Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Administración a la Versace
Eduardo García Gaspar
23 septiembre 2002
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La administración, por lo que a diario se ve, está llena de innovaciones y de adelantos. Eso es bueno, muy bueno. Lo malo es que no todas esas innovaciones son positivas, ni beneficiosas.

Tenemos modas en la administración y no todas las modas son buenas. Andar a la moda, no significa andar bien, aunque uno se lo crea.

Pongo un ejemplo de lo que me parece una moda sin mucho sentido, al menos lo que de ella conozco.

Es esa concepción de la empresa como un organismo vivo. Hasta donde sé, fue Peter Senge el que ha usado la idea de la organización viviente, por el que se entiende a la empresa como un ente prácticamente orgánico y con emociones.

The Living Company, de Arie de Geus es otro libro que va en la misma dirección. Esta moda de la empresa como una entidad viviente es muy vago y abstracto, por lo que sabemos muy bien qué hacer con la ella.

¿Es un asesinato cerrar una empresa quebrada? No lo creo, pues peor es mantener operando a una empresa que ya no tiene sostén de mercado, o que ha sido manejada torpemente y no tiene salvación.

¿Tiene una empresa una naturaleza propia como la humana? Lo dudo, no tiene alma y está formada por la actuación de sus empleados, proveedores, accionistas y clientes que entran y salen a diario.

Cierto, las empresas pueden tener sus estilos y personalidades, pero nada parecido a lo que los humanos hacemos. No comen, no beben, no… excepto en sentido figurado.

Peor aún, entender a la empresa como un organismo viviente, en esas palabras, me parece un desafortunado descuido de la razón de ser de la empresa, que es la acción empresarial y que sólo puede ser individual.

En otras palabras, ver a la empresa como un ser viviente, separado del resto de seres vivientes, descuida de raíz la razón de su existencia, que es el empresario.

Una empresa no ve, ni siente, ni oye. Los que ven, sienten escuchan, deciden, son los que allí trabajan, cada uno en su posición.

En una empresa en la que trabajé, por ejemplo, percibí problemas graves próximos. Yo los vi, la empresa no y sin embargo yo trabajaba allí.

En otra empresa, de las que hay muchas, sus empleados no hacen otra cosa que ver lo que su jefe les dice que vean y nada más. Al final, lo que me parece peligroso en extremo es no ser crítico en la aceptación de las cosas nuevas.

Tendemos a aceptar como mejor a todo lo nuevo y creo que eso está equivocado. No todo lo nuevo es mejor, como a mí me parece ese rollo de la empresa viviente, el que es incluso peligroso pues ignora a las personas en su concepción individual.

Para mí, la acción humana es la causa de la empresa y no al revés.

No es la empresa la que produce la acción humana. Más aún, el sentido empresarial es una cualidad verdaderamente individual, no puede ser colectiva y genérica.

La lección, por tanto, es obvia: no hay que aceptar las cosas simplemente porque son nuevas modas que el resto se ha puesto, lo que es una gran tentación para muchos ejecutivos. Andar con jeans Versace no necesariamente es andar bien.

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