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Castigar y Proteger
Selección de ContraPeso.info
1 diciembre 2000
Sección: DERECHOS, Sección: AmaYi
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La gran ventaja de Locke es que él nos provee con razonamientos claros, que tienen un fundamento racional y que fueron centrales en el desarrollo de las ideas de derechos y libertades que se crearon después, incluyendo el presente y de seguro las que vendrán en el futuro.

En este caso, las ideas de Locke constituyen un sano recordatorio de las funciones esenciales del gobierno para el resguardo de los derechos y libertades de los ciudadanos.

La obra consultada fue la de Locke, John (1991). DOS ENSAYOS SOBRE EL GOBIERNO CIVIL. Madrid. Austral. 8423972402, 2 Ensayo, capítulo II, Del estado de naturaleza, pp 205-213. Los célebres Two Treatises of Government fueron publicados originalmente en 1690. Locke (1632-1704), filósofo inglés de gigantesca influencia, dedicó ese segundo ensayo al objetivo original del gobierno civil.

Para entender lo que es el derecho al poder político y conocer su verdadero origen, lo que hay que hacer es remitirnos al estado que los hombres guardan por naturaleza.

Ese estado es uno de perfecta libertad, mediante el cual los hombres deciden sus actos y disponen de sus posesiones de la forma y manera que ellos creen mejor; hacen esto dentro de los límites que impone la ley natural y sin tener que solicitar licencia a persona alguna.

Más aún, ese estado de naturaleza es también un estado de igualdad, lo que equivale a decir, que todo poder y toda jurisdicción entre los hombres es recíproca; nadie tiene más poder que otro.

Esto es evidente en sí mismo para todas las criaturas de la misma especie que gozan de las mismas condiciones naturales y usan las mismas facultades. Los hombres son iguales entre sí y entre ellos no es admisible ninguna subordinación ni sujeción.

La base de Locke es, entonces, partir de la idea de un estado original de libertad e igualdad en el hombre. La libertad y la igualdad juegan entre sí para racionalmente establecer límites naturales a la libertad.

El estado de libertad mencionado no significa la existencia de un estado de libertinaje. El hombre tiene la libertad en el estado natural de disponer de su persona y de sus posesiones, pero no tiene la libertad de destruirse a sí mismo ni a otras criaturas.

El estado natural tiene una ley natural que es obligatoria a todos. Esa ley es la razón y muestra que al ser los hombres libres e iguales, nadie puede perjudicar a otro en su vida, salud, libertad y posesiones.

Los hombres sólo son servidores de su Hacedor, que omnipotente y sabio los ha creado para su servicio. Los ha dotado de talentos iguales con una naturaleza común, por lo que no es razonable pensar en ningún tipo de subordinación que lleve a la destrucción mutua, usándonos unos a otros, como a los animales de rango inferior.

Del mismo modo en el que un hombre tiene la obligación de preservarse a sí mismo, tiene también la obligación de preservar el respeto a la humanidad cuando su propia vida no está en peligro, y tanto como él pueda.

A menos, por tanto, que se trate de cuestiones de hacer justicia, no se puede dañar a nadie, ni arrebatarle nada que haga posible la conservación de su vida, su libertad, o sus posesiones.

Para que los hombres se detengan y frenen en el momento de invadir esos derechos de otros, en este estado de naturaleza, se tiene el poder de ejecución de la ley natural.

Esta ejecución de la ley natural tiene como fin evitar los daños entre los hombres de acuerdo a la ley de la razón.

Significa que los hombres, todos, tienen el derecho a castigar a quien viole esa ley  en un nivel tal que se evite esa transgresión.

Esto se justifica claramente viendo que la ley resultaría inútil si no existiera el poder de ejecutarla, castigando a los culpables y protegiendo a los inocentes.

Si hubiera un sólo hombre con la posibilidad de castigar a otro por el daño que le haya producido, eso significa que esa posibilidad es factible también para el resto de los hombres.

Esto es un producto del estado de igualdad, por el que nadie tiene superioridad sobre otros.

Esta es la forma, según el autor, por la que un hombre en estado de naturaleza puede tener poder sobre otro.

No es un poder absoluto e irracional para enjuiciar a un criminal que llega a las manos de un hombre que se deja acarrear por el deseo de venganza.

Es un poder racional y consciente que impone un castigo proporcional a la gravedad del delito cometido y que no puede rebasar lo que conduzca a la reparación y a la represión.

La reparación y la represión son las únicas justificantes por las que un hombre puede con legitimidad infligir un daño en otro, y son lo que se llama castigo.

El criminal, al cometer su falta, afirma que vive bajo otro principio que no es el de la razón y la equidad común, que son la medida puesta por Dios para los actos humanos en beneficio de su seguridad.

El criminal se convierte en un riesgo para la humanidad al haber roto el lazo que protege a los hombres de la violencia.

Al ser esa transgresión un acto que atenta contra la humanidad en su conjunto, la ley misma da a los hombres la facultad de preservarse, lo que significa que cualquiera puede reprimir al agresor, destruyendo incluso aquello que le es de perjuicio.

En otras palabras, se tiene la facultad legítima de dañar a otro, al que haya transgredido a la ley, para lograr así su arrepentimiento y establecer un ejemplo para otros.

Existen dos derechos que son diferentes. Uno es el derecho de castigar al culpable del daño para así prevenir que los demás hombres se sientan tentados a realizar actos criminales semejantes. El otro derecho es el de la justa reparación y es un derecho que pertenece sólo a la parte dañada.

La transgresión de la ley natural presupone la existencia de un mal directo hecho a una persona, quien tiene el derecho de castigar y que es común a todos los hombres; pero también tiene el derecho particular de exigir una reparación, que es un derecho particular de él.

La persona que resultó ser la víctima tiene la facultad de exigir la reparación del daño, quizá apropiándose de bienes del criminal o poniéndolo a su servicio.

Este es un derecho de autoconservación individual, mientras que el derecho de castigo es un derecho de preservación de la humanidad.

Cualquier otro hombre puede reunirse con el que resultó dañado y colaborar en conjunto para realizar eso que pueda exigir al transgresor la reparación del daño.

Entonces, cualquier hombre en un estado de naturaleza tiene el derecho de matar a un asesino, lo que está justificado como disuasión para otros por un delito que no tiene reparación y como resguardo al resto de la sociedad de las acciones de un criminal, que para todo efecto ha declarado la guerra contra la humanidad y por ello puede ser destruido.

Si esto suena fuerte, Locke menciona a continuación el criterio central para la determinación de los castigos: las violaciones a la ley deben ser castigadas con penas proporcionales a la severidad de la falta.

Los castigos deben ser suficientes para producir una pérdida en el criminal, para causarle arrepentimiento y para dar un ejemplo a cualquiera que piense realizar actos de igual calibre.

Es posible que alguien objete que los hombres sean ellos mismos los jueces de los delitos que han sufrido. La venganza, la pasión y la ofuscación pueden llevarlos demasiado lejos en los castigos dictados.

Es cierto eso y es la razón por la que Dios nos ha asignado una autoridad que impone frenos a esas conductas extremas de venganza personal. El remedio del gobierno es el más adecuado para estos inconvenientes.

Pero quienes impongan esta objeción de personalismo en el dictado de sentencias, deben considerar a los gobiernos de poder absoluto, que son los jueces de sus propios asuntos y que hacen con sus súbditos lo que su mínima voluntad desea sin posibilidad de oponerse.

Sería más deseable el estado de la naturaleza en el que los hombres no se ven obligados a ser subyugados por las injusticias de otro, que el estado de los gobiernos absolutos.

Al final, dice Locke, ningún otro pacto entre hombres puede dar fin al estado de naturaleza que ése por el que ellos se ponen de acuerdo para formar una comunidad que sea un cuerpo político.

Las leyes de la naturaleza nos obligan de manera absoluta, inclusive entre hombres que no sean camaradas; el sólo hecho de ser hombres es lo que nos obliga a respetar esa ley. Es nuestra incapacidad de ser autosuficientes lo que nos lleva a buscar la compañía de otros y lo que nos hizo reunirnos en sociedades políticas.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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