Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Antes Bien, Después Mal
Eduardo García Gaspar
5 julio 2002
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Usted ha visto esos anuncios de dietas, cirugías plásticas y tinturas de pelo. Hay en esos anuncios dos fotografías, la de antes y la de después.

La de antes muestra a una mujer fea, desarreglada, con más de cien kilos de peso. La fotografía de después enseña a la misma dama, ahora guapa, arreglada y con un físico que rivaliza con el de cualquier modelo o artista de cine.

Con la democracia sucede lo mismo que con esa publicidad, pero al revés. La democracia en su primera etapa es muy atractiva y maravillosa, un gran ideal al que hay que aspirar y el mayor avance posible.

La democracia, cuando no se tiene, es grande, pasmosa, deslumbrante y el gran objetivo que debe ser alcanzado.

Pero, la democracia, cuando ya se vive con ella, es otra cosa. Ya no es tan maravillosa pues tiene sus graves defectos. Ya no es ese ideal que tantas ilusiones produjo, sino una realidad que tiene sus fracasos.

En fin, la democracia es una muy diferente cuando no se tiene que cuando ya se vive en ella. O, como decía un amigo de su matrimonio con una mujer guapísima, “Vive con ella para que veas”.

La democracia, cuando no se tiene, es un modelo ansiado que se busca y por el que se lucha. Cuando no se tiene, democracia tiene mucho de oposición política, como México lo ha vivido por décadas.

Durante los tiempos del poder concentrado en un sólo partido, el demócrata era definido prácticamente como de oposición a ese partido y su gobierno.

No importaba si eran liberales o socialistas, los de la oposición política se definían en buena manera como demócratas y buscaban implantar ese sistema tan idealizado.

No existía una definición clara de democracia y de su forma de funcionar en la práctica, pues todo lo que se necesitaba para ser demócrata era ser de oposición, es decir, reclamar la posibilidad de otro gobierno elegido con votos respetados.

Peor aún, en el caso mexicano, de muy escasa tradición liberal, la democracia llegó a ser eso nada más, oposición a un partido de estado con todas las dosis de idealismo que eso requiere. Esta era la fotografía de antes, en la que la democracia era bella, divina, una beldad.

Pero la fotografía de después es otra cosa. La democracia llega, se hace realidad y ya no tiene sentido que sea oposición pues la oposición de antes es la que ahora está en el poder.

La democracia ahora, una vez que se ha logrado en términos de la salida del poder del partido de estado, debe resolver un problema de funcionamiento en la realidad. Por principio de cuentas, ella no es el sistema milagroso que todo soluciona y eso va a causar decepción entre los ciudadanos que esperaban una varita mágica.

Una vez que la democracia deja de ser oposición, ella debe dirigirse a determinar sus reglas de funcionamiento real y práctico en el logro de acuerdos políticos entre los diferentes poderes del gobierno.

Si los partidos políticos atrasan sus percepciones y siguen entendiendo a la democracia como oposición se dará la situación mexicana actual, que es la de rivalidades, atorones y conflictos entre los partidos. Obviamente esto es cierto en nuestro país, muchos de nuestros gobernantes siguen creyendo que democracia es oponerse al que tiene el poder.

Pero si los partidos políticos y gobernantes entienden que esa definición de democracia como oposición idealista ya no es vigente, pondrán su atención en eso que es la razón de sus sueldos, el llegar a acuerdos para el buen funcionamiento del país, con otras bases a las anteriores porque la situación es diferente.

Antes el partido de la presidencia hacía lo que quería o casi, pero ahora eso ya no es cierto. Dentro de situaciones diferentes el viejo concepto de democracia ya no funciona. Si usted quiere profundizar en estas cuestiones, le sugiero leer el libro de G. Sartori, ¿Qué es la democracia? Se lo recomiendo ampliamente.

Lo que digo en esa segunda opinión es sencillo, la democracia de antes era más bonita que la de ahora, aunque en el fondo sea la misma. Antes la veíamos de lejos y no vivíamos con ella. Ahora la tenemos en casa y la vemos de cerca. Antes era el ideal de la oposición por excelencia. Ahora es la práctica cotidiana.

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