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Lo Que no se ve
Selección de ContraPeso.info
1 agosto 2001
Sección: ECONOMIA, Sección: AmaYi
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La genial idea de clasificar a las secuelas de acciones en las que se ven y no se ven, permite a Bastiat sacar conclusiones difícilmente rebatibles en cuanto a medidas de política económica. Antes de tener una opinión sobre estos temas, por tanto, conviene investigar esas cosas que no se ven.

Por ejemplo, si usted cree que conviene que un gobierno subsidie el crédito, o que la automatización genera desempleo, más le conviene examinar antes eso que no se ve, las consecuencias posteriores.

El libro consultado fue el de Bastiat, Frederic (1995). SELECTED ESSAYS ON POLITICAL ECONOMY. (George B. de Huszar). New York. Foundation for Economic Education. 0910614156, chapter 1 What is seen and what is not seen, pp. 1-30.

Bastiat (1801-1850) fue un economista francés, estadista y autor, líder del movimiento a favor del libre comercio. La mayoría de sus escritos fueron hechos poco antes y después de 1848. Schumpeter lo calificó como el más inteligente economista periodista que jamás vivió.

Bastiat inicia su exposición diciendo que una acción, una costumbre, un acto de gobierno o una ley producen siempre más de un efecto, una serie de consecuencias.

De esas consecuencias sólo la primera es inmediata y se puede ver porque aparece con la acción tomada.

Esto es lo que establece la diferencia entre un economista malo y uno bueno.

El mal economista se limita a los efectos inmediatos que se pueden ver; el buen economista considera todos los efectos, los que se pueden ver y los que se pueden prever.

Esta diferencia es enorme, pues casi siempre sucede que cuando el primer efecto es favorable, las siguientes consecuencias son infortunadas, y viceversa.

De esto se concluye que un mal economista desea un pequeño bien inmediato a costa de grandes males futuros; y que un buen economista desea un gran bien futuro con riesgo de algunos pequeños males presentes.

Si un hombre pusiera atención sólo en lo que se ve, terminaría realizando los peores actos, no por su propia naturaleza, sino intencionalmente. Esto es lo que explica la dolorosa evolución del hombre.

Al inicio, la ignorancia lo rodea y se rige de acuerdo a lo que se ve; es después de un largo tiempo que aprende a ver las consecuencias posteriores de sus actos. Esto obliga a la investigación de lo que se ve y de lo que no se ve.

Bastiat acude a varios ejemplos para aclarar su idea. El primero de ellos es el del vidrio roto en una ventana. Ante esta rotura puede pensarse que es parte de la vida que un vidrio haya sido roto por alguien, pero que esos accidentes mantienen a la industria.

¿Qué sería de los vidrieros si nunca se rompiera un vidrio?

Ahora, supongamos que el vidrio tiene un costo de seis francos, lo que significa que la industria del vidrio recibirá esos seis francos, es decir, que tendrá un beneficio. Esto es cierto y es lo que se ve.

Lo que no puede concluirse es que es una buena idea romper ventanas porque así se incentiva a la industria en general. Hay que poner atención en lo que no se ve.

Y lo que no se ve es que esos seis francos gastados en la reposición del vidrio ya no serán gastados en otra cosa. Quizá el dueño de la ventana ya no comprará otros zapatos y el zapatero dejará de recibir esos seis francos.

Se ve que la industria del vidrio recibió seis francos, pero no se ve que el zapatero o el librero dejaron de recibir esos mismos seis francos. O sea, que no hay beneficio para la industria en total a la que no hizo diferencia si el vidrio no hubiera sido roto.

Pero como el dueño de la ventana es un miembro de la sociedad, la conclusión es obvia que la sociedad perdió una ventana. La sociedad perdió una ventana que fue innecesariamente destruida en este drama diario que tiene a tres personajes.

El dueño de la ventana, que es el consumidor, redujo su satisfacción al gozo de un objeto cuando podía haber gozado de dos. El vidriero que se vio favorecido con el accidente. Y el zapatero o el librero o el sastre cuya industria se vio desfavorecida por el accidente. Esta es la persona que permanece a la sombra, es lo que nunca se ve.

Otro ejemplo de Bastiat se refiere a los impuestos. Todos hemos escuchado la idea de que los impuestos son una inversión, algo que permite la vida de muchas familias y tienen efectos benéficos en la industria. La repetición de esa idea esencial nos ha hecho creer que es cierta.

Lo que se ve son los sueldos de los burócratas y los beneficios de los proveedores del gobierno. Lo que no se ve son los efectos negativos en los ciudadanos y la secuela negativa en los proveedores de esos ciudadanos.

Por definición cuando un gobierno gasta cien francos más, esto implica que los ciudadanos gastan cien francos menos. Lo que se ve es el gasto del gobierno, lo que no se ve es la falta de gasto en el ciudadano.

En el caso de servicios gubernamentales necesarios, los impuestos son una compra-venta igual a otras. Pero si se crea una nueva oficina de gobierno hay que probar su utilidad y ver si el servicio que presta representa lo que al ciudadano le cuesta en impuestos adicionales.

Lo que no puede argumentarse es que esos impuestos son buenos porque constituyen un ingreso a las familias de los burócratas y a quienes los proveen de productos y servicios.

No es válido el argumento de que esos impuestos serán gastados en el bien de la industria nacional, porque esos impuestos los hubiera empleado para su beneficio el mismo ciudadano con el mismo efecto.

Esto aplica a otro ejemplo de Bastiat, el de las obras públicas sustentadas en la idea de crear empleo.

Lo que se ve es el empleo creado y el sostenimiento de las familias de esos trabajadores, lo que no se ve es el retiro de dinero de los bolsillos del resto de los ciudadanos que hubieran gastado esos fondos en otra cosa y creado otros empleos.

Igualmente en el patrocinio de las artes. ¿Debe el Estado subsidiar las artes?

Quienes favorecen esa postura hacen ver argumentos como el efecto positivo en la población que eleva y amplía sus horizontes culturales, creando un sentido de belleza, lo que es de beneficio para la nación.

Lo que no se ve es la serie de argumentos contrarios, que señalan violaciones de la justicia. Difícilmente tiene el legislador derecho a meterse en la billetera del obrero para elevar los ingresos del escritor.

Además, deberían señalarse los límites de esos subsidios que pueden ser ilimitados, pues si se decidiera subsidiar todo lo bueno habría que hacer una lista interminable de ello.

Sucede lo mismo en los intermediarios. Lo que se ve es la utilidad del intermediario y contra ello pueden protestar algunos, pero lo que no se ve es lo que se tendría que pagar al gobierno en caso de que él fuera el intermediario único.

También con el libre comercio, donde se ve la protección que a la industria local dan los altos aranceles, pero no se ve el daño que sufre el ciudadano al comprar a precios más elevados lo que podría comprar a un precio menor.

El mérito de Bastiat, gracias a su estilo, es el de poner con extrema claridad una variable adicional en las decisiones gubernamentales.

Todo acto tiene consecuencias y lo que nos debe preocupar es la previsión de los efectos que no se ven con facilidad pero que son tan reales como los que sí se pueden ver. Pueden conducir a grandes males, por tanto, las medidas de gobierno que sólo ponen atención en los efectos inmediatos y que no consideran los efectos posteriores.

Muy posiblemente sea éste uno de los errores mayores en las decisiones económicas de los gobiernos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



3 Comentarios en “Lo Que no se ve”
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