lecciones globales

Análisis histórico de las causas del progreso. Un comparativo de civilizaciones que prosperaron y de las que no lo hicieron. Una manera de investigar las causas de la prosperidad. Y de la pobreza.

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Introducción

Comparar a las historias de las civilizaciones que han logrado prosperar con las historias de las civilizaciones que no lo lograron. Hacer eso arrojaría luz sobre la causas de la pobreza y las del progreso. 

Con datos comparativos podríamos tener una indicios sobre las variables que producen la riqueza de las naciones. Y eso precisamente es lo que ofrece este resumen. Un análisis histórico de las causas del progreso.

El análisis de Kennedy presenta pistas valiosas que explican el éxito de unos y el fracaso de otros. Además da ideas sobre lo que puede hacerse para remediar a la pobreza. 


El libro consultado fue Kennedy, Paul MThe rise and fall of the great powers: economic change and military conflict from 1500 to 2000. New York. Vintage Books, chapter 1, «The Rise of the Western World», pp. 3-30.


El punto de arranque del análisis histórico de las causas del progreso: 1500

El siglo XVI es un buen momento, según el autor, para el análisis histórico de las causas del progreso.

Ese período de los años 1500 establece la línea divisoria entre lo premoderno y lo moderno. En ese momento los grandes centros de la civilización en todo el mundo guardaban estados similares de desarrollo.

Lo que sucedió en cada una de las grandes civilizaciones después de 1500 da una buenas pistas sobre las razones que llevaron a una de esas civilizaciones al progreso, pero no al resto de ellas.

1. China

Empecemos por China. En la época Ming, esa región gozaba de gran progreso.

Por ejemplo, ella producía en esos años 125,000 toneladas anuales de fierro. Mucho más que Inglaterra varios siglos después, en la primera parte de la Revolución Industrial.

Pero la historia de China desde esa época hasta el presente no cuenta una historia de progreso y éxito.

¿Por qué? China, según el autor, detuvo su progreso por la existencia de un ambiente lleno de actitudes conservadoras, de disposiciones burocráticas.

China se preocupó más por el pasado que por el futuro. China castigó y limitó la actividad económica de sus habitantes.

2. Los musulmanes

Un caso similar, dice Kennedy, es la civilización musulmana. Si alguien hubiera apostado en el año 1500 sobre la civilización que más progresaría en los siguientes quinientos años, los musulmanes hubieran sido la apuesta más razonable.

Todo indicaba que progresarían más que Europa. Eran los musulmanes en ese momento la fuerza de más rápida expansión. Dominaban una área mayor a la del Imperio Romano. Su cultura y su tecnología eran mayores a las de Europa.

Pero, como China, los musulmanes fracasaron. ¿Qué les sucedió?

El análisis de Kennedy indica que los musulmanes padecieron un gobierno cada vez más centralizado y ortodoxo en sus actitudes hacia las iniciativas, las discusiones y el comercio. Los musulmanes se tornaron conservadores.

Odiaron las innovaciones. Decretaron impuestos impredecibles y confiscaron bienes. Prohibieron la imprenta.

Un sultán, con una orden, podía paralizar todo el imperio. Tenía más poder un gobernante musulmán que un rey europeo o que el mismo Papa.

3. El curioso caso de Europa

En su análisis histórico de las causas del progreso, Kennedy se dirige a un caso llamativo. El de una civilización que no prometía mucho, al menos en papel.

Por su parte, Europa era una revoltura desordenada de principados, pequeños reinos y ciudades-estado. No solo no estaban unidos, sino que luchaban entre sí. Nadie reconocía un líder europeo.

Al contrario. Los poderes políticos estaban profundamente divididos. ¿Hubiera alguien apostado que Europa le ganaría a China, al Islam y a otras civilizaciones?

Contra todo pronóstico fue en Europa donde se logró progreso. Europa se convirtió en el líder militar y comercial del mundo a partir de esa época.

Fue la cuna de las grandes obras, de los famosos descubrimientos, de los mayores avances científicos, de las grandes obras musicales, de los libros de mayor influencia, de los logros industriales.

¿Qué sucedió en Europa?

Para el análisis histórico de las causas del progreso, según Kennedy, debe acudirse al estudio de los elementos y las variables con influencia en el largo plazo. No en los sucesos de efecto en el corto.

Los mapas europeos de ese tiempo muestran un panorama de fragmentación en las divisiones políticas. Europa siempre estuvo dividida a pesar de todos los intentos de conquistas globales.

En los mapas se ve una colección de unidades políticas, desordenadas y muy localizadas. La geografía europea ayuda a esa división regional y fomenta así la creación de entidades políticas independientes.

Europa tiene además una gran variedad de climas, lo que a su vez tiene otro efecto, la posibilidad de producir bienes diferentes en cada región.

Y si a eso se le añaden ríos navegables, el resultado es el nacimiento de comercio de bienes de consumo general.

Por su lado, el comercio produjo, por necesidad, un sistema financiero con cobertura internacional y un ambiente de estabilidad en el que pudiera realizarse con tranquilidad ese comercio.

Pero hubo algo adicional. Esa actividad económica de los europeos no podía ser frenada. La razón es sencilla.

Gobernantes con poder escaso

En Europa ningún gobernante gozó de tanto poder como para frenar en seco el trabajo de las personas comunes, que fue precisamente lo que sí sucedió en las demás partes de mundo.

Todo un descubrimiento en el análisis histórico de las causas del progreso. Gobernantes con poco poder, relativo a otras civilizaciones.

Los gobernantes europeos molestaban y preocupaban, pero no poseían en Europa el poder suficiente como para detener la iniciativa particular.

Más aún, según Kennedy, poco a poco los gobiernos europeos entablaron relaciones con la actividad económica y reconocieron que el progreso es posible con la paz, Todo, dentro de un sistema de impuestos bajos y una aceptable administración de la justicia.

En Europa predominó la idea del poder equilibrado. Todos estaban interesados en mantener el balance de poder entre los reinos. A esto ayudó la Reforma Protestante, que tuvo como efecto no intencional la imposibilidad de una unidad europea religiosa.

Innovación, competencia, libertad

Había varios gobiernos en varios países, con gobernantes que tuvieron acceso a nuevas técnicas, innovaciones y adelantos militares. Ninguno se podía quedar atrás de otro. Los monopolios de poder, por ejemplo en el mar, eran muy difíciles de conservar.

Ningún reino tuvo ventajas sustanciales sobre otros. En los conflictos bélicos había consideraciones económicas que reclamaban victorias rápidas, pues ellas significaban menores costos. Esto produjo competencia de precios y de tecnologías.

Las entidades políticas europeas estaban en competencia y tenían los medios para mantenerse independientes entre sí.

Dice Kennedy que sólo en Europa se tuvo ese ímpetu de mejoras constantes, un ambiente en el que los inventores y los letrados eran personas percibidas como útiles.

En otras partes, los gobiernos poseían el monopolio de manufactura de cañones, por ejemplo, lo que anuló incentivos para su mejora.

En Europa no existían esos monopolios y las mejoras eran obligadas para enfrentar enemigos iguales. En Europa se creó un ambiente de competencia, aceptación de riesgos y actividad empresarial.

No hubo en Europa centralización despótica. Había preocupación por lo práctico y lo útil. Las actitudes eran racionales. No había ortodoxia cultural. No existía rigidez política, ni económica. Había competencia.

Análisis histórico de las causas del progreso, la conclusión

No es que en Europa, dice Kennedy, hubiera incentivos al progreso. Lo que pasó es que no hubo obstáculos. Europa tuvo menos desventajas que las otras civilizaciones.

Fue una combinación de mercados libres, pluralismo político y militar, libertad individual. Todos en términos rústicos y primitivos, pero lograron ese milagro, gracias a la liberación del talento individual de las personas.

No es que el gobierno ayudara tanto como que estorbaba menos a las iniciativas personales.

El análisis histórico de las causas del progreso que presenta Kennedy tiene sustento. Permite ver una fuente original de progreso y prosperidad, y ella es la libertad personal.

En términos pragmáticos simples, podría concluirse que la condición de la prosperidad es, como mínimo, que el gobierno no sea un obstáculo a las libertades personales.


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Y unas cosas más…

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El pequeño gran secreto es no estorbar

Por Eduardo García Gaspar

La riqueza nacional estándar

Demasiados razonan entendiendo a la riqueza de una nación como esa serie de recursos físicos con los que cuenta. Un caso muy mencionado es el del petróleo en Venezuela, suponiendo que eso hace rico al país.

O los diamantes en Sudáfrica, o el oro y el petróleo en Rusia.

Lo mismo va para otra forma de percibir la riqueza, que es la de contemplar las instalaciones y la infraestructura física: cosas como edificios, trenes, aeropuertos, fábricas.

Siento decepcionar a muchos, pero eso no es la riqueza de un país.

Los recursos naturales son casualidades geográficas y geológicas, que muchas veces ayudan y otras, obstaculizan la creación de riqueza, pero no son propiamente riqueza. Las instalaciones y la infraestructura, todo eso es más bien un síntoma de la riqueza y no ella en sí misma.

La riqueza está en otra parte

Es como aquella historia de E. Allan Poe, en la que se entiende que el mejor escondite para una carta extremadamente secreta es el colocarla encima de un escritorio, a la vista de todos y revuelta entre papeles poco importantes.

La inmensa mayoría de la riqueza de una nación es la gente que tiene.

Es la gente la que aprovecha el petróleo, el oro, el cobre, las tierras, las lluvias, las costas, los ríos. Es la que convierte a los recursos no procesados en bienes de producción y consumo. La riqueza, al final de cuentas, es un intangible que se encuentra dentro de los humanos.

Ella puede verse en sus manifestaciones, como niveles de salud y alimentación, también en habilidades, capacidades, experiencia, razonamiento matemático, competencia en solución de problemas y algo un tanto abstracto que podemos llamar cultura, que es el conjunto de ideas que norman la conducta.

Todo eso es la riqueza de un país, la real riqueza.

¿Quiere alguien ver qué tan rico es un país?

Lo primero que tiene que mirar es a su gente y las capacidades que ella tiene. El resto, importa mucho menos de lo que se piensa generalmente. Es la gente la que puede lograr lo que más se necesita para elevar la prosperidad, eso que se llama productividad.

Esto tiene algunas consecuencias.

Quien cree que la elevación de los salarios depende de los reclamos sindicales, está equivocado. Los salarios subirán sobre bases sólidas por un solo medio, el de la productividad.

También se equivoca quien cree que el progreso será logrado con un buen plan económico del gobierno. No, el progreso dependerá de lo que la gente sea capaz de hacer.

Basta con que el gobierno no estorbe

Otra de las consecuencias de definir correctamente a la riqueza, es entender el papel de la autoridad política.

Para prosperar en un país, nada mejor puede hacer un gobierno que dejar libres a sus ciudadanos para que ellos usen sus talentos y habilidades y así creen riqueza.

Lo mejor que puede hacer ese gobierno es crear y mantener un medio ambiente de orden y seguridad, lo que llaman un estado de derecho, que es lo que crea esas condiciones en las que puede aprovecharse el talento de la gente y sus contribuciones.

Es apuntar que buena parte del retraso económico tiene su origen en una idea equivocada, el creer que el progreso depende de los recursos naturales o, mucho peor, que depende de seleccionar al gobierno que más quiera hacer.

¿Quiere un gobernante frenar el desarrollo de su país? Que implante cosas como: elevar los impuestos, complicar las leyes fiscales, tener mal servicio de policía, tener abundancia de leyes y reglamentos, no respetar derechos de propiedad…

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[La columna fue revisada en 2020-08]