Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Alegrías de la Vida
Eduardo García Gaspar
6 marzo 2002
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si usted me dice que la vida tiene un buen cúmulo de tristezas y situaciones amargas, me obligará a estar de acuerdo con usted y me apremiará a agregar que la vida también tiene dosis importantes de alegría y gustos.

Y creo que uno de los más grandes alborozos que tiene nuestra vida en esta tierra está al alcance de la mano, me refiero a los libros.

Creo sinceramente que los libros son causa de mejoras en nuestra existencia y desearía que en general las personas leyeran un poco más y vieran menos televisión.

La televisión, si bien no es mala en sí misma, no provee la misma intensidad de placer que un libro proporciona. La tele es muy mandona, nos obliga a hacer citas con ella y respetar sus horarios en el orden que ella exige.

Los libros son bonachones, están allí listos para cuando nosotros decidamos leerlos y no exigen seguir un orden determinado. Pero, los libros reclaman atención y esfuerzo, mientras que la televisión nos lleva a la holgazanería.

Hay libros buenos y hay libros malos. Los hay con buenas ideas y con malas. Los hay bien escritos y mal redactados. Los hay irrelevantes y los hay importantes. Los hay confusos y claros.

Desde luego, los mejores libros son los importantes, claros y de calidad, sean de lo que sean. Si, por ejemplo, quiere usted pasar un rato de diversión y emoción, pocas cosas hay mejores que los cuentos de Edgar Allan Poe. Ellos dejan que la imaginación vuele, junto con el tiempo y dejan amables sabores de boca.

Si, en otro caso, se prefiere leer sobre arte, un tema en el que no puedo argumentar conocer mucho, creo que pocos libros son mejores que el de Gombrich, titulado La Historia del Arte. Usted lo puede conseguir en una edición reciente de Diana Conaculta.

La edición original es de más o menos 1950 y ha sido reeditado consistentemente desde esa fecha. Gombrich tiene la cualidad de emocionarnos al contar, por ejemplo, las razones de los dibujos egipcios y la dificultad en las obras recientes para distinguir la basura de lo trascendente.

Muchas de las obras de arte de nuestra época, usted me dará la razón, dan la impresión de ser inmundicias sin razón, producto más de querer escandalizar que de tener logros estéticos.

Las ideas de Gombrich nos ayudan a eso, a comprender el arte del pasado y del presente.

Otro de los libros deslumbrantes de nuestros tiempos es Tiempos Modernos del historiador inglés Paul Johnson, que editó en español Vergara. Se trata de un recuento de los sucesos mundiales más relevantes del siglo 20, narrados de manera emocionante y repletos de datos pertinentes.

Lo que libros como éste nos permiten es mejorar nuestro entendimiento de la realidad, de lo que acontece aquí en nuestra ciudad y en el resto del mundo. Y eso, el poder entender a la realidad, no tiene precio… provoca en el humano un sentimiento de tranquilidad y satisfacción que es imposible que produzca telenovela alguna.

Eso es lo que hacen los libros, hacernos más humanos, realizar nuestra esencia. Y eso se logra leyendo a humoristas como Jardiel Poncela, a conocedores de la naturaleza humana como Maquiavelo y a libros que transformaron al mundo como La Riqueza de las Naciones.

Claro, desde luego, hay libros malos, que son los que tienen ideas destructivas, los que por lo general están mal escritos o fallan en sus razonamientos, como Das Kapital.

Pero aún esos libros malos hacen una obra buena, permiten afinar los conocimientos y detectar los errores. Los que no soporto son los libros mediocres, esos que no son ni buenos ni malos, que proponen en concreto nada y lo hacen de manera brillante, aprovechando más la forma que el fondo.

Muchos de esos son los libros de mejora personal que intentan resolver las vidas ajenas con recetas de cocina sin aportar principios valiosos, ni ideas de fondo.

¿Cómo poder explicar racionalmente que esta generación de lectores haya comprado más libros de Cuauhtémoc Sánchez que de Cervantes? ¿Qué ha hecho que libros superficiales como Dónde pusieron mi queso sean más leídos que cualquiera de las obras de Shakespeare en esta generación?

Yo no sé cuál es la respuesta pero al menos, alguna gente lee esos libros… y de seguir leyendo es probable que llegue a gozar de obras como esas dos que mencioné, la de Gombrich y la de Johnson. Anímese y estas vacaciones que vienen lea un par de libros.

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