grandes ideas

¿Dónde está el límite de la intervención del gobierno? Es obvio que ella tiene límites, pues de lo contrario se anularía la sociedad entera con todo y sus ciudadanos. Y la razón por la que debe tener un límite claro. 

Introducción

Mill (1806-1873), inglés, filósofo, escritor, tiene una idea sobre el límite de la intervención del gobierno. Ese punto en el que debe suspenderse su intervención en la vida de las personas por el daño que causaría.

Lo que Mill argumenta es el efecto de la intervención gubernamental en el individuo mismo y sobre ese argumento manda una línea de pensamiento que llama a un gobierno limitado. 

Esto es algo de especial relevancia para las nuevas democracias. La democracia confinada a la acción de un gobierno central genera en los grupos políticos el deseo de dominar a esa sociedad. 

La obra seleccionada para esta carta fue la de Mill, John Stuart (1970). Principles of political economy, (Donald Winch). Harmondsworth. Penguin, Book V, chapter XI, «Of the grounds and limits of the Laisser Faire or non-interference principle», pp. 304-314.

El límite de la intervención del gobierno

El punto que Mill desea tratar en esa parte de su obra es claro a más no poder. Su intención es la de examinar el punto que no debe sobrepasar la autoridad política.

¿Hasta dónde puede llegar la intervención del gobierno y no ir más allá de lo que le es propio y conveniente? Es, por tanto, una cuestión de examinar las ventajas y desventajas de la intervención estatal.

Tipos de intervención gubernamental

Según Mill, de inicio, hay dos tipos de intervención. Autoritaria y no autoritaria. Son conceptos que después le servirán para tratara el límite de la intervención del gobierno.

Una de ellas es la tipo autoritario que es esa por la que el gobierno prohibe ciertos actos o no los permite sin su autorización expresa.

El otro tipo de intervención es menos común y por naturaleza no es autoritaria. Se trata de los casos en los que el gobierno deja libres a los ciudadanos, pero les ofrece una alternativa oficial.

Por ejemplo, el caso de hospitales públicos que coexisten con los privados y entre los que el ciudadanos selecciona el que él desee.

Lo mismo sería el caso de una oficina oficial de correos y de instituciones públicas de educación conviviendo con otras instituciones privadas de su clase que no requieren de permisos para operar.

El círculo personal de libertad

Para Mill es evidente que la intervención de tipo autoritario tiene un radio de acción más estrecho que la del tipo que no lo es.

Igualmente, para el autor, las personas tienen dentro de sí un círculo de acción dentro del que nadie puede entrar, ni otras personas ni el mismo gobierno.

Ese círculo personal de la persona esta formado por la conducta interna y externa que no afecta a los demás.

Por admirable que sea difundir las ideas de lo bueno y de lo malo, de lo loable y de lo despreciable, ello no justifica entrar al círculo personal de acciones que no afectan a los demás. este es el límite de la intervención del gobierno.

La defensa de la persona

Añade Mill ahora una observación de la experiencia diaria. Es conocido que los depositarios del poder siempre están listos para asumir un poder más allá de lo debido y poner límites a la acción individual.

La naturaleza del gobierno es así, tiende a usar su autoridad para imponer límites a la conducta de los individuos. Lo mismo sucede con los grupos que también siempre están listos para imponer sobre los demás su costumbres y opiniones.

Ante estas presiones sobre el individuo, de la autoridad y de los grupos, nunca ha sido más necesario proteger a la persona y su individualidad. Es decir, establecer el límite de la intervención del gobierno.

Hay que defender a la persona, su expresión y su conducta porque ello significa preservar la originalidad individual que es la fuente de todo progreso real y lo que separa a los seres humanos del resto de los animales.

Más aún, esa defensa del individuo es más necesaria en las democracias, pues en esos regímenes la opinión pública es soberana y el individuo no tiene instancias de apelación para la defensa de su individualidad, como sí sucede en otros regímenes.

El límite de la especialización

Con el anterior marco mental, Mill entra al tema diciendo que hay quienes objetan la intervención del gobierno usando argumentos de división del trabajo.

El gobierno es una institución muy cargada ya de funciones y con responsabilidades abundantes. Darle aún más funciones ocasionaría negligencias y malos resultados.

Estos argumentos no son fuertes según el autor, pues se solucionarían con una buena administración de la autoridad.

Pero sí son argumentos válidos en los casos de gobiernos centralistas, donde unas pocas personas en la capital del país quieren que todo pase por sus escritorios.

Por el contrario, en un gobierno descentralizado, donde hay balance entre los gobiernos locales y federales, hay cierta garantía de buenos resultados en el gobierno. Allí, el funcionario debe responder por su actuación ante el electorado e incluso ante los tribunales.

Las personas tienen más incentivos

Pero es cierto, reconoce Mill, que la gran mayoría de las cosas estarán peor en manos del gobierno que en las de particulares interesados en ellas. Tienen más incentivos para administrarlos con más cuidado.

Es cierta la opinión de que las personas atienden mejor sus asuntos y tienen más interés en ellos que el gobierno.

Esto es comprobable al comparar situaciones de igual competencia entre las empresas particulares y las estatales. Un gobierno puede disponer de los mejores recursos humanos y materiales, que ello no importa pues carece interés en el trabajo.

Incluso un gobierno con las personas más inteligentes es inferior al resto del total de los ciudadanos.

El límite de la intervención del gobierno

Deja Mill al último la más poderosa razón en contra de la intervención gubernamental más allá de cierto límite.

Aún teniendo personas brillantes en el gobierno, dice, no sería deseable que una gran parte de los asuntos sociales fuera quitado de las manos de quienes más interés tienen en ellos.

Según el autor, la vida misma es una parte de la educación de las personas. No bastan las cuestiones académicas y escolares, también es necesario el ejercicio de las cualidades personales. Como el trabajo mismo, el juicio personal, el auto control y los estímulos a la acción que imponen los retos y las dificultades.

Tiende a desarrollar parcialmente sus facultades el pueblo que no tiene el hábito de actuar espontáneamente en los asuntos colectivos. Una buena razón que justifica el límite de la intervención del gobierno.

Está sin desarrollo el pueblo que tiene por costumbre buscar al gobierno para que le dé órdenes. El pueblo que espera que otros hagan las cosas que él podría hacer. Ese pueblo tiene una educación defectuosa.

Desarrollo de talentos

No hay peor situación, afirma Mill, que la de alto talento en la autoridad y un pueblo incapaz de actuar por sí mismo. Esta es una situación de despotismo completo que tiene como arma adicional a la superioridad intelectual.

La única defensa contra esto es la difusión de la inteligencia, actividad y espíritu público entre los gobernados.

Es de suprema importancia que las personas de toda posición sean dejadas libres para que usen sus talentos en los asuntos que a ellos atañen y que son atendidos en cooperación voluntaria con otros, que vean los resultados de su inteligencia y virtudes.

Una democracia sin organizaciones democráticas al detalle y confinado al gobierno central a menudo crea el efecto contrario. Lleva a todos los grupos el deseo de dominar a los demás, que es lo que hay que evitar pues es la persona y su individualidad la causa del progreso real.

Esta es una idea en especial importante para democracias recientes. Cuando las personas por el contrario están acostumbradas a manejar sus asuntos, como en las democracias de mucho tiempo, ellas repelen los intentos del tirano.

Pero, cuando las organizaciones sociales residen en el gobierno no las mueve el deseo de la libertad, sino el apetito del poder y la vanidad del burócrata. Un curioso efecto del intervencionismo.

[La columna fue revisada en 2019-08]