Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Reforma Agraria
Selección de ContraPeso.info
1 octubre 1998
Sección: DERECHOS, Sección: AmaYi, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


Aunque no pertenezcan a un terreno teológico, las políticas económicas de muchos gobiernos pueden llegar a ser consideradas sagradas e intocables. Y quizá no haya dogma de fe, en este sentido, más grande que el de la reforma agraria. Muy pocos estarían dispuestos a ponerla en tela de juicio.

La única justificación de una reforma agraria es, obviamente, el logro del bienestar de toda la población y no de algún grupo. La reforma agraria tiene la intención de corregir situaciones injustas y de terminar con privilegios sectoriales. ¿Puede una reforma agraria hacer eso que pretende? La respuesta de Mises es negativa.

La reforma agraria no logra lo que pretende. La reforma agraria es de hecho la imposición de otro sistema de privilegios, distinto al anterior, y que ahora se ha disfrazado de justicia social. Al fin y al cabo, la reforma agraria es otro sistema de dispensas y privilegios dados a unos en perjuicio de la mayoría.

El libro consultado para esta carta es Mises, Ludwig Von (1966). HUMAN ACTION: A TREATISE ON ECONOMICS. Chicago. NTC/Contemporary Publishing Company. 0809297434, chapter XXXII Confiscation and Redistribution, 2 Land Reform, p. 805 y sigs.

Esta obra es una de las más grandes contribuciones en la Economía y una lectura obligada para el interesado en estas cuestiones. Es un libro de referencia que puede ser usado con facilidad por quienes se ven obligados a emitir en sus funciones opiniones sobre medidas económicas.

Mises inicia su análisis hablando sobre las reformas agrarias de la antigüedad. Señala que estas reformas están muy relacionadas con los sueños de influencia platónica y romántica, que desean el regreso a los estados idílicos de la naturaleza.

La intención de esas reformas agrarias de antaño, dice Mises, era la formación de una comunidad de campesinos autosuficientes.

Lo que los reformadores agrarios de antes deseaban era una sociedad autosuficiente en la que las dotaciones de tierra fueran iguales para todos.

Ese deseo de una comunidad autárquica, con propiedades iguales para todos tiene su fundamento en hipótesis que son inevitables. Por necesidad irremediable esa comunidad autosuficiente supone que no existe la división del trabajo y que tampoco existe la especialización de procesos.

Por eso es que las reformas agrarias de antes no eran realmente una reforma agraria, sino  la formación de un conjunto de familias que son económicamente autosuficientes. Esos campesinos producen lo que consumen ellos mismos y nada más.

Pero, dice Mises, en un sistema de economía de mercado la tierra es un medio de producción, igual a cualquier otro medio de producción.

Por tanto, hay que reconocer que el dar a cada campesino una porción de tierra igual o similar a la de otros campesinos significa en realidad establecer un sistema de privilegios y de discriminación.

Con la reforma agraria actual, los productores agrarios menos eficientes reciben tratos inmerecidos en perjuicio de los productores más eficientes.

Ya que la tierra es un medio de producción, repartirla por partes iguales es igual a distribuir por partes iguales el resto de los medios de producción, por ejemplo, las fábricas de cemento. Unos fabricantes se benefician en perjuicio de otros.

Repartir tierras, por tanto, es igual a repartir fábricas de cerveza, de telas, de cualquier bien, e independientemente de la eficiencia del nuevo dueño.

No sólo se ven afectados los fabricantes más eficientes. Hay otro grupo afectado negativamente por la asignación inmerecida de tierras. Ese grupo lastimado por la reforma agraria es la gran mayoría de los consumidores.

La razón es sencilla, pues los consumidores se ven obligados a pagar por productos producidos por campesinos ineficientes. La reforma agraria que da iguales tierras a todos los campesinos en realidad es un sistema de privilegios que obliga al consumidor a pagar los precios de productores ineficientes.

En un mercado libre, sucede lo contrario, el consumidor tiene beneficios. Paga menos por lo que compra.

En ese mercado libre se tiende a eliminar a los productores que tienen costos de producción más altos que los costos marginales necesarios para la producción de los productos agrarios que los consumidores están dispuestos a pagar.

Esta es la forma en la que de manera espontánea se determina el tamaño de las propiedades agrícolas y de los métodos de producción.

Mises continúa con su análisis mencionando que cuando la autoridad interviene en la distribución de tierras, está ordenando un arreglo artificial en las condiciones del campo.

Es un arreglo diferente al que se hubiera logrado de manera libre y lo que esa intervención genera es una elevación en los precios de los productos del campo.

En pocas palabras, una reforma agraria produce un aumento en los precios de los productos agrícolas y eso daña al resto de la población.

Mises pone un ejemplo. Supongamos que existen mil campesinos. Cada uno de ellos trabaja una propiedad de mil acres. Todos ellos producen todo lo que los consumidores están dispuestos a comprar.

Pero, el gobierno interviene para dar propiedades agrícolas a cinco mil campesinos. Cada uno de ellos recibe una propiedad de doscientos acres. El costo de esta acción que permite la entrada de productores ineficientes es en realidad pagada por los consumidores.

Al final Mises explora las motivaciones de los reformadores agrarios. Estos pueden tener todo tipo de ideas y justificaciones teóricas que sirvan de fundamento a los detalles de sus repartos de tierra.

Pueden argumentar todo tipo de razones, pretextos, bases y fundamentos para realizar sus reformas. Podrán argumentar lo que quieran, pero la realidad no puede dejar de reconocerse.

Los repartos agrarios tienen un efecto inevitable y ese efecto es el de aumentar los precios de los productos agrícolas.

Por tanto, lo que la reforma agraria hace es lastimar el bienestar de la gran mayoría de la población en beneficio de unos pocos. Los efectos negativos de la reforma agraria no paran allí. Existe otra consecuencia de los repartos de tierra.

La reforma agraria altera el desarrollo del resto de las industrias de un país. La razón es sencilla. La reforma agraria hace que el campo requiera de más personal del necesario para producir, cuando ese personal podría ser empleado con mayor beneficio para la sociedad en otras industrias.

Cae la producción total del país en perjuicio de todos y en beneficio de un sólo grupo, los campesinos ineficientes.

La argumentación de Mises es realista en extremo. Por más justificaciones que se le quieran dar a la teoría de una reforma agraria, eso no le quita sus defectos.

La reforma agraria lastima a la población al elevar los precios de los productos agrícolas e impedir el uso más eficiente de los recursos humanos.

La reforma agraria logra eso que quiere combatir. Es simplemente la sustitución de un sistema de privilegios por otro que sigue dañando a la sociedad a la que pretende ayudar.

Beneficia al agricultor ineficiente y daña a todos los demás.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “La Reforma Agraria”
  1. christian Dijo:

    nada de lo que dicen me parece coherente y dudo de su credibilidad. estoy decepcionado de esta investigación. sin mas que decir aqui termino. NOTA DEL EDITOR: es usted libre de pensar así y de conocer más de Mises o no, un tipo famoso por su argumentación lógica.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras