Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ayuda Internacional
Eduardo García Gaspar
7 marzo 2002
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La recién finalizada cumbre de la ONU muestra varias cosas interesantes.

Una de ellas es la enorme necesidad de dinero para poder salir de las situaciones de pobreza que se viven en tantos países.

La cuestión es lo más natural del mundo. Sin capital, en forma de préstamos, donativos, o bienes, simplemente no se puede intentar la solución a la pobreza.

Y los países menos desarrollados carecen del capital suficiente para dejar de serlo. Ellos no crearon capital, por la razón que sea, pero no lo han creado al menos en la cantidad suficiente como para satisfacer siquiera medianamente sus necesidades.

La solución, desde luego, es acudir a los países que han creado capital en grandes cantidades, tanto que pueden exportarlo de su lugar de origen.

Esto ya da una clave para la solución del problema de la pobreza: hacer lo mismo que hicieron los países que sí tienen capital… o visto de otra forma, evitar las cosas que impidieron la creación de capital.

Esas cosas son varias, como evitar regímenes dictatoriales y no democráticos, asegurar la propiedad de la tierra y de los bienes personales, mantener la libertad de expresión, tener tolerancia religiosa, dividir los poderes gubernamentales, establecer mercados libres, castigar la corrupción, tener policía efectiva, poseer tribunales honestos y eficientes, descentralizar el poder geográficamente, establecer códigos sencillos de ética cuyo respeto es la expectativa común del ciudadano.

Son sencillas medidas de sentido común, cuya existencia es un incentivo a la formación de capital y ahorro. Los países pobres son naciones en las que esas cosas no se han dado.

A pesar de eso, y por necesidades urgentes, es válido hacer explícito en problema de la miseria, especialmente cuando la brecha entre los más ricos y los más pobres se eleva.

La inercia de crecimiento de los países más ricos se mantiene, al igual que la inercia de empobrecimiento de los países más pobres. Y ése en un gran problema.

Vayamos ahora a la situación actual. ¿Es un deber legítimo el que los más ricos ayuden a los más pobres? Sin duda alguna, si es que aceptamos la responsabilidad Cristiana de compadecerse del menos afortunado.

La caridad, la misericordia, la compasión, todo eso es parte de la responsabilidad personal que hace a la persona humana ser eso, humana. Si esto aplica a nivel personal, no veo razón por la que no deba aplicarse a nivel de naciones, regiones y continentes.

No tendría sentido que la caridad se detuviera en las fronteras del propio país. ¿Está la caridad limitada a ser realizada por los gobiernos? Definitivamente no. La caridad es una responsabilidad individual, no institucional.

Por tanto, no sólo los gobiernos pueden participar en las actividades de ayuda a los países pobres, sino sobre todo las personas individuales o asociadas. Una de esas posibles ayudas es, desde luego, la inversión extranjera. Otra son los préstamos externos. Otra son las ayudas internacionales.

Sencillamente sería un grave error dejar el monopolio de la ayuda internacional en manos de los gobiernos, instituciones proverbiales de mala administración.

¿Debe darse esa ayuda internacional sin condiciones? Absolutamente no. Sería inmoral hacerlo.

Las ayudas internacionales no pueden fluir sin ser examinado aquél que las recibe. Si esto no se hace, se corre el riesgo de hacer que la ayuda se torne una fomento a las causas de la pobreza.

Si las ayudas, por ejemplo, las recibe un gobierno corrupto esas ayudas no solamente no resolverán parte de la miseria, sino que fomentarán la razón de esa pobreza.

Más aún, eso sería un acto de irresponsabilidad en el manejo de los recursos dados. Sí, no pueden darse ayudas internacionales, ni préstamos de manera indiscriminada. Ello sería inmoral e irresponsable. Y, esas ayudas sin condiciones, peor aún, contribuirían a empeorar la situación que tratan de remediar.

La crítica que hacen quienes no desean ayuda internacional condicionada generalmente parte de la realidad de que los países ricos tienen también presentan situaciones de corrupción e ilegalidad. Es cierto, EEUU, por ejemplo, tiene sobre sí el penoso problema de Enron.

Pero este tipo de situaciones no anulan la validez del razonamiento anterior. Las ayudas internacionales verdaderamente efectivas deben ser condicionadas, un punto en el que esencialmente están de acuerdo varios gobernantes, como Bush y Chirac según recientes declaraciones.

Las ayudas internacionales sin condiciones serían el mayor fomento dado a la incompetencia y a la ineptitud de gobiernos que han sido la causa del problema por el que ahora claman un supuesto derecho a la ayuda internacional.

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