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Selección de ContraPeso.info
1 febrero 2000
Sección: Sección: AmaYi, SOCIALISMO
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Es común escuchar reclamos políticos que hablan de la necesidad de organizar a la sociedad, de hacer que ella se ponga de acuerdo para alcanzar metas muy deseables de bien común y bienestar general. Pocos estarán en contra de esas llamadas y voces.

Pero, rascando un poco la superficie de esos reclamos, la realidad muy bien puede ser otra. Hayek examinó la cuestión de la planeación central de la economía y con su análisis ayudó a entender mejor qué es la democracia.

La obra consultada para esta carta fue el libro Hayek, Friedrich A. von (1980). THE ROAD TO SERFDOM [1944]. Chicago. University of Chicago Press. 0226320782., Chapter V, Planning and Democracy, pp. 56-71. Hayek fue ganador del Premio Nobel de Economía en 1974, es uno de los economistas más conocidos de la Escuela Austríaca y es uno de los más grandes defensores contemporáneos de la iniciativa personal.

Hayek comienza por aseverar que los socialistas tienen un reproche. Se quejan de la falta de dirección común que la sociedad tiene cuando ella da libertad a las iniciativas personales de los ciudadanos.

De hecho ésta es la característica del socialismo, el querer e intentar organizar a la sociedad de manera que ella pueda ser dirigida hacia un fin unitario, sin reconocer las individualidades.

El fin que persigue el socialismo al querer organizar a la sociedad es el bienestar social o el bien común.

El punto de Hayek aquí es llamar la atención sobre el hecho de que ese objetivo es muy vago. Esa vaguedad impide justificar acciones y decisiones concretas a seguir.

Realmente, ni el bienestar ni el bien común pueden medirse, ni expresarse en números. Más aún, el bienestar y la felicidad de las personas dependen de muchas cosas y pueden lograrse con una variedad infinita de combinaciones.

Más dificultades no se pueden tener. Quienes apoyan a la planeación económica quieren dirigir a la sociedad a un fin que es vago, no puede medirse y depende de una gran cantidad de factores.

El segundo punto del autor viene de un análisis de los supuestos de la planeación económica central. Esa planeación intenta dirigir a la economía en concordancia con un sólo y único plan.

El problema está en que la existencia de ese plan supone necesariamente que existe un código moral completo y detallado que soluciona todas las decisiones del plan.

Ese código ético, desde luego, no existe y, de existir, ello no significa que todos estén de acuerdo en todos sus detalles. Los hombres sólo nos hemos puesto de acuerdo en pocos puntos generales, no en muchos puntos detallados.

La planeación económica supone también que hay acuerdos para el entendimiento de las necesidades de las personas. Eso es falso, pues es imposible entender todas las necesidades de todas las personas.

Las personas son todas diferentes y usan recursos que son limitados, a los que habría que dar un valor. Las necesidades de cada persona son una parte infinitesimal del total de necesidades. Es mejor que las personas sigan sus propios deseos y no los de otros.

Para planear a la economía, entonces, se tienen que tener más acuerdos de los que son posibles en la sociedad. Además, se tiene que llegar a definir con exactitud lo que es el bien común.

Querer planear a la economía centralmente es igual a querer planear un viaje con millones de personas en el mismo tour y sin saber exactamente a qué lugar se va a viajar.

Es obvio que la gran mayoría de las personas terminarían yendo a un lugar que no quieren, comiendo lo que no les gusta, en lugares que no les agradan, en transportes que les incomodan y en hoteles que les disgustan.

Este es el gran punto de Hayek.

La planeación económica por naturaleza propia implica la necesidad de poner de acuerdo a una gran cantidad de personas en una enorme cantidad de detalles.

Las quejas contra el sistema democrático vienen de esto precisamente, de no poder poner de acuerdo a tantas personas en tantos detalles. Y por eso, hay presiones que quieren hacer que esos acuerdos sean delegados en expertos, que son quienes se pondrán de acuerdo.

Hayek dice que esa falta de acuerdos en los detalles no se debe a un defecto de la democracia. Es que simplemente es imposible poner a tanta gente de acuerdo en tantas cosas. Nunca podría ponerse de acuerdo a todos en todos los detalles que implica la planeación económica.

Y ya que la esencia de la actividad económica es la selección de objetivos alternos entre varias opciones de necesidades a satisfacer, la planeación de la economía en realidad significa la imposición de ciertas preferencias en toda la sociedad.

Entonces, en su misma esencia, la planeación central de la economía implica necesariamente la imposición de las voluntades y disposiciones de unos sobre otros. Todo porque es simplemente imposible poner a millones de personas de acuerdo en millares de puntos concretos y detallados.

Estas consideraciones llevan al autor a decir que la democracia tiene un precio. La democracia sólo puede operar dentro de los límites de los campos en los que existen acuerdos comunes. Todo lo demás es dejado a la espontaneidad de la conducta del ciudadano individual.

Y, eso mismo, visto desde otra perspectiva, significa que la planeación económica es una medida autoritaria, ya que por necesidad atribuye a una minoría la responsabilidad de llegar a acuerdos detallados que ignoran la voluntad y la libertad de los demás.

La planeación de la economía por naturaleza impone sobre la sociedad la voluntad de una minoría. Esa minoría que resultó ser el grupo más grande que pudo ponerse de acuerdo en todos los puntos del plan.

La democracia es diferente y actúa de otra manera. En ella los acuerdos logrados cubren a muchas personas porque sencillamente hay muy pocos puntos en los que hay que ponerse de acuerdo.

Muchas personas o todas se ponen de acuerdo tan solo en unos pocos puntos. Es como una regla que dice, cuanto mayor sea el número de acuerdos a lograr, menor será el número de personas que lo logren, y viceversa.

Esto lleva al autor a hacer algunas reflexiones sobre la democracia y que le dan una perspectiva y un significado pocas veces conocido. Hablamos demasiado de democracia y muy poco de los valores a los que ella sirve.

Lord Acton tuvo razón cuando dijo que la libertad no es el medio para llegar a un mejor objetivo político. La libertad es el más alto objetivo político. La democracia es una herramienta. Es un medio muy provechoso y conveniente para preservar la paz y para conservar la libertad de las personas.

De hecho es perfectamente posible la existencia de un régimen político autocrático donde exista más libertad cultural y espiritual que bajo un sistema nominalmente democrático. Todo porque un grupo muy homogéneo y muy doctrinario, dentro de un sistema democrático, puede ponerse de acuerdo en muchos puntos que impone sobre el resto.

Hayek usa palabras fuertes para calificar a la planeación de la economía. La llama instrumento de coerción. La planeación económica significa la obligatoriedad de ideales impuestos en la población, que es lo que requiere si ella quiere imponerse en gran escala.

Y señala un error intelectual que debe evitarse. La planeación económica no es en realidad un ataque a la democracia. Es un ataque a la libertad.

Si uno cree que lo que debe defenderse es a la democracia, entonces se puede llegar a pensar que la mayoría puede ejercer un poder arbitrario sobre el resto. Lo que previene la arbitrariedad del poder no es su fuente, sino sus límites.

Todo, al final, se reduce a un razonamiento de sentido común. La planeación central de la economía presupone que existen acuerdos de millones de personas en los miles de detalles de la planeación.

Llegar a esos acuerdos es imposible, por lo que la única salida de la planeación central de la economía es imponer las decisiones de un grupo minoritario sobre el resto de la sociedad. Este no es un razonamiento ideológico, sino uno práctico y real.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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