Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Hombre Masa
Selección de ContraPeso.info
1 marzo 1999
Sección: Sección: AmaYi
Catalogado en:


No hay duda de que el siglo XX es la época de mayor avance y progreso en toda la historia humana. Es el producto de algo; de algo que sucedió antes y que hizo posible que estas generaciones gocen de avances sin mucha conciencia de sus razones. El siglo XX conoce sus efectos, pero ignora sus causas.

Tal es la idea presentada por José Ortega y Gasset en su obra más famosa. Este autor presenta una idea interesante, razonable y original: quizá quienes vivimos en el siglo XX somos generaciones de niños mimados que creemos tener derechos solamente, sin darnos cuenta de que lo que gozamos viene de generaciones anteriores cuyos esfuerzos no estamos dispuestos a realizar y cuyas virtudes no estamos deseosos de respetar.

El libro consultado para esta carta es el de Ortega y Gasset, José (1995). LA REBELIÓN DE LAS MASAS [1930]. Barcelona. Planeta DeAgostini. 8439544898, pp. 103-114, originalmente publicado en 1930; traducido a muchos idiomas,  es quizá el libro escrito en español de más influencia en este siglo.

José Ortega y Gasset (1883-1955), nació en España y fue un filósofo, escritor, critico y articulista de fama internacional.

El autor, en estas páginas del libro, aclara su propósito, que es el hacer un diagnóstico de la vida actual.

Comienza diciendo que la vida es un conjunto de gran cantidad de opciones, un repertorio de posibilidades mayores a las existentes en épocas pasadas.

Hay tantas alternativas en la vida actual que esa cantidad ha rebasado lo conocido antes y ésta es la causa por la que no podemos ver el pasado, sino inventar el futuro que nos espera.

Continúa el autor diciendo que la vida es lo que podemos ser cada uno; lo que significa que la vida es escoger entre las posibilidades existentes. En esto es necesario entender que hay circunstancias y hay decisiones.

La circunstancia es lo que está dado, lo fijo, lo que no puede cambiarse. Las circunstancias no deciden, de hecho ellas son el dilema ante el que decidimos; no hay predeterminación, ni trayectorias que no puedan cambiarse dentro de esas circunstancias.

Estamos irremediablemente obligados a utilizar la libertad y en esto no hay salida, pues el no tomar una decisión es en sí mismo una decisión

Vivir implica sin remedio el ejercicio de la libertad para decidir lo que vamos a ser en medio de las circunstancias que nos ha tocado vivir.

Lo dicho antes para el individuo también vale para la sociedad. En un nivel colectivo las decisiones salen del tipo de hombre que predomina en la sociedad.

Por tanto, es natural que al autor le interese conocer a ese tipo de hombre que predomina en la actualidad. En nuestros tiempos, dice Ortega y Gasset, el hombre que predomina es el hombre-masa.

No hay que confundir al hombre-masa con la democracia.

En la democracia los hombres con sus votos apoyan o no una serie de propuestas que hacen las minorías. La cuestión ahora es diferente; ahora las masas dominan y se vive al día en cuestiones políticas, cuando el poder está en representantes de masas sin oposición alguna.

Donde las masas son dueñas del poder, el gobierno vive al día, no hay visión, no se sabe a dónde ir, ni cómo ir.

Por esta razón los gobiernos de las masas se limitan a eludir y rehuir los problemas; si los confrontan es para esquivarlos y dejarlos sin solución de fondo, dejando esos problemas para el futuro cuando serán tropiezos mayores.

El hombre-masa no tiene rumbo, carece de dirección; por eso no edifica, ni levanta, ni crea cosa alguna, a pesar de tener un gran potencial para hacerlo.

Desde el siglo VI, cuando inicia la historia de Europa y hasta el año de 1800, nunca hubo más de 180 millones de personas en esa parte del mundo; pero de 1800 a 1914 esa cifra es ya de 460 millones.

Estos datos tienen mucho significado en Ortega y Gasset. En un tiempo muy corto han sido lanzados al mundo cantidades enormes de personas. El ritmo ha sido tan acelerado que no ha permitido enseñar a esas personas la cultura gracias a la cual ellos existen.

El hombre-masa tiene un alma con fortaleza y salud, pero que es más simple; el hombre-masa es una persona primitiva, sencilla y rudimentaria que se encuentra en medio de una civilización refinada y compleja.

A esa gran cantidad de personas no se les ha podido educar; lo único que se les ha enseñado es la técnica y a vivir con pasión. Ellas no tienen, según Ortega, ni sensibilidad, ni espíritu.

El hombre-masa se ha hecho responsable del mundo entendiéndolo como un paraíso sin problemas. Resulta lógico, por tanto, pensar que algo bueno y algo malo se hizo en el siglo XIX, cuando se gestó esa catarata humana.

Lo bueno fue la combinación de técnica y democracia liberal, que hizo posible ese caudal humano y tantos adelantos. Lo malo fue el procrear generaciones de hombres-masa que ponen en peligro las causas mismas que les dieron la vida de la que gozan.

Este hombre-masa pertenece a las generaciones que han podido resolver sus problemas económicos como jamás antes en la historia.

La posición de estas generaciones es cada vez más segura. Para el hombre-masa lo que antes era una cuestión de suerte en la vida, es para él un derecho que ni siquiera agradece.

Es una vida con comodidades, dentro del orden, sin impedimentos, ni limitaciones; ya no hay castas, ni clases sociales que no puedan saltarse. No ha habido época alguna en la historia que sea igual a esta situación actual y sus causas son la democracia liberal y los avances técnicos.

Se ha creado un hombre diferente. En tiempos anteriores, incluso para los ricos, el mundo era una situación de estrechez e indigencia, con dificultades y peligros.

Pero, ahora, este hombre-masa no tiene esas limitaciones; él satisface sus necesidades y apetitos, estando convencido de que puede crecer sin restricción ni condición.

Cree el hombre-masa ingenuamente que sus goces han crecido en los árboles. Piensa el hombre-masa que mañana gozará de más ingresos y más comodidades, como si viviera dentro de una naturaleza gratuita que le provee de manera espontánea e inacabable.

El se cree habitante de un mundo perfecto y piensa que ese mundo es un producto natural, logrado sin esfuerzos; el hombre-masa ignora que ese mundo en el que vive ha sido posible gracias a grandes esfuerzos de personas geniales y sustentado en virtudes que al ignorarse destruirán lo que crearon.

Se trata, dice Ortega y Gasset, del síntoma de los niños mimados, que creen poder satisfacer sus deseos sin la gratitud hacia eso que los hace posibles. Este ha sido el efecto de lo sucedido el siglo pasado y de sus logros, los que se han tomado como algo que es natural y espontáneo, que no ha costado esfuerzo.

Al final, el enorme mérito del autor es recordarnos que nuestra vida es la consecuencia de los esfuerzos y de las virtudes de generaciones anteriores. No seamos niños mimados que ni se esfuerzan, ni creen en la virtud como las causas del bienestar que gozamos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



7 Comentarios en “El Hombre Masa”
  1. Sofia Dijo:

    Realmente sobre algunas cosas escritas en tu columna no comparto los mismos puntos de vista. Pero más allá de eso me parecio excelente la columna y tu argumentacion.

  2. Mafer Dijo:

    Me pregunto si para latinoamerica (yo soy de Chile) el sindorme de niño mimado ocurre, ya que, al ver mi pais, las clases sociales son rigidas y la vida aun es dura, solo la gente que tiene dinero (sin lichar por ellos, sino tener la suerte de nacer en una familia así) creo que lo tienen todo más facil (o eso creen ellos), aunque es cierto que, sea cual sea la clase, todos hemos olvidado de donde venimso con todas las tecnologias, al menos en chile, solo se busca el dinero y escalar.

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