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¿Por qué las escuelas públicas son malas? La evidencia disponible comprueba la mala calidad de la educación pública. ¿Las razones? Aquí se enumeran algunas de ellas.

Introducción

El tema de la educación es universalmente quizá el de mayor importancia, por eso no es casualidad que los gobiernos se hayan adentrado en ese terreno.

El punto, sin embargo, es qué tan bueno es el sistema de educación pública. La contestación que presenta Richman es negativa. La educación pública, por su misma naturaleza, presenta cualidades que producen daño a la sociedad. 

La obra consultada fue el libro de Richman, Sheldon L., Separating school & state: how to liberate america’s families. Fairfax, Va. Future of Freedom Foundation, chapter 2, «What’s wrong with public schools», pp. 11-36. 

¿Qué son las escuelas públicas?

Para poder estudiar a las escuelas públicas y emitir un juicio sobre ellas, lo que primero debe hacerse es tener en claro qué son, cómo funcionan, de dónde viene su financiamiento y cómo son administradas.

Eso dará una idea de las implicaciones de la educación pública.

Es obvio que las escuelas públicas son una rama del gobierno, lo que tiene repercusiones pues el gobierno es la única institución de la sociedad que puede usar la fuerza.

Esta es la manera por la que el gobierno obtiene sus ingresos mediante impuestos obligatorios. Esos impuestos son la fuente de financiamiento de las escuelas públicas.

¿Por qué las escuelas públicas son malas?

El autor propone las siguientes razones.

Educación libre, educación forzada

Esta naturaleza de las escuelas públicas es clave para entenderlas y compararlas con un sistema de educación libre y voluntario.

Quienes administran una escuela oficial tienen acceso a fuentes y formas de financiamiento que otros no tienen.

El autor pone un ejemplo. Un zapatero no puede mandar una nota de venta a todas las casas y exigir con amenazas su pagos incluso a las personas que no le han comprado zapatos. Tampoco puede elevar sus precios sin considerar que sus clientes pueden irse con un competidor.

El financiamiento por medio de impuestos crea en los administradores de la educación pública y en los maestros una actitud diferente a la que poseen quienes dependen de las preferencias libres de sus clientes.

Los clientes de la educación pública tienen muy escaso poder de decisión. Sus hijos deben estudiar donde el gobierno quiere, con el programa oficial de estudios, con los maestros que la autoridad o el sindicato decidan. Esto no sucedería en un sistema libre de educación.

¿Cuál es su precio?

Las escuelas públicas presentan otra irregularidad, pues las personas no saben lo que por ella pagan. Los costos de la educación gubernamental están confundidos y revueltos con otros de la autoridad.

Esto no sucede en un sistema libre en el que las personas saben exactamente cuánto pagan por cada bien o servicio.

El ignorar el precio de las escuelas públicas tiene consecuencias al debilitar el sentido de responsabilidad de las autoridades educativas y darles poder para gastar dinero a su antojo imponiendo modas educativas dudosas.

La separación entre el administrador y el cliente ocasiona falta de responsabilidad en el primero, además de facilitar la entrada de supuestos expertos en educación con ideas equívocas e inseguras.

La falta de conocimiento de los costos de la educación impide el establecimiento de precios de mercado, lo que obstaculiza la disponibilidad de la información necesaria para hacer cálculos económicos. No se puede planear al igual que lo hacen las empresas y con ello satisfacer necesidades de las personas.

El incentivo de las utilidades no lo tienen las escuelas públicas y por eso carecen de la motivación para satisfacer necesidades de una mejor manera.

En un mercado libre el cliente es soberano, pero no lo es en el caso de las escuelas públicas, por eso son malas.

La minoría que domina y centraliza

El aislamiento de las autoridades públicas tiene otra consecuencia, el de la influencia desproporcionada de una minoría.

En casi todo grupo o equipo emergen personas que toman el liderazgo ya que no todos en ese grupo tienen el tiempo para dedicarlo a esas tareas.

Las ocupaciones diarias no dan tiempo a las actividades del grupo, pero quien sí tiene tiempo emerge y toma el control.

Esto sucede en las estas instituciones y produce la influencia desmedida de una elite de activistas que no necesariamente representan las opiniones de los contribuyentes.

Por otro lado, los burócratas que manejan a las escuelas públicas poseen intereses personales y tienen incentivos para la elevación de sus presupuestos, para la implantación de sus programas y la ampliación de sus controles.

Son un grupo pequeño de intereses personales con inmenso poder en el control de la educación. Otra forma de centralización de la educación pública es la sindicalización de profesores y maestros, la que hace difícil la remoción de maestros de baja calidad.

Además, la centralización se agrava por el hecho de que el financiamiento de las escuelas públicas provienen de fondos estatales o federales, muy retirados de las comunidades específicas donde las escuelas se localizan.

La consecuencia es lógica, los principales actores del sistema de educación pública son los administradores y los burócratas, no los padres de familia. Por eso las escuelas públicas son malas.

Todos pagan aunque no estudien

La educación pública, además, no distingue entre quienes tienen hijos en edad escolar y quienes no. Todos son tratados por igual. No hay justicia en el pago igual por educación que hacen los solteros, los ancianos, quienes no tienen hijos.

Puede argumentarse que ellos pagan porque la educación pública es un bien para todos, un gasto social, y que eso tiene un costo para todos.

Pero aunque todos nos beneficiemos de una sociedad mejor educada eso no significa que todos debamos pagar por ella. Igualmente nos beneficiamos con la disponibilidad de libros, que compramos si queremos, sin que ello signifique que todos deben pagar por esos libros.

En un sistema libre cada persona decide lo que cada cosa vale, sin que haya nadie que lo obligue a comprarlo. No debe temerse que en un sistema educativo libre se deje de comprar ese servicio, las personas lo quieren para ser mejores y progresar.

Retiro de poder de los padres

La no distinción entre padres con hijos en edad escolar y quienes no lo son significa además que en el financiamiento del sistema de escuelas públicas tiene igual peso las personas interesadas en él y las personas a quienes no interesa.

Los padres de familia tienen que contentarse con la educación que para sus hijos deciden otros, la elite de activistas.

Esto es un ataque a la familia, que es el más importante factor de la educación de los hijos. Las escuelas públicas son malas porque quieren que la educación de los hijos sea dejada en sus manos sin voto de sus padres, sin posibilidades de selección alterna.

Se trata de una transferencia del poder que de los padres va al gobierno y esto debilita a la familia, la que es negativa en el desarrollo de los hijos.

Las leyes obligan a los hijos a asistir a la escuela pero es el gobierno el que califica lo que una escuela es y naturalmente las escuelas públicas califican como tales. Pero el gobierno se reserva el poder de descalificar como escuela a quien no cumpla con sus estándares.

Incluso el gobierno determina las escuelas a las que los hijos deben ir, dependiendo de zonas. Quienes pagan educación privada pueden seleccionar la escuela que desean pero eso significa el pago doble de la escuela privada y de la escuelas públicas a la que sus hijos no acuden.

Las personas de recursos medios o escasos no pueden darse ese lujo, es decir, que el poder de seleccionar a las escuelas es irreal.

El poder del gobierno para determinar la escuela a la que los hijos deben ir significa que tienen el poder para decidir el tipo de compañeros que tendrán. Esto equivale al retiro del poder de los padres para seleccionar una situación mejor para ellos.

En pocas palabras esto es decir que el gobierno sabe mejor cómo educar a los hijos que los padres mismos.

Educación decidida por el gobierno

Más aún los padres tienen muy poco que decir acerca de lo que sus hijos aprenden en las escuelas públicas. Si el programa de estudios no les agrada no hay remedio posible.

Esto es especialmente importante en lo que se refiere a la enseñanza de valores, donde las escuelas públicas no necesariamente coinciden con los valores familiares ni se distinguen en esta tarea.

A pesar de que ellas claman una neutralidad moral, se inclinan hacia una educación que favorece las nociones de los gobiernos grandes y paternalistas que caricaturizan a los empresarios y los mercados libres.

Igualmente sesgada es la educación sobre temas ecológicos, sin disciplinas científicas y que pueden crear una especie de adoración pagana de la Madre Tierra.

También, las escuelas públicas tienen inclinación por enseñar ideas que coinciden con los puntos de vista oficiales.

La talla única

Las escuelas públicas son malas porque son de talla única, en las que los alumnos son mezclados sin atención a sus talentos y habilidades, ignorando las diferencias reales entre los alumnos.

El resultado es injusticia para todos, para los menos dotados, para los más dotados y para quienes tienen diferentes aptitudes en diferentes materias.

Concluyendo

¿Por qué las escuelas públicas son malas? Las escuelas públicas violan la libertad de los pobres al imponerles impuestos y forzarlos a que sus hijos asistan a escuelas malas. Esas escuelas atentan contra la familia como una unidad de cuidado de los hijos y golpean la individualidad.

Las decisiones de la educación de los hijos son transferidas de los padres a las autoridades educativas.

Se culpa de la falta de unidad familiar de la actualidad a la violencia en la televisión, pero no se pone atención en el debilitamiento de la familia producido por las escuelas públicas.

Bonus scriptum: más sobre el tema de las malas escuelas públicas.

Calidad educativa y sus incentivos

Por Eduardo García Gaspar –   19 diciembre, 2012

Las escuelas públicas son malas y eso rs un asunto de incentivos. De motivaciones. De búsqueda del bien personal en la que la clave son las fuentes de los beneficios buscados.

Dependiendo de los incentivos variará la calidad de la educación. No es muy complicado.

Veamos esto de manera analítica. Examinemos dos tipos de escuelas. Comencemos por las públicas y sigamos después con las privadas.

Escuelas públicas

Las escuelas públicas están dominadas centralmente por cuestiones políticas. Tienen ellas motivaciones que llevan a satisfacer peticiones de sindicatos magisteriales.

Sindicatos que son usados por gobernantes para sus propios fines políticos. Un profesor no avanza profesionalmente por la calidad de su educación, sino por la obediencia con la que sigue los mandatos de su sindicato.

Para un profesor, en una escuela pública, los alumnos son una segunda prioridad. La primera es conservarse en el puesto y, si es posible avanzar teniendo más ingresos.

La calidad de su enseñanza no será tomada en cuenta tanto como su colaboración con el sindicato y sus dirigentes. Y estos, a su vez, avanzarán buscando más poder político, en un estrecho lazo con el gobierno.

Escuelas privadas

Las escuelas privadas, por su parte, no tienen esas circunstancias políticas. Su progreso dependerá más de la calidad de la educación que den, que de la obediencia al sindicato.

Un profesor que quiere mantenerse en su puesto o progresar en su campo, sabe que en lo general lo podrá lograr atendiendo la calidad de su labor.

No es una relación perfecta. Tiene excepciones. Sabemos del profesor de escuelas públicas que es un ejemplo notable de dedicación y sabemos del profesor malo que subsiste en una escuela privada.

Sin embargo, la relación se mantiene como principio general. Las motivaciones en las escuelas públicas tienden a reducir la calidad de la educación, y en la privadas a elevarla.

Una empresa privada

La cosa se explica mejor examinando los incentivos de una empresa privada.

La pizza que usted pide por teléfono viene de una empresa con incentivos para darle la pizza y el servicio que usted espera. Si no lo hace, eventualmente desaparecerá.

Pero si esa misma empresa recibe sus ingresos del gobierno, y no de usted, puedo asegurarle que la pizza que recibirá será inferior.

La gran variable es simple. ¿Quién paga el sueldo?

Si lo paga el cliente que selecciona entre varios, eso motiva a complacerlo. Si lo paga un tercero y el servicio se da a otro, eso motiva a complacer a quien paga, no a quien recibe el servicio. Esto es mero sentido común.

Quien conoce a la naturaleza humana lo aceptará sin dificultad.

Esta es la causa central por la que los servicios públicos tienden a ser de menor calidad que los servicios privados. Y porqué las escuelas públicas son malas.

Cuando quien recibe el bien o el servicio no es el que lo paga, el proveedor no lo atiende con la misma calidad que cuando sí es el que paga.

Hasta aquí todo es fácil de comprender, pero hay otra variable adicional.

Evaluación de los maestros

¿Cómo medir la calidad de la labor de un profesor? Medirla de manera objetiva y realista.

La medición más ridícula que conozco es el número de reprobados, pensando que cuando no los hay, eso significa un buen profesor. Puede haber casos en los que lo contrario sea real.

Lo mismo va para las evaluaciones que hacen los alumnos, que pueden reflejar animosidad.

Peor aún, la mejor medición es inaccesible: la del desempeño del alumno en su vida de adulto. Demasiada lejana y con demasiadas variables externas.

Quizá lo mejor sean esas mediciones generales de conocimientos y solución de problemas, al estilo de las de PISA o similares.

Con datos de este tipo, por escuela, los padres de familia, que son los verdaderos clientes de las escuelas, podrían tener un indicador valioso para seleccionar.

Es sobre este punto que se ha propuesto que sean los padres de familia quienes reciban del gobierno el dinero para ellos a su vez seleccionar la escuela que quieran. No está mal.

Eso cambiaría al pagador. Ya no serían el gobierno, sino los padres. Los incentivos cambiarían del todo.

Por supuesto, los sindicatos se opondrían, pues significaría quedarse sin poder.

Y una cosa más…

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Educación Pública.