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El Panadero y su Caridad
Selección de ContraPeso.info
1 junio 1998
Sección: ECONOMIA, Sección: AmaYi
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La división del trabajo tiene enormes ventajas, pues nos permite ser más productivos. Esto, aunado a nuestra tendencia única a comerciar, produce una fórmula de progreso impresionante: el bienestar mío depende de mis contribuciones al bienestar de los demás. Es mi propio interés el que me fuerza a poner atención en el interés de los demás. No hay idea económica más famosa que la de Smith presentada en esta carta.

La obra de Adam Smith consultada para esta carta fue Smith, Adam (1993). WEALTH OF NATIONS [1776] A SELECTED EDITION. (Kathryn Sutherland). Oxford. Oxford university press. 019281765, Book  I, Chapter I y II, pp. 11-15, publicado originalmente en 1776. Smith (1723-1790), escocés, profesor de la Universidad de Glasgow, es exageradamente reconocido como el fundador de la Economía Moderna.

 

Smith comienza alabando a la división del trabajo. Esa división del trabajo es la causa de las magnas mejoras en la productividad del esfuerzo humano.

En las voluminosas producciones de bienes destinados a grandes cantidades de personas intervienen vastos números de trabajadores. El trabajo es dividido en muchas partes que no se ven con facilidad a primera vista.

Smith usa el ejemplo de los alfileres. Si pusiéramos a una sola persona a hacer alfileres, la producción quizá no llegaría a veinte piezas diarias. Pero, gracias a la división del trabajo, el hacer alfileres es un proceso que se divide en pequeñas funciones.

Si pusiéramos a diez personas a hacer alfileres, dice Smith, la producción podría llegar hasta las 48,000 piezas diarias.

Es decir, bajo la división del trabajo, cada persona hace en realidad 4,800 piezas en lugar de las 20 que haría si trabajara sola.

La conclusión es natural, la división del trabajo eleva la productividad. Se hace más con los mismos recursos.

Todo se debe a la separación de trabajos, oficios y especialidades. Además, coincide que la división del trabajo es mayor en los países con mayores adelantos e industrias.

Profundizando en el análisis, Smith dice que son tres las razones por las que la división del trabajo aumenta la productividad.

Primero, hay una mejora en la habilidad del trabajador. Con más habilidad es natural que se eleve la cantidad de trabajo realizado.

El trabajo es reducido a una serie de operaciones sencillas que constituyen todo el trabajo y, con eso, se llegan a tener habilidad y presteza impensables en los novatos.

Segundo, hay ahorros de tiempo, pues ya no hay que cambiar de un trabajo a otro. Esos cambios de trabajo toman tiempo y requieren cambios de lugar y de herramientas.

Tercero, con la maquinaria adecuada existen ahorros de trabajo y hay más facilidad para desarrollarlo. Es natural que al poner atención en un solo trabajo, se pueden descubrir modos y maneras para hacerlo mejor y más rápido.

Esas máquinas son en buena parte ideas que han tenido los mismos trabajadores que a fuerza de hacer lo mismo han desarrollado formas mejores de hacerlo.

Desde luego, esas máquinas y mejoras también son realizadas por los mismos fabricantes y por quienes observan las cosas y unen los poderes de cosas diferentes y distintas.

Esta actividad de observación es en sí misma otra división del trabajo, que a su vez subdivide y mejora las habilidades, porque cada persona se vuelve experto en su campo y así se hace más trabajo total y la ciencia progresa considerablemente.

La división del trabajo multiplica la producción de bienes a niveles enormes. Este aumento de producción, dentro de sociedades bien gobernadas, es causa de una gran opulencia que llega a todas las clases.

Smith dice que un trabajador, dentro de la división del trabajo, dispone de una gran cantidad de productos producidos por él; más de los que necesita y los demás trabajadores están en esa misma posición.

Por tanto, como a todos les sobra eso que producen es posible el intercambio de una gran cantidad de trabajo propio por una gran cantidad de trabajo de otros.

Y esa abundancia se difunde por toda la sociedad.

A continuación, Smith presenta un panorama revelador. Tomemos al más común de todos los trabajadores y veamos su escasa y tosca vestimenta.

Es obvio que una enorme cantidad de personas intervino en su producción. El hilador, el cortador, el comerciante. Y, si tomamos al cortador, se ve que éste necesitó tijeras, mesas, hilos, agujas. Si tomamos las tijeras, su fabricante necesitó metales, fundiciones, minas… es infinito. El punto de esto es la cooperación.

Sin la cooperación de un gigantesco número de personas, ese humilde trabajador no podría disponer de vestido.

Este es el gran punto de Smith, una de sus más famosas contribuciones, la cooperación entre los miembros de la sociedad.

Para ir completando su razonamiento, Smith añade que hay un rasgo importante en los hombres y que no se encuentra en ningún otro ser de la Creación.

Ese rasgo es la tendencia a comerciar e intercambiar bienes.

Al vivir en sociedad necesitamos siempre la cooperación y la asistencia de millares de personas a las que nunca conoceremos. En nuestra vida conocemos personalmente a unas decenas o incluso centenas.

Pero necesitamos la cooperación de miles. Ese trabajador no puede pretender conocer a todas las personas que su ropa necesitó para ser fabricada y, sin embargo, se ha beneficiado del trabajo de ellas.

En vano podremos pedir la benevolencia y la caridad de esos miles para ayudarnos en nuestra vida. Pero sí podremos interesarlos en ayudarnos al aprovechar su amor propio, si les decimos que es por su propio y personal bien hacer lo que requerimos de ellos.

Dame lo que yo quiero de ti y te daré lo que tú quieres de mí. Si hacemos esto tendremos una gran abundancia. No es la buena voluntad ni la caridad del panadero lo que nos permite llevar el pan a nuestra casa, sino el propio interés personal de ese panadero.

Apelamos, no a su humanidad, sino a su interés propio y no a nuestras necesidades, sino a las ventajas que él obtiene.

Es por trueques e intercambios, propios sólo del hombre, que nos hacemos de los bienes que necesitamos. Y es la disposición a intercambiar la que originalmente da ocasión a la división del trabajo.

No podemos fundamentar el bienestar en la benevolencia voluntaria de los demás hacia nosotros. Eso nunca haría que llegaran a nuestra mesa seis naranjas todos los días.

Pero gracias a la división del trabajo, que nos permite producir más de lo que necesitamos de unos pocos artículos, podremos intercambiar con los demás lo que nos sobra. Todos salimos ganando.

Las naranjas llegarán a nuestra mesa siempre porque será de interés a su productor lograr satisfacer esa necesidad nuestra. Sin la tendencia al trueque cada hombre tendría que valerse por sí mismo en todas las necesidades de su vida.

Mientras que con otros animales no sucede, con los hombres derivamos ventajas de las diferencias en talentos y habilidades y por medio del intercambio todos los hombres pueden comprar lo creado por el talento de los demás.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.


1 comentario en “El Panadero y su Caridad”
  1. Moralidad De Los Mercados | Contrapeso




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