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Son También Leyes
Selección de ContraPeso.info
1 junio 2000
Sección: ECONOMIA, Sección: AmaYi
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Conozca en esta carta una idea revolucionaria y por eso muy obvia. Es una idea de Sadowsky. Lo que ese sacerdote propone es muy sencillo: ayudar a los pobres, pero hacerlo dentro del marco de las leyes económicas.

Ayudar a los pobres desobedeciendo esas leyes, sería igual que construir un barco sin respetar las leyes de la Física. El barco se hundiría. Los pobres terminarían peor.

La idea de esta carta fue tomada de Sadosky, James (1985). THE CHRISTIAN RESPONSE TO POVERTY. London. The social affairs unit. 0907631185. Es una idea que, además, arroja luz sobre el cómo de la opción de los pobres dentro de la Iglesia católica en América Latina.

El punto de partida de Sadowsky es sencillo: señala que todos estamos de acuerdo en que los pobres merecen ayuda.

Y señala abiertamente que los cristianos consideramos que ayudar a los pobres es una de nuestras obligaciones. Sin embargo, no estamos de acuerdo en cómo realizar esa ayuda.

Este desacuerdo, dice Sadowsky, no es ninguna sorpresa. Nada hay en la Revelación que resuelva este punto.

Así como no hay una medicina revelada por Dios, tampoco hay una Economía revelada que señale las maneras de ayudar a los pobres.

Ese es el gran punto de partida del autor. No existe una Economía revelada por Dios. La Economía es otra ciencia, como la Física, que no distingue lo bueno de lo malo, simplemente establece realidades.

La Química señala lo que sucede si ciertas substancias se mezclan. No hace nada más. No dice si la mezcla es éticamente buena o mala.

Lo mismo sucede en Economía. Por ejemplo, afirma Sadowsky, sabemos que los controles de renta de casas producen una disminución en la oferta de habitación. Habrá menos casas en renta cuando hay controles de sus precios que cuando no los hay.

Esta es una realidad que no tiene un valor ético. Simplemente dice lo que sucedería en caso de establecerse un control de rentas.

Por tanto, el autor reconoce leyes económicas que señalan el resultado de ciertas acciones posibles. Ante eso, hay una pregunta inevitable.

¿Es posible que alguien establezca una medida como la del control de rentas sabiendo al mismo tiempo que el efecto de esa medida causará un efecto previsible y que ese efecto es malo?

La respuesta lógica es que no. Nadie es su sano juicio promovería o realizaría una acción cuyo efecto sea contrario a la intención de la medida tomada.

Y, sin embargo, muchos son los que proponen medidas económicas que violan los principios económicos y producen efectos negativos.

Sadowsky, entonces, llega a su punto principal: las leyes económicas son leyes de Dios. Igual que en Física, igual que en Química. Nuestro universo está construido así. Hay una ley de gravitación universal, hay leyes físicas, hay leyes de termodinámica y también hay leyes económicas.

Son leyes, no legislaciones. Dios es el que ha decretado la existencia de las entidades que obedecen esas leyes. Si hubiera querido otras leyes, hubiera creado otras cosas.

Pedir otras leyes sería pedir otro tipo de universo. Esas leyes del universo no establecen lo que los hombres debemos hacer. Lo que esas leyes establecen es lo que sucederá si los hombres hacemos tal o cual cosa.

Nos revelan tendencias: lo que sucederá si todo lo demás permanece constante.

Por ejemplo, si saltamos del piso treinta de un edificio, caeremos a cierta velocidad conocida, excepto si usamos paracaídas.

Otro ejemplo: los salarios mínimos causan desempleo, aunque no siempre. Si el salario mínimo está por debajo del precio de mercado, será probable que no lo causen. Pero, sí lo causarán cuando están por encima del precio de mercado.

Las leyes económicas, igual que las otras, son reales, existen. Pueden dar la apariencia de ser injustas, pero eso no afecta su existencia.

La gravitación universal puede matar, al igual que la acción química de un veneno en el cuerpo. A nadie se le ocurriría quejarse de la injusticia de las leyes que señalan las consecuencias de la aspiración de ciertos gases. Esas leyes se aceptan con facilidad.

Sin embargo, no sucede lo mismo con las leyes económicas. Hay personas que niegan la existencia de estas leyes. Hay personas que incluso afirman que esas leyes son un invento que defiende intereses personales.

El autor se pregunta, ¿quién desecharía las leyes de las matemáticas argumentando que sólo sirve a los intereses de los matemáticos?

Si hay leyes económicas que son parte del universo en el que vivimos, la conclusión de Sadowsky es lógica. Los cristianos que desean resolver el problema de la pobreza deben encontrar soluciones dentro de las leyes económicas.

Dicho de otra manera, para dominar a la Economía, y ayudar a los pobres, hay que obedecerla.

Para reforzar aún más su punto, el autor cita a un sacerdote del siglo XVI, Azpiculeta. Este sacerdote afirmó que los controles de precio son innecesarios en tiempos de abundancia y negativos en tiempos de guerra.

También cita a Cayetano, el comentador de Santo Tomás de Aquino, quien dijo que un precio justo es aquél que se da en un momento dado por parte del comprador, bajo condiciones iguales de conocimiento y sin aplicación de fuerza.

Con las citas anteriores y otros ejemplos, Sadowsky quiere enseñar que, hay leyes económicas que han sido descubiertas por medio de estudios, como sucede en cualquier otra ciencia.

El autor entra en detalle con el asunto de la fijación de los salarios. Sadowsky dice que son los consumidores y no los empleadores quienes fijan los salarios. Todos los costos de producción, incluyendo los salarios son pagados por el consumidor.

Además, el autor previene del peligro de creer en el síndrome de “yo soy pobre porque tú eres rico”. Si yo soy pobre es porque hay muchos otros haciendo lo mismo que yo. Cuanta mayor sea su contribución a la productividad, mayor será la riqueza ganada por la persona.

Quien trabaja mejor, con habilidades, preparación y experiencia tendrá más ingresos debido a su mayor productividad. Sólo en un mundo de personas idénticas en habilidades y gustos podría encontrase una situación de ingresos iguales.

Y cita a León XIII para apoyarse: “… las personas difieren en su capacidad, diligencia, salud y fuerza; y la fortuna desigual es un necesario resultado….”.

Quien se niega a reconocer que existen leyes económicas, también se queja de malas distribuciones de los ingresos. Pero, eso presupone que en el mercado hay una función de distribución y la realidad es que no la hay.

En el mercado existen intercambios de bienes. No hay distribuciones. No puede ser injusto lo que no existe. Solamente puede haber injusticia en los intercambios de bienes.

Las leyes económicas no significan la renuncia a la ayuda económica que el cristiano debe dar a los pobres. Los cristianos sí tienen esa obligación por causa de las necesidades de los pobres, pero no por causa de la mala distribución de la riqueza.

Esa ayuda debe ser realizada bajo el respeto a las leyes económicas. Hay que entender que la única manera de elevar los ingresos de una persona es incrementando la productividad marginal de ella.

La lección final es la recomendación de una solución que respete a las leyes económicas y que aumente la productividad. Eso significa, en palabras de Sadowsky, menos intervención gubernamental.

El aumento de la producción es posible sólo si los gobiernos crean un clima más favorable a la inversión productiva en instalaciones y habilidades humanas. No es coincidencia que las regiones de mayor prosperidad sean aquellas de menor intervención gubernamental en la rentabilidad de las inversiones.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Son También Leyes”
  1. Economía en Una Lección | Contrapeso




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