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Vicios y Bondades
Selección de ContraPeso.info
1 mayo 2000
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: AmaYi
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La sociedad es un ente en extremo complejo y de efectos sorprendentes e inesperados. ¿Qué sucedería si en una ciudad se creara una zona de tolerancia para la prostitución? Es probable que eso ayudara a decencia. ¿Y qué sucedería si de un día para otro todos sus habitantes se tornaran absolutamente incapaces de robar? Bueno, pues eso ocasionaría, al menos momentáneamente, desempleo.

Pocas obras hay como la de Mandeville para entender la complejidad de la sociedad, donde se presentan paradojas como ésas.  Decisiones que parecen promover el vicio en realidad promueven la virtud. Medidas que persiguen el bienestar en realidad causan daños. Este autor es de obligada lectura para todo gobernante que piense en medidas simplistas y directas; y también es para todo ciudadano que se pregunte cómo es posible que sueños de sociedades mejores acaben produciendo sociedades peores.

Bernard Mandeville (1670-1733), nació en Rotterdam, fue graduado en filosofía y medicina y emigró a Londres donde vivió el resto de su vida. Fue un afamado médico, al mismo tiempo que escritor. Es autor de La Fábula de las Abejas, de 1715, a la que añadió una serie de observaciones en prosa y que llegó a su forma final en la edición de 1724.

Si bien puede ser considerada una sátira de la sociedad, Mandeville mostró una sociedad compleja, en la que dejó una idea muy importante para la posteridad: las acciones gubernamentales pueden tener efectos muy opuestos a los buscados. El libro consultado para esta carta fue Mandeville, Bernard (1970). THE FABLE OF THE BEES. Harmondsworth. Penguin. 0140400168, pp 117-130.

La tesis central del autor está ilustrada en unas pocas palabras.

Puede decirse que la virtud ha hecho amistad con el vicio cuando gente trabajadora, que mantiene a su familia y paga impuestos, deriva su forma de vida de algo que depende de los vicios de los demás.

La sociedad es en efecto una entidad muy embrollada y de efectos sorprendentes.

La modista cuya propia manutención y la de sus costureras depende de la afición por la moda; el mesero que trabaja en un bar y que puede pagar la escuela de sus hijos gracias al consumo de alcohol de sus clientes; la fábrica de telas que hace posible la vida de sus trabajadores y que existe gracias a la pasión por el lujo.

Esta gente trabajadora no es culpable de esos vicios, como no lo es el afilador de lo que se haga con los cuchillos.

Las tiendas de telas, de muebles, sus fabricantes, los bares, los casinos, todos ellos estarían muriéndose de hambre si el orgullo, la moda, la bebida, la diversión y el lujo fueran erradicados de una nación.

El que envía materiales, ropa o telas a otros países de los que se adquieren vinos y licores está fomentando el crecimiento de la industria de su país.

El es un benefactor de la navegación, de las tarifas de aduana. Es de muchas maneras beneficioso para el público.

Y, sin embargo, no puede negarse que depende altamente del amor por el lujo y el alcohol. Porque si nadie bebiera, excepto por sólo aquello que verdaderamente necesitara, esa multitud de mercaderes de vino, estaría en una condición miserable, no pudiendo importar el licor con las divisas logradas con la exportación de esos materiales.

Lo mismo puede decirse de aquellos que fabrican cartas de juego y dados, que pueden ser vistos como los ministros de una legión de vicios.

Mandeville continúa con las paradojas para reiterar la complejidad de la sociedad. ¿Cuál puede ser el beneficio que el público reciba de la existencia de ladrones?

Los ladrones son un peligro. Ellos realizan actos contrarios al bienestar de los ciudadanos. Los ladrones deben ser perseguidos y castigados.

Pero, ¿qué sucedería si por algún milagro repentino absolutamente toda la gente de una nación se tornara incapaz de robar? Mandeville contesta que la mitad de los artesanos del país estarían desempleados.

La razón es sencilla. En todas partes existen adornos, cerrojos y objetos que sirven de protección contra robo a las casas. Nunca se hubiera pensado en esas rejas, puertas y cerraduras, de no existir el peligro de ser robado. Quienes hacen su trabajo de la satisfacción de esas necesidades se quedarían sin empleo.

Desde luego y muy importante, Mandeville no afirma que para fomentar el empleo debería haber más ladrones.

Se limita a señalar esa paradoja, que es el punto central de su idea: un acto reprobable produce un beneficio, es decir, la sociedad tiene efectos inesperados.

Si eso que se afirma parece demasiado exagerado, dice Mandeville, no hay más que solicitar al lector que vea a su alrededor en el consumo de artículos, para ver que los más perezosos e inactivos, los gastadores y pródigos, son todos ellos forzados a hacer algo por el bien común.

La sociedad es muy compleja. Presenta situaciones extrañas a primera vista.

Son miopes quienes no ven más allá de un paso de la gran cadena de eventos ligados en la sociedad. Los que poseen una mirada más amplia sí pueden gozar del gran panorama de sucesos concatenados.

Se verán en ese panorama amplio muchas instancias en las que del mal sale el bien, tan naturalmente como salen los pollos de los huevos.

Mandeville sigue con su mención de los beneficios derivados del consumo de alcohol. El dinero que llega de las tarifas aplicadas a la malta es una parte considerable del ingreso nacional. Si no se destilaran bebidas de ellas, el tesoro público sufriría de falta de fondos.

Viendo el panorama completo de sucesos concatenados, podrá entenderse el largo catálogo de beneficios que son posibles gracias al consumo de la bebida. Es necesario considerar a todas las actividades de su fabricación, transportación, comercio y actividades relacionadas, para comprender los beneficios de ese consumo.

Mandeville da otro ejemplo de esas situaciones en las que el mal y el bien se abrazan.

¿Imaginaríamos que las mujeres virtuosas, sin saberlo, promueven el trabajo de las prostitutas? O puesto de otra manera, la incontinencia presta un servicio a la preservación de la castidad.

Quien genera deseos poco limpios en medio de jóvenes mujeres decentes, sabe que de llegar sus instintos a límites puede acudir a los servicios de mujeres más complacientes. No puede culparse de esto a la decencia de esas mujeres castas.

Dice Mandeville que no quiere mostrarse como un promotor de vicios, lo que es algo en verdad básico a tenerse muy en cuenta para valorar su idea, pero que considera imposible hacer desaparecer esas malas opciones.

Las pasiones de algunos son demasiado violentas para ser transformadas por preceptos o leyes. Lo que los gobiernos deben hacer es tener sabiduría al tratar estos temas y optar por las opciones menos inconvenientes.

Cuando miles de marinos llegan a un puerto, solamente han tenido a su propio sexo durante muchos meses. No puede esperarse que mujeres honestas caminen por las calles de la ciudad sin ser molestadas y violentadas por esas personas.

Gracias a mujeres de ciertos vicios, que absorben a esos marinos, pueden las mujeres de esas ciudad caminar tranquilas por sus calles.

Esa es la razón por la que los sabios gobernadores de esa ciudad, dice el autor, toleran cierto número de casas lascivas, en las que se alquilan las mujeres como caballos. En esta gran tolerancia hay mucha prudencia y economía.

No son esas autoridades contrarias a la religión, al tolerar esas casas. Tan sólo quieren prevenir un mal mayor. Quieren proteger la seguridad de las mujeres de honor. Por eso es posible concluir que lo que era una paradoja, se vuelve una realidad: la castidad es protegida por la lascivia y la mejor de las virtudes quiere la ayuda del peor de los vicios.

La lección principal de Mandeville se encuentra en estas últimas ideas. El gobierno no puede ser juzgado como promotor del mal cuando tolera la prostitución.

La autoridad ha visto ese panorama de eventos concatenados y ha aceptado la complejidad de la sociedad. Y así ha seleccionado el menor de los males. Solamente quien ve un solo eslabón de la cadena podría criticar a ese gobierno.

La lección es, desde luego, posible de proyectar a todo acto de gobierno. Mucho de un buen gobierno radica en su capacidad para prever los efectos siguientes de sus decisiones, los eslabones en las cadenas de eventos de la sociedad.

Mandeville muestra, por tanto, la razón por la que tantas decisiones gubernamentales de tan loables objetivos logran lo contrario de lo que se proponen. Esos gobiernos no toman en cuenta la complejidad social, esas paradojas de la sociedad.

En la superficie, el autor puede provocar una reacción de indignación en su lector, pues aparece como un tipo frío, calculador y carente de principios morales que tolera la prostitución y todo género de vicios viendo en ellos incluso beneficios.

Pero es en el fondo que Mandeville muestra su verdadero mérito al señalar la enorme complejidad de la sociedad humana, con sus efectos inesperados.

Esta visión de la sociedad, debida en esencia a este autor, es de importancia mayúscula pues explica las razones por las que medidas oficiales de aparentes objetivos loables producen efectos de malas consecuencias.

Eso es lo que hay que ver en Mandeville, el fondo de lo que nos dice: debemos ver la cadena de eventos probables de las acciones gubernamentales.

La sociedad es en extremo enredada y embrollada, y presenta contradicciones y contrasentidos. Quienes no perciben la cadena de efectos absurdos a primera vista que puede tener una decisión gubernamental están escasamente preparados para tomarla.

No es que Mandeville apruebe los vicios y desórdenes, sino que tiene el gran mérito de señalar los efectos colaterales e imprevistos de las medidas gubernamentales.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



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