Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Arte en Venta
Eduardo García Gaspar
30 mayo 2002
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Y resultó que de repente, sin siquiera ser prevenido, me encontré, con harta sorpresa, frente a una pintura grande, de unos dos metros de alto por otro tanto de ancho, con la imagen de un desnudo masculino, total, mal pintado pero que mostraba con todos los detalles la anatomía humana, detrás del cual había un paisaje.

A los pies del desnudo estaba una regla gigantesca a todo lo ancho del cuadro, con sus indicaciones de centímetros, decímetros y metros.

Todo empezó un día antes, cuando con un amigo surgió la conversación sobre el arte y la pintura. Fue una conversación sabrosa, pues él sabía mucho de arte, pero sobre todo conocía a varios promotores o agentes de pintores.

Me ofreció presentarme a uno de ellos, el que gracias a ser su amigo incluso me haría una rebaja si es que yo deseaba comprar alguna de las pinturas que él tuviera en su galería. Acordamos una cita para el día siguiente y fue así que entramos al mediodía en la galería del amigo de mi amigo.

No recuerdo cuántos cuadros tenía colgados en sus paredes, pero no eran pocos. Al principio me dejaron caminar libremente por los pasillos, donde encontré arte del que no entiendo.

Había un periódico pegado en un cuadro con unos hilos colgando, todo con apariencia de suciedad. Otro cuadro exhibía unas manchas de muy diversos colores, sin orden aparente, dentro de los que se distinguía la figura inconfundible de una mujer de costumbres alocadas que llevaba varias décadas ejerciendo su oficio.

El amigo de mi amigo amablemente me preguntó qué cuadros me gustaban. Le dije que me atraen las naturalezas muertas, los paisajes y la pintura religiosa. Le dije que era yo conservador en mis gustos y que lo moderno, en general, no era de mi agrado.

Fue esto último lo que enojó a esta persona y me llevó con cierto enfado al cuadro que según él era lo mejor que había visto en todo el año. Fue así que llegué frente a frente con esa pintura, la de hombre desnudo, tamaño natural, pintado con todas las minucias anatómicas en detalle y con la regla gigantesca en el piso.

Me dijo que me lo vendía con un descuento importante. Yo le dije que no me imaginaba que en mi casa estuviera esa pintura, con todo eso mostrado en la sala, que había cosas más bellas y que no entendía qué era lo que eso representaba.

Siguió entonces su regaño. Me dijo que yo era un anticuado, que despreciaba la pintura moderna, que vivía en el siglo pasado, que lo importante era lo que el artista quiso decir con su pintura.

E insistió en ese punto: lo importante es sentir lo que el artista quiso decir con su expresión plástica, lo que el pintor desea expresar al resto de los humanos, lo que el artista lleva dentro y con su pintura descubre para beneficio del resto.

Bueno, pues yo no sé, hasta la fecha, qué quiso decir el pintor de ese cuadro, con la posible excepción de su uso como parte de una clase de Anatomía para alumnos de reciente ingreso a la carrera de medicina.

Y es que ese rollo de hablar de lo que el artista quiso decir con su obra me parece bastante tonto, pues presupone que los artistas, todos, tienen algo interesante qué decir. No lo creo.

Es más, por lo que he visto, la mayoría tienen cosas muy poco interesantes para contarnos. La pintura es esencialmente belleza, una combinación de colores y manchas que en conjunto son algo que llamamos arte y eso significa belleza.

La belleza se encuentra en la reacción que uno tiene frente a un cuadro, como sin duda Las Meninas de Velázquez, una pintura compleja, de gran oficio y bien hecha, quizá la mejor de todos los tiempos.

O en la pintura de algún italiano del Renacimiento. Pero también en alguna obra más reciente de Dalí, por ejemplo… con los Impresionistas muy sobrevalorados.

Pero lo que sucede, al final, es que hay tanta presión de venta de pinturas que ella intenta convertir en bello lo que no lo es. Y no siendo bellas muchas pinturas modernas, el único argumento que queda es ése, el de hablar de lo que el artista quiso decir.

Tal vez quiso decir algo, no lo dudo, el problema es que eso que quiso expresar es poco interesante, aburrido, irrelevante, sin importancia, ni trascendencia… y eso no es arte, sino un fallido intento de comunicación a un precio demasiado elevado.

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