grandes ideas

El enfoque ecológico correcto. La forma adecuada de poner atención a las situaciones del cuidado del medio ambiente. Colocar en tela de juicio a los dogmas creados y examinar la información real.

Introducción

No somos inmunes a los dogmas y algunos dogmas de hoy tienen que ver con la Ecología. Es un buen ejercicio mental el investigar nuestros dogmas. Examinar al ambientalismo.

Esta es la tesis del libro consultado, Sanera, Michael, Shaw, Jane S., Facts, not fear : a parent’s guide to teaching children about the environment. Washington, DC Lanham, MD. Regnery Pub Distributed to the trade by National Book Network, chapter 18, «A Garbage Crisis?» pp. 209-219.

Debe reconocerse, desde la entrada, que la obra seleccionada pone consistentemente en tela de juicio muchas de las enseñanzas que reciben sobre cuestiones ecológicas alumnos en los Estados Unidos.

Es un libro claramente en contra de exageraciones y afirmaciones sin fundamento. Precisamente por esto, se trata de una inigualable oportunidad de revisar creencias poniendo sobre la mesa opiniones contrarias. Persigue crear un enfoque ecológico correcto.

La crisis de la basura

Igual que en otros capítulos, los autores al principio del capítulo analizado exponen algunas de las cosas que a los alumnos se les enseñan en las escuelas.

Este capítulo se centra en la cuestión de una crisis de la basura. Los niños aprenden que existe esa crisis, que los estilos de vida de Estados Unidos producen más basura que otros. Que hay grandes desperdicios y que no hay lugares suficientes para disponer de la basura.

Por ejemplo, uno de los textos usados en las escuelas americanas dice que el número de basureros ha disminuido de 10,000 a 6,500 y que muchos de estos basureros están a punto de cerrar.

Esos alumnos aprenden que son preferibles los artículos que se degradan biológicamente, pues los materiales orgánicos se descomponen con el tiempo y por la acción de bacterias.

En las escuelas se enseña que productos modernos, como el plástico, no se descomponen y permanecen intactos en el medio ambiente por largo tiempo.

Los autores contraponen su posición y afirman que no existe tal crisis de basura y que el plástico no es el terrible enemigo que nos hacen ver. Su forma de ataque a ese dogma de la crisis de basura es ir paso a paso, con un enfoque ecológico correcto.

Dogma ecológico de la basura, un examen

Primero, hay que reconocer que todas las sociedades producen basura y que las sociedades modernas producen más basura que las antiguas.

Visto de otra manera, la generación de desperdicios es una consecuencia inevitable de vivir. Una realidad que lleva a un enfoque diferente y más constructivo.

Si no hay manera de evitar la generación de basura, lo mejor que podemos hacer es pensar cómo administrar y manejar ese desperdicio con daños mínimos a las personas y al medio ambiente.

Siendo analíticos, puede verse que hay formas de manejar la basura sólida tratando de minimizar sus impactos.

Podemos reducir el monto del desperdicio, podemos reciclarlo o lograr su descomposición. Podemos incinerarlo, podemos enterrarlo en rellenos sanitarios. Los rellenos son lugares en los que la basura es colocada, dentro de hoyos y luego cubierta con tierra.

Los rellenos más modernos son hoyos que están recubiertos con plástico para evitar que los químicos de la basura lleguen a las aguas subterráneas. En ellos se ventila el gas metano, los fluidos son capturados y purificados y la basura es cubierta a diario con tierra.

La aportación del libro, hasta aquí al menos, es aceptable. Demos un enfoque ecológico correcto al manejo de la basura y, por extensión, al resto de las cuestiones ecológicas.

Composición real de la basura

Los autores mencionan los resultados de un estudio sobre los rellenos sanitarios, lo que ayuda mejor a la comprensión de este sistema de manejo de basura.

El empaque de la comida rápida es menos del 1% de la basura en volumen y en peso. El styrofoam representa igualmente menos del 1% de la basura. Los pañales desechables son el 1.4% del volumen.

Todos los desperdicios de plástico representan menos del 16% y ese porcentaje no se ha elevado en 20 años.

El papel ocupa más del 40% del espacio del basurero y los periódicos el 13% en promedio. De hecho han sido encontrados periódicos en estado legible que datan de 1952.

Estos hallazgos ponen en perspectiva algunos de los reclamos ecologistas. La verdad es que ni los empaques de la comida rápida tan criticados por los ecologistas, ni los pañales desechables, ni el plástico merecen la posición tan destacada que han recibido como problemas ecológicos.

Igualmente, se pone en tela de juicio la supuesta descomposición del papel que ha sido preferido por encima de las bolsas de plástico en los supermercados.

También esta aportación es aceptable. Antes de dar algo como un hecho, obtengamos información. Si los pañales desechables no son una parte importante de la basura, pongamos atención en otros desperdicios de mayor impacto. Parte del enfoque ecológico correcto.

Los rellenos sanitarios

En cuanto a los problemas de espacio para rellenos sanitarios, los autores citan un estudio que señala que toda la basura de los Estados Unidos de todo el tercer milenio podría tener cupo en un basurero de cuarenta millas cuadradas con ciento veinte pies de profundidad.

Esto está muy alejado de las proyecciones ecologistas que dan información alarmante.

No hay un problema de espacio en el sentido físico, lo que sí existe es un problema de selección y asignación de lugares, algo muy diferente. Las personas no desean que cerca de sus hogares existan basureros.

Sin embargo, esto puede ser manejado con, por ejemplo, reducciones de impuestos a propiedades cercanas a basureros.

Dicen también que ni el papel ni el plástico son propensos a degradarse o descomponerse dentro de un relleno sanitario. Y de hecho lo inerte del plástico tiene una ventaja pues no genera líquidos que pasen a la tierra y la contaminen.

Vasos y bolsas de papel

Por otro lado, seguramente, un ecologista prefiere el uso de vasos de papel al uso de vasos de plásticos.

Los autores citan un estudio que comparó la fabricación de vasos de poliestireno con vasos de papel y encontró que la producción de vasos de papel requiere más químicos, más vapor, más electricidad, más agua de enfriamiento y más contaminación aérea y de agua.

Otro estudio encontró que las bolsas de plástico pueden ser producidas ahorrando entre 20 y 40% de energía, con menos contaminación de aire y agua.

Las cosas no son exactamente como se ven en la superficie y lo que el libro hace es invitar a profundizar en la información. Es posible que cierto material sea menos dañino al medio ambiente, pero producirlo produce más contaminación neta que el material al que se quiere reemplazar.

Cantidad de basura

Uno de los puntos enseñados a los alumnos es el de que se tienen hábitos y costumbres que crean más desperdicio. Se reporta que los americanos producen entre cuatro y cinco libras de basura al día por habitante, lo que incluye todo tipo de desperdicio sólido.

En un libro usado en escuelas se muestra al hogar típico de Nueva York produciendo 1,450 libras de basura al año, mientras que una casa en Roma produce 550 y en Calcuta 410. Estos estimados varían entre 2.9 y 9 libras al día por persona para EUA.

Sin embargo, otro estudio se encontró que los hogares americanos producen un tercio menos basura que los hogares mexicanos.

La razón es lógica. Los empaques modernos reducen la basura, con las verduras empaquetadas muy poco se desperdicia. En contraste, la familia mexicana compra las verduras al natural, de manera que a ellas hay que quitarles rabos, hojas, cáscaras y eso se va a la basura.

Esos desperdicios que se tiran en México son desperdiciados, pues podrían ser usados en la producción de alimentos animales y otros productos.

Esta es una invitación al enfoque ecológico correcto. Las cosas no necesariamente son lo que parecen. ¿Había alguien visto que el consumo de comida empacada produce menos basura y permite un mejor aprovechamiento de los recursos?

En resumen, un enfoque ecológico correcto

No hay, pues un problema de espacio para basureros, pero en algunos lugares sí hay escasez de espacio.

Además el plástico no es tan malo, pues no produce químicos que puedan pasar a la tierra. No se degrada pero tampoco otras cosas se degradan en el relleno pues no tienen el oxígeno y el agua que puedan lograr eso.

Los experimentos que muestran a los alumnos cómo se descomponen basuras como restos de alimentos y otros no, son erróneos. Muy pocas cosas de hecho se descomponen dentro de un basurero, porque allí no hay oxígeno, ni humedad, ni microbios.

Entre los adelantos modernos, las bolsas de plástico son en 1989 70% más delgadas que las de 1976.

En los años sesenta  se usaba acero para hacer latas de bebidas, luego se cambió a aluminio al final de esa década y desde los setenta se ha ido gradualmente reduciendo el monto de aluminio para hacer cada lata. De 164 libras de metal usadas para cada mil latas se ha reducido a 35 libras para las mismas mil latas en la actualidad.

Al final lo que la obra intenta es sencillo, convencernos de no creer a ciegas lo que se cuenta y dice en la Ecología.

Más éxito tendremos en el cuidado del medio ambiente si tenemos una actitud analítica y consideramos datos objetivos y reales. Datos no dogmas con un enfoque ecológico correcto.

[La columna fue revisada en 2019-08]

Bonus scriptum: más sobre el mismo tema

Ecología: nueva religión

Por Leonardo Girondella Mora –   27 octubre, 2005

El 25 de septiembre, DiarioExterior.com, de España, publicó una entrevista con Michael Crichton, el autor de libros como Parque Jurásico y el reciente Estado de miedo.

Según la entrevista, en la nueva obra el autor trata la amenaza de los ecologistas terroristas. Se reporta allí que,

«La obra ha recibido duras críticas por exponer la idea de que no tiene lugar un cambio climático originado por el hombre. En ella se ataca a los ecologistas y al lobby político-jurídico-mediático que ha mantenido el catastrofismo ecológico, una idea que habría nacido con la caída del muro de Berlín para mantener el necesario estado de miedo».

Comparto con Crichton algunas ideas centrales que reproduzco aquí de manera puntual añadiendo comentarios míos. Persigo crear un correcto enfoque ecológico.

Escenarios apocalípticos

Las fantasías de catástrofes con el tema del fin del mundo son de tal manera fascinantes que es regla normal encontrarlas sin falla en cada momento de nuestra historia.

En los 50 y 60 se creía que el mundo acabaría con una nueva era del hielo. Ahora terminará con un calentamiento.

Crichton, como muchos otros con criterios razonables, recomienda consultar a Björn Lomborg, autor de El ecologista escéptico para acabar con la creencia de inevitabilidades absolutas y evidencias contundentes. El asunto es muy complejo y no sabemos mucho de él.

Temperatura y proyecciones

Las predicciones de cambios de temperatura están basadas en modelos que son simulaciones. Y los modelos no son perfectos, ni tienen poder absoluto de predicción.

Muchos cálculos indican que la temperatura de la tierra en los últimos 100 años se ha elevado medio grado en promedio. Los promedios dependen de los lugares en la tierra en los que se tome la temperatura.

Los modelos, por si fuera poco, tienen una predisposición a exagerar sus proyecciones.

Crichton dice que si una empresa proyecta sus utilidades o beneficios a varios años, nadie le creerá, pero si estarán dispuestos a creer una proyección de clima a 20 o 30 años.

El caso es peor aún, creo, pues si nos quejamos de que los servicios meteorológicos no son capaces de decirnos el clima de mañana, sería lógico que menos aún les creyésemos sus pronósticos del año siguiente y aún menos los de 20 años adelante.

El atractivo del horror

Chrichton dice en resumen que la historia sobre el final del fin del mundo atrae la atención y se vende mucho entre el público. Pero si alguien dice que las cosas van bien y están mejorando, entonces la lectura se vuelve aburrida.

Es una noción interesante y que señala que atraen más las tragedias que las buenas noticias —quizá sea eso lo que explica la atracción de las películas de miedo.

Explicando el cambio de clima

Quiero añadir una pieza adicional. Las teorías del calentamiento global tienen una ventaja impresionante, pues ayudan a explicar los cambios en el clima y como el clima siempre está cambiando, las personas encuentran una explicación rápida en la teoría de moda.

Por esto es que Katrina y Wilma de inmediato son explicados como producto del calentamiento del planeta. Hace 50 años de seguro hubiera sido explicado por su enfriamiento.

Crichton reconoce abiertamente ese atributo del clima: cambio constante. Añado que incluso cabe la noción de ciclos, unos de corta duración, de unos 50 años, pero otros de varios siglos.

¿Cómo saber en qué parte de qué ciclo estamos? No hay mucha información al respecto. Y esto se complica con algunos efectos benéficos de temporadas fuera del promedio que conocemos.

Crichton dice,

«Hubo más inundaciones en California y algunos otros efectos negativos: pero a nivel global los inviernos fueron más suaves y se ahorró en calefacción, las cosechas fueron mayores y el efecto total fue un beneficio de 4.000 millones de dólares».

Enfoque ecológico correcto, otras precisiones

Luego Crichton repite lo no muy conocido del DDT. Su prohibición extrema ha hecho que de nuevo aparezca la malaria y esa enfermedad es mortal. Hay personas que a pesar de eso presionan para que no se use.

El nuevo libro habla de «cómo el miedo a un desastre climático sustituyó en 1989 al miedo a la guerra fría. Y luego ha venido el terrorismo. Los personajes aseguran que se trata de crear estados de miedo entre la población para controlarla».

Puede ser una ficción interesante, o al menos emocionante y tal vez sea divertida —aunque sigo sosteniendo que los novelistas no son buena fuente de información. Para conocer de algo, lo mejor que puede hacerse es evitar las películas y las novelas, para irse a libros escritos por profesionales de la materia. El enfoque económico correcto.

Añado un punto adicional que en la entrevista se trata poco hacia el final. Quizá puede llamarle «politización» del problema ficticio. Si un político no tiene un problema, lo inventa leyendo algunas estadísticas y luego quiere resolverlo diciendo que los políticos actualmente en el poder no están atendiendo este problema que él ha fabricado.

Más tarde, algunos reporteros toman ese problema y eso les sirve para atacar a los gobernantes con los que ellos no simpatizan. La exposición de los medios es tan grande que los lectores comienzan a creer que el problema es cierto y dan la razón a los opositores.

Y una cosa más…

Una opinión fascinante en It’s capitalism, not socialism, that will beat climate change.

[La columna fue revisada en 2019-08]