grandes ideas

La competencia económica es buena, muy buena. Bastiat la defiende con talento: si tienen éxito las ideas que desean anular a la competencia económica, ellas terminarán como víctimas de eso mismo que desean combatir.

Introducción

El tema central es la competencia económica. El asunto sobre el que Bastiat tiene una opinión muy clara. La competencia económica es buen, muy buena.

El libro consultado para esta carta fue Bastiat, Frédéric, Economic harmonies. (George B. de Huszar). Irvington-on-Hudson, N.Y. Foundation for Economic Education. chapter 10, «Competition», pp 284 a 296.

Punto de partida

El punto de partida de Bastiat es reconocer que la competencia es una noción denunciada intensamente como negativa. Las críticas a la competencia generalmente van acompañadas del calificativo anárquica, desordenada.

Por tanto, como inicio de la sorprendente idea de Bastiat, se reconoce la serie de grandes críticas que recibe la competencia anárquica.

Quienes critican a la competencia, proponen ideas contrarias. Ellos apoyan propuestas de organización, asociación y planeación.

Esto significa que contra la competencia se ha propuesto como antídoto a la planeación de la economía. Este punto de partida mueve a Bastiat a demostrar que la competencia económica es buena.

En realidad, competencia es libertad

Reconociendo la realidad de esas críticas, el autor inicia el desarrollo de su idea diciendo que no se ha puesto la debida atención en una realidad: la competencia significa libertad. Eso es bueno en sí mismo.

Si la competencia desapareciera, entonces el hombre sería esclavo y seguiría las instrucciones de otro.

Esto es cierto, incluso en asociaciones voluntarias de miembros. Esas asociaciones competirían entre sí, según sus iniciativas propias, al igual que los individuos.

Competencia es la ausencia de opresión para que la persona haga eso que quiere realizar, sin que nadie decida por ella. Limitar la competencia es limitar la libertad.

Entonces, en el razonamiento lógico de Bastiat, es evidente que la libertad significa competencia. Si la competencia desaparece, surge la esclavitud sin remedio.

Anular la competencia es igual a anular el derecho y el poder de escoger, de evaluar, de comparar, es decir, destruir la razón, el pensamiento y, por tanto, al hombre mismo.

Necesariamente, por tanto, esos reformadores sociales que proponen la desaparición de la competencia están proponiendo en realidad la destrucción de la persona. Con la idea de querer salvar a la sociedad matan al individuo y a su libertad.

Ellos creen que el hombre es la fuente de todos los males, sin considerar que del hombre provienen también todos los bienes. Una razón de peso que demuestra que la competencia económica es buena.

Competencia es decir no al poder desmedido

La competencia es la ausencia de un poder arbitrario que juzgue y evalúe todos nuestros intercambios.

Las personas con nuestra libertad hacemos intercambios entre nosotros, sin intervención de autoridad alguna. Y así, competimos entre nosotros, comprando y vendiendo.

Esa libertad y esa competencia, dice el autor, no pueden ser eliminadas totalmente, siempre existirán de alguna manera. Lo único que podemos hacer es analizar si la competencia produce felicidad o miseria.

Competencia económica y riqueza o pobreza

La respuesta de Bastiat es directa. Quienes dicen que la competencia es causa de miseria están equivocados.

Esto es fácilmente demostrable viendo las diferencias entre habitantes de países en los que existe competencia y en los que ella no existe.

Donde hay un régimen de competencia económica las diferencias entre los habitantes son mucho menores que en esos lugares donde la competencia no existe.

Si viviésemos en aislamiento individual, nuestro consumo sería igual a lo que pudiéramos producir. Pero dentro de la sociedad tenemos más posibilidades de consumo que en esa situación de soledad.

Esta maravillosa situación es la que quieren destruir quienes pretenden anular a la competencia. Otra prueba de que la competencia económica es buena, muy buena.

La competencia económica es buena, la razón

Sobre las ideas anteriores, Bastiat expone su idea central y la expresa genialmente.

Dice el autor que nos debemos preguntar cómo es posible que después de intercambiar bienes y servicios, de manera pacífica y comparando sus valores, terminemos consumiendo más de lo que cada hombre pudiera producir individualmente en cien años.

Esta maravillosa situación es producida por dos elementos. Ellos merecen atención porque son el centro de la argumentación de Bastiat. Gracias a ellos demostrará que la competencia es buena.

1. Un motivo egoísta

Uno de esos dos elementos es la fuerza egoísta e individualista de cada hombre.

Es el elemento que nos inclina a buscar nuestro beneficio propio y personal, a monopolizar nuestros logros. La persona busca su bienestar y eso mueve su conducta.

2. La competencia en sí misma

El otro elemento es la competencia, ella misma. Gracias a la competencia se introduce una fuerza humanitaria, contraria al elemento egoísta.

La competencia económica difunde entre la sociedad los logros personales y beneficia a todos.

El resultado es armonioso

Actuando en conjunto ambos elementos producen armonía social y son causa de felicidad para todos.

Esto es evidente en la conducta del productor, pues él por naturaleza se opone a la competencia y le sería de más beneficio un sistema restrictivo de comercio.

Por tanto, aislar un elemento de otro conduce a situaciones desastrosas. Sin competencia se daría rienda suelta al motivo egoísta.

Asombra, por tanto, la miopía de quienes en nombre de la igualdad combaten a la competencia. No se dan cuenta que así dejen libre de toda restricción al elemento egoísta.

La competencia económica es buena, otras razones

En las partes siguientes Bastiat continúa su descripción del funcionamiento de la competencia y que le sirven para probar su idea.

Donde existiera un monopolio, allí se exigirían los mayores precios posibles, lo que lastima a las personas. Pero ese egoísmo del monopolio desaparece con ese segundo elemento, la competencia. Los otros productores serán atraídos por el primer elemento, su interés personal.

Nuestro interés personal nos mueve a entrar a áreas en las que vemos promesas de grandes beneficios personales.

Pero por causa de la competencia, se anula cualquier ventaja anormal de la que disfrutaría un fabricante único en un régimen de restricciones competitivas.

Competencia económica y desigualdad

Más aún, nuestra desigualdad es la que nos mueve a la igualdad. Las personas son atraídas hacia donde obtienen las mayores recompensas posibles.

Actuando así, sin quererlo ni desearlo, promovemos el bien común gracias a la competencia, Esos dos elementos estarán trabajando en conjunto.

Termina Bastiat afirmando que esta es una de las fallas de las teorías socialistas, pues ellas solo han visto la superficie de las cosas.

Ellas encabezan una lucha que no tiene sentido, pues luchar contra la competencia es luchar contra la libertad.

Luchar contra la competencia, además, es no darse cuenta que así se deja libre y sin restricción alguna al elemento egoísta de los hombres. La competencia es buena, muy buena, pues frena al egoísmo humano.

Y unas cosas más…

Es común que defensas de este tipo sean atacadas con el argumento de que la competencia económica tiene fallas. Por supuesto, las tiene, incluso a pesar de describir parte del mejor sistema económico que se conoce.

Cuando las fallas de la competencia económica son admitidas, suele proponerse que ellas sean corregidas por medio de la intervención estatal. Esta propuesta, para ser racional, debe admitir que la intervención económica del gobierno también tiene fallas. No es perfecta.

Sin embargo, es admisible y recomendable la intervención gubernamental cuando ella se fija en hacer respetar las libertades personales en medio de un estado de derecho.

La competencia es buena (cont.)

La competencia es buena para todos. Contrario a lo que suele opinarse diciendo que la competencia es negativa, ella beneficia a todos. Las razones de F. Bastiat son sólidas.

Introducción

Uno de los demonios favoritos es la competencia económica, calificada como causa maldita de muchos males. ¿Es en verdad tan maligna y diabólica la competencia, o simplemente es neutra, o incluso positiva? 

Bastiat tiene una respuesta que contradice esa percepción estándar. La competencia no es negativa, al contrario, es buena para todos. La clave para entender correctamente a la competencia está en ver los dos lados de la moneda.

La obra consultada fue Bastiat, FrédéricEconomic harmonies, (George B. de Huszar), pp 297-316.

Punto de arranque: las invenciones

Bastiat inicia esta parte de su obra afirmando que una invención es una manera de aprovechar las fuerzas de la naturaleza por medio del ingenio humano.

Un invento capitaliza esas fuerzas de la naturaleza con métodos ideados por una persona. Y, si ese invento tiene éxito, el inventor puede lograr ingresos sustanciales. 

Lo que hace posible que las invenciones sean puestas a disposición del resto de las personas es la competencia.

Entonces, ella es un mecanismo que hace posible grandes beneficios a todos. Es una manera de masificar los efectos positivos de esos bienes inventados por unos pocos. La competencia es buena para todos.

La competencia beneficia al productor de bienes exitosos, pero esos bienes benefician también a quienes nada han inventado.

El papel del capital

En este punto, Bastiat introduce un elemento, el capital. Dice que en este proceso el capital juega un papel importante. Por principio de cuentas, tener capital es tener trabajo realizado antes en el tiempo y que no ha sido remunerado.

Es decir, la persona que tiene a su disposición materiales y herramientas, más los medios para subsistir durante el tiempo que tarda en tener la producción de sus artículos, está en una posición legítima de tener un ingreso por eso mismo.

El punto es que entre los capitalistas existe de hecho competencia. Es decir, los capitalistas enfrentan rivalidades entre sí para encontrar un uso a sus capitales.

Capitales en competencia

Esta competencia que se da entre capitalistas es buena y beneficio para los consumidores, o sea, para todos. Vista así, la competencia es muy positiva para la sociedad.

Pero, como se dijo antes, el capital tiene un precio por ser un trabajo anterior no remunerado. Y esto significa que el capital está sujeto a la ley universal de la oferta y la demanda.

Las transacciones de capital solo se realizarán cuando exista un beneficio mutuo entre las partes. Y no habrá transacciones de capital cuando no existan esos beneficios mutuos.

El capital eleva su precio cuando existe una demanda superior a su oferta y baja cuando hay más oferta de capital. Todo esto está en armonía con la justicia: el precio se eleva con la escasez de capital y se reduce con su abundancia.

Supongamos que la tasa de interés es de cuarenta por ciento y que ella baja a dos por ciento. Esta caída de 38/40 en el precio del capital, significa una reducción del costo capital usado para producir todos los bienes, lo que resulta en abundancia y aumento del bienestar.

La competencia entre capitales es buena y de beneficio al consumidor y ya que los trabajadores son también consumidores, ella opera en su beneficio.

Este hecho innegable, por tanto, demuestra que es ilógico decir que la competencia lastima a los trabajadores. Al contrario. Ella es buena.

La fuente del error

Y es que, dice Bastiat, tenemos la costumbre de pensar en grupos de personas. Es usual que contemplemos agregados sociales, como trabajadores, capitalistas y otros grupos. 

Vemos a los trabajadores y a los capitalistas y examinamos si la competencia entre los trabajadores lastima los intereses de estos. Esta visión impide entender que la competencia es buena.

Este es un panorama incompleto. La realidad es que los trabajadores y todo el resto de la sociedad son vendedores que compiten entre sí, pero también son ellos compradores.

El mérito de Bastiat está en hacer ver ese doble papel de las personas. Desde luego, en ambos papeles se sienten los efectos de la competencia y el problema está en ver solo un lado de la cuestión. 

Los trabajadores, desde luego, compiten entre si cuando están en su papel de vendedores de su trabajo.

Pero no hay que olvidar que los trabajadores son también compradores y que los compradores, dentro de una situación de competencia, son el centro de atención de todas las empresas.

Es un error, por tanto la visión parcial que contempla un solo lado de esta moneda. Todos somos compradores y todos somos vendedores. El trabajador, como comprador, es el beneficiado directo de la misma competencia de la que se quejan las empresas.

Bastiat afirma ahora, basado en lo anterior, que es una cuestión de certeza matemática el hecho que la competencia es buena y de beneficio para todos en proporción directa al estado de pobreza que tenían antes.

Sobre la igualdad

Pasa ahora Bastiat a hablar de la igualdad, afirmando que la igualdad no significa resultados iguales para todos. 

Esos resultados de cada persona en lo individual van a ser consecuencia de la cantidad y de la calidad de los esfuerzos realizados.

Vista más de cerca, esta aparente desigualdad, que es justa y necesaria, es en realidad igualdad. Somos tratados con la misma justicia.

Tratando el tema de los ingresos, dice el autor que ante las mismas circunstancias, si todo lo demás permanece constante, ciertos trabajos tendrán mayores remuneraciones que otros. Por ejemplo, los trabajos peligrosos darán más ingresos que los que no lo son.

Igualmente, los trabajos que requieren gran tiempo de capacitación pagarán más que los que no lo necesitan. Y Bastiat pregunta si no es esto justo. Desde luego, contesta, sí lo es.

Concluyendo, la competencia es buena para todos

Al final de esta parte de su obra, el autor concluye diciendo que la competencia es en realidad una parte de la solidaridad, ya que ella hace accesible al uso general lo que antes era exclusivo. La competencia es buena para todos sin duda.

No es racional, por tanto, lastimarnos poniendo obstáculos, tarifas y prohibiciones a la competencia, pues así obstaculizamos nuestro propio bienestar.

En última instancia lo que hace la competencia es nivelar y actuar en contra de quien levantó su orgullo por encima de los demás.

El mérito de Bastiat es claro, pues da una visión más completa. No es un buen análisis el que solo ve un lado de la cuestión, creyendo que únicamente hay trabajadores y capitalistas. 

También los trabajadores son compradores y ellos son beneficiarios de la competencia entre los capitalistas y sus invenciones.