerza común, la ley. La ley, por tanto, protege a las personas, a sus libertades y a sus propiedades. Esa es la razón de ser de la ley.

Una persona no puede usar su derecho de defensa para atacar a otra y afectarla en su persona, su libertad o su propiedad. Por la misma razón, los derechos individuales acumulados en la ley tampoco puede usarse para afectar la libertad, la persona o la propiedad de otros. La fuerza ha sido dada a cada persona para poder defender sus derechos individuales. No puede usarse ese poder para destruir los derechos iguales de nuestros hermanos.

Ya que no existe el derecho individual y personal de atacar los derechos de los demás, tampoco la unión de los derechos de defensa significa el derecho de atacar a los demás. La ley mantiene los derechos de cada persona. La ley hace que la justicia prevalezca entre los hombres.

Siguiendo el razonamiento de Bastiat, ahora es posible tener una opinión esencial de una ley cualquiera.

• Si la ley defiende la libertad de la persona para usar sus capacidades de trabajo, entonces la ley es buena. Si, por el contrario la ley restringe el uso de las facultades humanas, es mala.

• Si la ley defiende la propiedad de la persona, que es una extensión de sus facultades, entonces la ley es buena. Si, por el contrario la ley ataca esa propiedad, la ley es mala.

• Si la ley defiende los derechos de uno sin afectar los derechos de un tercero, entonces la ley es buena. Si, por el contrario, por defender los derechos de uno son atacados los derechos de otro, la ley es mala.

Y esas afirmaciones pueden justificarse, según Bastiat, con base en los dones divinos. Dios nos dio la vida, con la obligación de perfeccionarla, usando otros dones divinos: nuestras facultades y los recursos naturales. Bastiat, por tanto, da un enfoque de gran sentido común y sencillez para evaluar a las leyes que rigen una sociedad.

Si una ley limita el aprovechamiento de los talentos humanos, o es contraria a la propiedad particular, o ataca los derechos de terceros, esa ley tendrá efectos negativos en la sociedad.

Este enfoque es refrescante para sociedades que sufren activismo legislativo, es decir, gobiernos que emiten gran cantidad de regulaciones como efecto de sus preocupaciones.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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