Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ejercicios Utópicos
Selección de ContraPeso.info
1 marzo 2001
Sección: Sección: AmaYi, SOCIALISMO
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Todos queremos una sociedad mejor, en la que la felicidad sea posible para todos. Tanto la deseamos que hemos creado muchas utopías, mundos ideales e imposibles. Sin embargo, esos ejercicios teóricos pueden ayudar a concluir ideas utilizables que siendo posibles ayuden a crear una mejor sociedad.

Eso es lo que da el libro de Murray, Charles A (1988). IN PURSUIT : OF HAPPINESS AND GOOD GOVERNMENT. New York. Simon and Schuster. 0671611003, chapter 13 To close the circle of our felicities, pp 293-303.

Los razonamientos de Murray son inteligentes. Usando consideraciones teóricas y ejercicios mentales, obtiene conclusiones en extremo interesantes acerca del papel de los gobiernos y de los ciudadanos.

Inicia el autor la última parte de este libro, diciendo que en los anteriores capítulos se ha hablado de una utopía alcanzable, el mejor de los mundos pero con defectos.

Esa utopía de la que él habla aún sufre de pobreza, de criminalidad, de falta de educación. Esta es una consideración que se debe hacer, en el mejor de los mundos posibles habrá problemas.

Con esto en mente, Murray hace una especulación teórica.

Imaginemos una nación en la que se ha llegado al mejor arreglo posible del mundo político.

Las leyes e instituciones de esa nación son buenas y hacen posible una buena vida, como quiera que ella se defina; tan bueno es el arreglo que la legislatura del país no tiene mucho que hacer, excepto pequeños cambios para ajustarse a nuevas condiciones.

En esa nación, entonces, se han maximizado todas las condiciones buenas que están bajo el control del gobierno y se han minimizado las malas.

Esto significa que se ha llegado a una situación en la que cambiar una ley o una institución significaría tener consecuencias positivas y negativas que en su saldo final harían pasar a una situación no tan buena como la original.

¿Qué percibirían quienes viven ese mundo ideal posible?

Si pensamos que la personas pueden llegar a ser perfectas, entonces tendríamos un mundo utópico verdaderamente, en el que todos son felices y prósperos. Pero viendo que los seres humanos son en extremo diversos se concluye algo interesante: si viviéramos en ese mundo ideal no lo sabríamos.

Al vivir en una situación ideal posible no habría manera de saber que se ha llegado al punto en el que un cambio de leyes, por ejemplo, produciría más mal que bien.

En ese mundo ideal posible habría muestras claras de imperfección, como la existencia de personas mal alimentadas, sin vivienda, o casos de abuso infantil. Esto es irremediable pues la única posibilidad de evitarlo sería tener vigilancia personal sobre cada uno de los ciudadanos todos los días.

Pero en ese mundo ideal posible, la incidencia de esos casos sería la mínima, aunque no sería de cero. El que esas imperfecciones existan, sin remedio, causaría protestas, por ejemplo, de personas indignadas ante la existencia de abuso infantil, algo inconcebible en una sociedad así.

Las protestas, al tener éxito, ocasionarían la emisión de leyes y la fundación de nuevas instituciones que, sin saberlo, modificarían esa situación ideal máxima posible a otra menos favorable, con el problema de que ello no se sabría hasta tiempo después al ver los efectos posteriores de las medidas tomadas.

El problema es, entonces, para nuestra realidad, el mismo que enfrenta esa sociedad ideal posible.

Para remediar los problemas que padecemos en nuestra sociedad tenemos opciones y debemos seleccionar la que mejore la situación general y no la que mejore algo pero empeore otras cosas y terminemos con un saldo negativo general.

Para, por ejemplo, dar alimentación completa a los niños, podemos optar por un plan que promete dar alimentos a todos los niños en una semana, otro plan que dice poder hacerlo mejor pero que tardará un año en lograrlo y otro plan que dice que es mejor atacar la raíz del problema y mejorar las condiciones de los padres de hijos con mala nutrición.

La decisión de cual de los planes adoptar y realizar se toma en condiciones en las que se parte del supuesto que ése no es el único problema a resolver, que existen otros.

También sabemos que los planes pueden fracasar, que las intenciones de un plan no son garantía de su éxito.

Consecuentemente el problema que se tiene es el de saber cuáles planes son los mejores, es decir, cuáles planes harán más bien que mal en su impacto general y cómo saber que en la realidad estamos progresando en total.

El autor aboga por dos tipos de solución.

La más pragmática de ellas es el resolver los problemas usando la noción de felicidad personal como parámetro de éxito de las soluciones propuestas. Esto equivale a examinar más profundamente los efectos de las medidas a nivel individual de la persona y no a nivel agregado.

Esto significa también tomar más tiempo para analizar el objetivo de la medida, preguntándose muy en serio lo que se intenta lograr. Cuanto más se entienda eso que a las personas les da satisfacciones duraderas, mejores decisiones se tomarán y se evitará caer en situaciones peores.

También, dentro de las soluciones pragmáticas, se estará en una mejor posición si existe un análisis del problema y la razón de su existencia.

Sucede entonces que nos damos cuenta de que es extraño que existan esos problemas lo que nos hará en pensar en soluciones naturales. No son soluciones que tratan de canalizar conductas, sino soluciones que muestran las razones por las que las personas no están actuando de la manera normal que a ellas les mitigue el problema.

Las otras soluciones no son tan pragmáticas, y significan en esencia entender que debemos tener confianza en que se está progresando cuando las personas toman sus propias decisiones y son libres para actuar en los miles de actos que realizan persiguiendo su mejor bienestar.

Quienes creen que pueden hacer arreglos mejores que los de las personas mismas, se engañan.

Los billones de acciones que forman la realidad están más allá del control de los planes gubernamentales; más aún, el impacto de esos planes, especialmente en el largo plazo, es algo fuera del control y fuera de la previsión de la autoridad.

Contrastan los planes oficiales con los sistemas de seguridad que poseen las transacciones libres personales que limitan el posible daño producido. Para que un intercambio ocurra se necesita que ambas partes piensen que van a mejorar su situación previa, lo que casi siempre ocurre.

Más aún, el autor argumenta que el análisis de los elementos que forman la felicidad personal indica que los actos libres de las personas son lo que constituye la consecución de su felicidad.

Y si esto es cierto, lo que el gobierno debe hacer es dejar a las personas libres y asegurarse que también son dejadas en paz por otros, que es el evitar que alguien use la fuerza contra otro.

Esta manera de pensar crea una brecha de posibles respuestas. Por un lado puede contestarse que sí, que el gobierno debe asegurarse de proteger a las personas contra el uso de la fuerza por parte de otros.

Por ejemplo, puede contestarse que el gobierno debe proteger a los ciudadanos por parte de quien los fuerce a comprar autos sin bolsas de aíre, o de quien quiera aumentar el monto de la renta de apartamentos.

Todo esto significa la continua intervención del gobierno en las decisiones de las personas.

El autor se declara del otro lado de esa brecha. Su respuesta es negativa al tipo de propuestas anteriores.

Dejar a las personas libres puede no ser realista, pero es lo más práctico y se le debe dar al menos una oportunidad. Además los avances en tecnología y riqueza elevan las probabilidades de que eso funcione.

Para apoyar su respuesta, Murray dice que las personas han tenido una historia notablemente positiva cuando se les deja libres en situaciones en las que se impide el uso de la fuerza.

Es en extremo difícil que las personas hagan cosas verdaderamente malas por largos períodos cuando ellas no tienen el apoyo de la fuerza.

Además, el progreso tecnológico ha hecho más fácil la posibilidad de dejar a las personas libres. Por ejemplo, las comunicaciones hacen más difícil que existan localidades aisladas en las que se realicen abusos; la información es más accesible y es más fácil cambiar el lugar de residencia.

Los medios de comunicación actúan como protectores de derechos de los ciudadanos. Y, adicionalmente, los niveles actuales de recursos permiten más probabilidades que antes de dejar libres a las personas.

Se piensa demasiado en el supuesto de escasez de recursos, ignorando la gran riqueza que ya ha sido generada, creyendo que los pobres deben contar con toda la generosidad humana y algo más. La parte del dinero no es la más importante.

No es una cuestión de si el gobierno deja de hacer sus actividades de recolector de limosnas y su distribuidor, sino la posibilidad de que una buena parte de la sociedad se comporte de manera generosa, lo que no es una posibilidad descabellada.

Al final, Murray acude a otro ejercicio teórico apoyándose en otro libro, de Robert Nozick, Anarchy, State and Utopia. Otro ejercicio sobre utopías.

Nozick, en resumen, pide también imaginar una utopía personal, el mundo ideal para uno mismo. El punto es que todos tienen derecho a imaginar esa utopía personal, lo que significa que si una persona vive en el mundo ideal de otro, ella tiene derecho a salir e ir a la utopía propia.

Sin deseo de vivir en una utopía aislada, solitario, hay que dar algo para convencer a otros de venir a la utopía personal. Ya no se puede ser un dictador, hay que dar concesiones.

Con el derecho a salir de una utopía, entrar a otra o crear la propia, pero queriendo vivir en compañía, el proceso sigue hasta que todos creen estar en el mundo ideal para todos.

Murray toma esa idea y dice que puede sustituirse en el lenguaje de Nozick la palabra mundo por la palabra asociación e imaginarse una sociedad compuesta por miles de asociaciones, con infinitas variaciones.

Esto significa en la práctica que para estar en ese mundo ideal lo único que hay que hacer es permitir la formación de numerosas asociaciones libremente formadas.

Aunque la utopía de Nozick es una fantasía, supongamos que decidimos volverla realidad y tener en la práctica algo que sea lo más cercano a ella.

En esa utopía posible, el gobierno tendría que proveer la protección básica para que las asociaciones no anularan la libertad de las personas para ir y venir de acuerdo a sus decisión.

La mejor forma de hacer esto sería reconocer ciertos derechos innegables en las personas y dar a la autoridad poderes limitados para que las asociaciones no puedan alterar esos derechos.

Fuera de eso, la autoridad no tendría mucho más que hacer, pues las personas entrarían y saldrían de las asociaciones según su voluntad propia para su mejor conveniencia.

En este mundo real, las asociaciones pueden ser las ciudades y poblaciones con poderes de emisión de leyes fiscales votadas por la mayoría y limitadas por las reglas básicas con coerción por parte del gobierno central. La posibilidad de emigrar de una ciudad a otra frenaría la posibilidad de leyes malas que hagan a los ciudadanos salir de esa ciudad.

Al final, Murray señala la coincidencia de estas ideas con las de Thomas Jefferson, quien afirmó la necesidad de un gobierno frugal y sabio que evite que los hombres se dañen entre sí, al mismo tiempo que dejándolos libres de acordar la propia consecución de su trabajo y su progreso, sin quitar a nadie el pan que ha ganado.

Este es el gobierno que se necesita para cerrar el círculo de nuestras felicidades.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



2 Comentarios en “Ejercicios Utópicos”
  1. sol Dijo:

    me parece muy bien pero le hace falta ejemplos de lo que uno quiere

    BY

  1. Contrapeso » La Osadía de Vivir




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