Los ingresos de maestros y celebridades. Existen diferencias notables entre lo que gana un maestro y lo que tiene de ingresos una celebridad. ¿Cuál es la razón de esta diferencia de ingresos?

Introducción

Deportistas, artistas, cantantes, ellos ganan más que un maestro de escuela. ¿Por qué? Después de todo, la labor de un profesor es mucho más importante que la de una estrella del fútbol.

¿No es al menos paradójico que tenga más ingresos un cantante famoso que un maestro de biología? 

La pregunta es válida y su respuesta muy compleja, según el libro consultado: Skousen, Mark, Taylor, Kenna C (1997). Puzzles and paradoxes in economics. Cheltenham, UK; Brookfield, Vt., US. E. Elgar Pub, chapter 17 «Are teachers underpaid?» pp 84-89.

Un examen de oferta y demanda

Lo primero que dicen Skousen y Taylor es que para resolver esta paradoja de los ingresos de maestros y celebridades hay que examinar varios aspectos.

El primero se refiere al funcionamiento de una economía libre. Los ingresos de las personas son determinados por las curvas de oferta y demanda.

Esto significa que dada una demanda para un cierto tipo de empleo cuanto menor sea la oferta más alta será su compensación y lo contrario.

Esto da una respuesta. La relativa escasez de celebridades comparada con la relativa abundancia de maestros explica los menores ingresos relativos de los profesores.

Por tanto, si es aceptable la idea de un mercado libre, debe también aceptarse ese diferencial de los ingresos de maestros y celebridades.

La demanda derivada

Vayamos más a fondo. La demanda de un factor de producción, como la materia prima o el trabajo, es una demanda derivada.

El que el trabajo sea una demanda derivada significa que hay que resolver cuál es el valor monetario de lo producido por el trabajo y ese es el valor del trabajo que se presta.

Esto significa que si la demanda de los productos que producen los trabajadores sube, lo mismo sucederá con el ingreso del trabajador.

Pero, para la empresa la productividad del trabajo la determina el último de los trabajadores necesarios y no la productividad del trabajo en su totalidad.

La conclusión es que las personas pueden creer que el trabajo educativo es cualitativamente más relevante que la diversión, pero el mercado no refleja esto.

Lo que el mercado establece es el valor de las últimas unidades de producción empleadas y ese mercado ha establecido que hay menos celebridades en relación a profesores.

Y dada la demanda de ellos eso explica los ingresos diferentes de maestros y celebridades.

Valoración de la educación

Una sociedad de libre mercado que valorara más la diversión que la educación arrojaría datos que indicarían la preferencia de un actividad sobre otra en términos totales. Los hechos pueden ser lo contrario de esa apariencia.

Por ejemplo, en Estados Unidos la industria del cine, deportes y teatro representó 8 mil millones de dólares, mientras que las actividades educativas públicas y privadas fueron de 528 mil millones (1992).

Claramente se da más importancia a la educación que a la diversión. También hay que ver los empleos en cada rama. En 1994, había en ese país poco menos de 4 millones de maestros comparado con 200 mil atletas, actores y directores.

Además, los ingresos de las celebridades no solo provienen de su desempeño profesional. Ellos también reciben ingresos de otras fuentes, como el uso de su nombre en la publicidad y la promoción de productos.

Es decir, los ingresos de esas celebridades pueden ser engañosos a primera vista.

Unas complicaciones más

Hasta aquí, es posible ver que los maestros están siendo pagados según lo que ellos valen, según lo que la sociedad piensa que es el resultado de la intersección de las curvas de oferta y demanda.

Sin embargo, la cosa se complica aún más con otra consideración sobre los ingresos de maestros comparados con celebridades.

Lo que un profesor promedio gana puede no ser muy diferente de lo que gana un artista o deportista. Es una realidad que hay una enorme cantidad de deportistas en ligas menores, en equipos de segunda y tercera división y de cantantes y artistas que ganan menos que un profesor.

Lo que sí es diferente entre ambos tipos de empleos es el rango de sus ingresos. Mientras que hay gran variabilidad entre los ingresos de artistas y deportistas, hay mucho menos variabilidad entre los ingresos de los maestros.

Productividad diferente

Aún existen más complejidades, pues hay que considerar la productividad de una celebridad y la productividad de un maestro. Y cómo medirla.

La productividad de una celebridad es sencilla de medir por medio de los boletos vendidos para un espectáculo o los televidentes que ven al actor o cantante en la televisión. Pero la productividad del maestro es bastante más difícil de medir.

La labor de la enseñanza va más allá de dar a los estudiantes información y desarrollar en ellos habilidades. La educación también incluye el aprendizaje de los valores que la sociedad posee, por ejemplo, honestidad, o curiosidad intelectual.

Estos valores, dicen los autores, no son necesariamente monetarios en su naturaleza. Es difícil evaluar lo que los maestros merecen ganar en cuanto a la enseñanza de esos valores no monetarios.

La sociedad tiene en estima esos valores y por eso respeta a los profesores que los enseñan, pero no hace diferencia entre el desempeño de cada maestro.

Esto significa que hay maestros sobrevaluados y maestros subvaluados porque la calidad de su desempeño no puede ser medida con facilidad. Lo que los maestros producen es el aprendizaje de información, habilidades y valores.

Esto es tasado por el mercado en la forma de estudiantes que se vuelven productivos. Por lo general hay una relación entre mayores conocimientos, habilidades y valores, y el ingreso de la persona.

Demanda derivada de otra demanda derivada

Por tanto, los diferentes ingresos de maestros y celebridades debe considerar que la demanda de profesores es una demanda derivada de otra demanda derivada.

Esto complica las cosas. Es difícil medir la  contribución que en lo individual hace un maestro al aprendizaje de un estudiante individual.

Y aún suponiendo que pudiera medirse esto, habría que medir también el impacto de lo aprendido en el desempeño como persona que labora.

Esta medición de componentes de aprendizaje y de componentes de productividad laboral es una tarea enorme. Simplemente no existe en la sociedad esa información y esta falta de datos es reflejada en los ingresos de los maestros.

Medir la calidad del maestro

Hay otros aspectos a considerar. Por ejemplo, los ingresos de los maestros, pero no de las celebridades, están determinados por costumbres y por prácticas sindicales que estandarizan esos sueldos.

Esta uniformidad en los ingresos de los maestros se da aún en las escuelas privadas, excepto por casos muy notables de diferencias de experiencia y educación del profesor mismo.

La consecuencia es que los ingresos de los maestros tienen un rango de variación mucho menor que los ingresos de las celebridades.

Es decir, los sueldos de los maestros hacen muy pocas distinciones entre la calidad individual de cada uno de ellos. Maestros excelentes, promedio y malos reciben sueldos muy similares.

No es que la calidad de los profesores sea homogénea sino que a pesar de grandes diferencias entre ellos el mercado no tiene suficiente información para detectarlas.

La crítica de ingresos menores de los maestros es parcialmente válida, como también es válido decir que muchos maestros ganan más de lo que se merecerían en un mercado libre con información completa. Los profesores buenos están subsidiando a los malos.

[La columna fue revisada en 2019-08]