Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sufrimiento y Dolor
Selección de ContraPeso.info
1 mayo 1998
Sección: RELIGION, Sección: AmaYi
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El sufrimiento es parte de la vida. Es parte de lo que somos. Más aún, el sufrimiento puede producir grandes beneficios. El mundo está lleno de actos malos, de situaciones indeseables y odiosas, de sufrimientos y dolores. Cierto, también hay buenos momentos, pero nada hay que podamos hacer para impedir, por ejemplo, la vejez, la muerte y todo eso que produce aflicción dura y profunda.

Además, si Dios es bueno, ¿cómo puede explicarse la realidad del sufrimiento en inocentes? Una idea del autor examinado en esta carta pone en una perspectiva útil este tema. Schifler da ideas sobre cómo podemos  enfrentar la inevitable realidad del sufrimiento intenso y agudo.

El libro en el que fue encontrada esta idea es de Xavier Schifler Amézaga, S.J. (1915-1996), En Busca del Sentido de la Vida, Trillas, México, 1991, Capítulo Tercero, El sufrimiento inevitable, pp. 101-137. El tema está tratado con sencillez y su lectura es muy recomendable.

Lo primero que hace el autor es definir su terreno. Va a tratar al sufrimiento serio, el sufrimiento irremediable, fuerte, ése que no puede ser evitado.

No es la pena que se siente al no poder ver un programa de televisión.

El autor se refiere al sufrimiento físico y moral que produce, por ejemplo, el envejecimiento, la pérdida de facultades, la muerte de un familiar, la desaparición de un hijo.

¿Qué hacer ante situaciones de gran sufrimiento personal? ¿Cómo reaccionar ante, por ejemplo, la muerte del cónyuge?

Ante situaciones de extremo sufrimiento, uno puede negarse a aceptar esa realidad. También, puede reaccionarse con desesperación.

Uno se rebela contra la realidad y encuentra escapes en drogas, alcohol, o quizá hasta en la locura. Otra manera de reaccionar es la resignación pasiva, darse uno mismo a una especie de abandono, en el que uno es la víctima y no hay posibilidad de consuelo.

Pero, hay una cuarta forma de enfrentar el sufrimiento inevitable e intenso.

Es el aceptar con madurez la penosa realidad, es decir, tener una aceptación activa de lo inevitable. Cuando se enfrenta con madurez al sufrimiento, uno busca el sentido de esa realidad, uno hace un esfuerzo por encontrarle razones al dolor.

Lo real e inevitable no puede modificarse. ¿Qué hacer si no puede cambiarse la realidad?

La única opción que existe es transformar la actitud ante esa realidad. Hay diferentes maneras de cargar ese dolor que aflige, varias maneras de llevar sobre los hombros el sufrimiento.

Es ésa la elección que puede hacer la persona, la única opción posible ante la pena inevitable.

Es una elección dura y difícil. El autor propone un truco para encontrar ese cambio de actitud: la persona debe pensar en el suicidio.

La idea de quitarse la vida intencionalmente ayuda a descubrir que la vida tiene un sentido, que con vida hay esperanza. Cuando uno se despide de toda esperanza, se pierde también el sentido del sufrimiento.

Peor que sufrir es perder el sentido del sufrimiento, dice Schifler.

Para entender mejor el sufrimiento, el autor propone una clasificación de dos tipos de sufrimiento, dependiendo de su causa.

Hay un sufrimiento que se origina por decisiones propias, como, por ejemplo, la pérdida del empleo ocasionada por la decisión personal de no aceptar una situación inmoral dentro de la institución donde se trabajaba.

El otro tipo de sufrimiento es el que causan realidades ajenas a la voluntad propia, como el padecimiento de cáncer, o el fallecimiento de un ser querido.

El sufrimiento puede ser visto a nivel de la razón. Esto equivale a un cambio en las actitudes. Es el pasar de una reacción inmadura a una madura. Es pensar que esa colección de realidades, buenas y malas de la propia vida, es lo que lo ha hecho a uno.

Una parte integral de ese ser que soy es la serie de buenos momentos por los que he pasado, pero igualmente parte de mi persona es el sufrimiento. La vida propia sería otra sin ese sufrimiento.

No habría habido desarrollo personal. Es una oportunidad de crecer y de hacer el bien. A nivel de la razón, el sufrir es parte del desarrollo personal. Es una porción de lo que uno es. Y, además, tiene beneficios.

El punto del autor es sencillo: el sufrir tiene consecuencias positivas. Hay que buscarlas a nivel de la razón.

Sufrir ayuda a comprender a los demás y evita el convertirse en severo juez de las acciones de otros. Sufrir ayuda a madurar, a despertar las cualidades que uno tiene dormidas.

Sufrir nos hace poner a un lado el egoísmo y produce amor hacia los demás. Sufrir con madurez produce el desarrollo de un sentido de entrega hacia otros.

El sufrimiento puede ser visto desde otra perspectiva. El sufrimiento puede ser examinado a nivel de la fe.

Aquí es donde surge esa terrible incongruencia entre un Dios bueno y justo, y un mundo lleno de tragedias, terremotos, guerras, genocidio, plagas y sucesos trágicos. Todo eso malo que acontece tiene una apariencia injustificada.

El mundo puede verse fácilmente como el triunfo de los malvados. Si Dios es bueno, ¿por qué existe tanto sufrimiento que no tiene sentido aparente?

No es éste un tema nuevo. Ha perturbado a la humanidad durante miles de años; al menos, en la Biblia, desde Abraham. Y tiene su clímax en la vida de Job.

¿Cómo puede Dios permitir que sufra indeciblemente el hombre bueno y justo? La fe en Dios hace aún más difícil el problema y es causa de crisis de fe. Schifler dice con humildad que no tiene la respuesta, pero que sí puede ofrecer el sentido que el creyente puede dar al sufrimiento.

Ese sentido es la fe ciega en Dios, como Job, que discute y argumenta con Dios, pero que tiene la certeza de que no lo defraudará, de que al final habrá justicia.

Es interpelar a Dios, exigirle respuestas y superar el sufrimiento con la certeza en la justicia final. Pero la fe ciega en Dios no debe producir una reacción pasiva y fatalista.

No hay que quedarse quieto y aceptar con resignación lo que venga. Hay que luchar, actuar; hay que hacer esfuerzos personales. No se trata de aceptar todo con la idea de que eso es la voluntad de Dios y nada puede ni debe hacerse.

El autor añade un elemento. Dios nos dio inteligencia y somos colaboradores suyos en la Creación. El nos exige el uso de la razón y nos pide actuar.

Hombres y mujeres tenemos el deber de ayudar a humanizar al mundo, de luchar en contra del mal.

Cristo nos arroja luz sobre esto, aunque no nos da la respuesta a este misterio. Dios no es un espectador del sufrimiento. El asumió el sufrir, por lo que quienes sufren con amor se hacen partícipes de la redención de Cristo.

Por eso es que el sufrimiento que se acepta con amor, de manera activa, acerca a Dios. Así se entiende que el sufrimiento no es la última página de nuestra vida.

Dios mismo entra por las heridas que nos produce el sufrimiento, para dar fuerza y esperanza. No hay una respuesta al por qué de un Dios bueno y un mundo de sufrimiento.

Dios nos supera con su infinita sabiduría y por eso no sabemos la respuesta.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.


2 Comentarios en “Sufrimiento y Dolor”
  1. Rosely Dijo:

    este articulo me sirvio muchisimo para aceptar la muerte de mi esposo a los 5 años de estar juntos con 28 años una bebe de 4 y uno por nacer. gracias

  2. MARIA GUADALUPE GASPAR Dijo:

    con estos comentarios y consejos me ayudan en algo a superar este dolor la pérdida de mi papá que para mi hay veces que no lo creo, se me hace que aun estoy en un sueño feo tal vez no me acepto el que no haya estado a su lado en esos momentos, no lo pude abrazar, besar por última vez, a veces estoy bien resignada pero hay días que se me carga mucho este dolor





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