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Malas Escuelas Públicas
Selección de ContraPeso.info
1 diciembre 2001
Sección: ESCUELAS, Sección: AmaYi
Catalogado en:


El tema de la educación es universalmente quizá el de mayor importancia, por eso no es casualidad que los gobiernos se hayan adentrado en ese terreno. El punto, sin embargo, es qué tan bueno es el sistema de educación pública. La contestación que presenta Richman es negativa. La educación pública, por su misma naturaleza, presenta cualidades que producen daño a la sociedad.

La obra consultada fue el libro de Richman, Sheldon L (1995). SEPARATING SCHOOL & STATE : HOW TO LIBERATE AMERICA’S FAMILIES. Fairfax, Va. Future of Freedom Foundation. 0964044714, chapter 2, What’s wrong with public schools, pp. 11-36.

Para poder estudiar a las escuelas públicas y emitir un juicio sobre ellas, lo que primero debe hacerse es tener en claro qué son, cómo funcionan, de dónde viene su financiamiento y cómo son administradas.

Eso dará una idea de las implicaciones de la educación pública.

Es obvio que las escuelas públicas son una rama del gobierno, lo que tiene repercusiones pues el gobierno es la única institución de la sociedad que puede usar la fuerza.

Esta es la manera por la que el gobierno obtiene sus ingresos mediante impuestos obligatorios. Esos impuestos son la fuente de financiamiento de las escuelas públicas.

Esta naturaleza de las escuelas públicas es clave para entenderlas y compararlas con un sistema de educación libre y voluntario. Quienes administran una escuela oficial tienen acceso a fuentes y formas de financiamiento que otros no tienen.

El autor pone un ejemplo: un zapatero no puede mandar una nota de venta a todas las casas y exigir con amenazas su pagos incluso a las personas que no le han comprado zapatos. Tampoco puede elevar sus precios sin considerar que sus clientes pueden irse con un competidor.

El financiamiento por medio de impuestos crea en los administradores de la educación pública y los maestros una actitud diferente a la que poseen quienes dependen de las preferencias libres de sus clientes.

Los clientes de la educación pública tienen muy escaso poder de decisión: sus hijos deben estudiar donde el gobierno quiere, con el programa oficial de estudios, con los maestros que la autoridad o el sindicato decidan. Esto no sucedería en un sistema libre de educación.

Las escuelas públicas presentan otra irregularidad, pues las personas no saben lo que por ella pagan. Los costos de la educación gubernamental están confundidos y revueltos con otros de la autoridad.

Esto no sucede en un sistema libre en el que las personas saben exactamente cuánto pagan por cada bien o servicio.

El ignorar el precio de las escuelas públicas tiene consecuencias al debilitar el sentido de responsabilidad de las autoridades educativas y darles poder para gastar dinero a su antojo imponiendo modas educativas dudosas.

La separación entre el administrador y el cliente ocasiona falta de responsabilidad en el primero, además de facilitar la entrada de supuestos expertos en educación con ideas equívocas e inseguras.

La falta de conocimiento de los costos de la educación impide el establecimiento de precios de mercado, lo que obstaculiza la disponibilidad de la información necesaria para hacer cálculos económicos; no se puede planear al igual que lo hacen las empresas y con ello satisfacer necesidades de las personas.

El incentivo de las utilidades no lo tienen las escuelas públicas y por eso carecen de la motivación para satisfacer necesidades de una mejor manera. En un mercado libre el cliente es soberano, pero no lo es en el caso de las escuelas públicas.

El aislamiento de las autoridades públicas tiene otra consecuencia, el de la influencia desproporcionada de una minoría.

En casi todo grupo o equipo emergen personas que toman el liderazgo ya que no todos en ese grupo tienen el tiempo para dedicarlo a esas tareas; las ocupaciones diarias no dan tiempo a las actividades del grupo, pero quien sí tiene tiempo emerge y toma el control.

Esto sucede en las escuelas públicas y produce la influencia desmedida de una elite de activistas que no necesariamente representan las opiniones de los contribuyentes.

Por otro lado, los burócratas que manejan las escuelas públicas poseen intereses personales y tienen incentivos para la elevación de sus presupuestos, para la implantación de sus programas y la ampliación de sus controles.

Son un grupo pequeño de intereses personales con inmenso poder en el control de la educación. Otra forma de centralización de la educación pública es la sindicalización de profesores y maestros, la que hace difícil la remoción de maestros de baja calidad.

Además, la centralización se agrava por el hecho de que el financiamiento de las escuelas públicas provienen de fondos estatales o federales, muy retirados de las comunidades específicas donde las escuelas se localizan. La consecuencia es lógica, los principales actores del sistema de educación pública son los administradores y los burócratas, no los padres de familia.

La educación pública, además, no distingue entre quienes tienen hijos en edad escolar y quienes no. Todos son tratados por igual. No hay justicia en el pago igual por educación que hacen los solteros, los ancianos, quienes no tienen hijos.

Puede argumentarse que ellos pagan porque la educación pública es un bien para todos y que eso tiene un costo para todos.

Pero aunque todos nos beneficiemos de una sociedad mejor educada eso no significa que todos debamos pagar por ella; igualmente nos beneficiamos con la disponibilidad de libros, que compramos si queremos, sin que ello signifique que todos deben pagar por esos libros.

En un sistema libre cada persona decide lo que cada cosa vale, sin que haya nadie que lo obligue a comprarlo. No debe temerse que en un sistema educativo libre se deje de comprar ese servicio, las personas lo quieren para ser mejores y progresar.

La no distinción entre padres con hijos en edad escolar y quienes no lo son significa además que en el financiamiento del sistema de escuelas públicas tiene igual peso las personas interesadas en él y las personas a quienes no interesa. Los padres de familia tienen que contentarse con la educación que para sus hijos deciden otros, la elite de activistas.

Esto es un ataque a la familia, que es el más importante factor de la educación de los hijos; las escuelas públicas quieren que la educación de los hijos sea dejada en sus manos sin voto de sus padres, sin posibilidades de selección alterna.

Se trata de una transferencia del poder que de los padres va al gobierno y esto debilita a la familia, la que es negativa en el desarrollo de los hijos. Las leyes obligan a los hijos a asistir a la escuela pero es el gobierno el que califica lo que una escuela es y naturalmente las escuelas públicas califican como tales; pero el gobierno se reserva el poder de descalificar como escuela a quien no cumpla con sus estándares.

Incluso el gobierno determina las escuelas a las que los hijos deben ir, dependiendo de zonas. Quienes pagan educación privada pueden seleccionar la escuela que desean pero eso significa el pago doble de la escuela privada y de la escuelas públicas a la que sus hijos no acuden.

Las personas de recursos medios o escasos no pueden darse ese lujo, es decir, que el poder de seleccionar a las escuelas es irreal.

El poder del gobierno para determinar la escuela a la que los hijos deben ir significa que tienen el poder para decidir el tipo de compañeros que tendrán, lo que equivale al retiro del poder de los padres para seleccionar una situación mejor para ellos.

En pocas palabras esto es decir que el gobierno sabe mejor cómo educar a los hijos que los padres mismos.

Más aún los padres tienen muy poco que decir acerca de lo que sus hijos aprenden en las escuelas públicas. Si el programa de estudios no les agrada no hay remedio posible. Esto es especialmente importante en lo que se refiere a la enseñanza de valores, donde las escuelas públicas no necesariamente coinciden con los valores familiares ni se distinguen en esta tarea.

A pesar de que las escuelas públicas claman una neutralidad moral, se inclinan hacia una educación que favorece las nociones de los gobiernos grandes y paternalistas que caricaturizan a los empresarios y los mercados libres.

Igualmente sesgada es la educación sobre temas ecológicos, sin disciplinas científicas y que pueden crear una especie de adoración pagana de la Madre Tierra. También, las escuelas públicas tienen inclinación por enseñar ideas que coinciden con los puntos de vista oficiales.

Las escuelas públicas son de talla única, en las que los alumnos son mezclados sin atención a sus talentos y habilidades, ignorando las diferencias reales entre los alumnos. El resultado es injusticia para todos, para los menos dotados, para los más dotados y para quienes tienen diferentes aptitudes en diferentes materias.

Las escuelas públicas violan la libertad de los pobres al imponerles impuestos y forzarlos a que sus hijos asistan a escuelas malas. Esas escuelas atentan contra la familia como una unidad de cuidado de los hijos y golpean la individualidad.

Las decisiones de la educación de los hijos son transferidas de los padres a las autoridades educativas. Se culpa de la falta de unidad familiar de la actualidad a la violencia en la televisión, pero no se pone atención en el debilitamiento de la familia producido por las escuelas públicas.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



3 Comentarios en “Malas Escuelas Públicas”
  1. GLORIA Dijo:

    muy buen articulo

  2. andreina Dijo:

    el articulo me parece muy interesante porque cada dia la educacion no tan solo en las escuelas publica es mala, muchas veces es la base y las politicas impartidas por los estados. El articulo esta lleno de mucha informacion que nos hace pensar coomo resolver esos problemas. FELICITACIONES.

  1. 60 Años de Condena | Contrapeso




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