Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buenas Maneras Tecnológicas
Eduardo García Gaspar
1 abril 2002
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un hecho que en nuestra época los adelantos han cambiando nuestra vida. Nuestros abuelos recordaban con emoción a un avión que podía desarrollar 50 kilómetros por hora. En la actualidad esa velocidad supera al Mach2. Pensemos tan sólo en la realidad de que el Concord, con todo y sus vaivenes, es del siglo pasado.

Quien en los años sesenta y setenta trabajó con tarjetas perforadas para computadora, quizá recuerde que sin darse mucha cuenta de ello, era considerado de extrema mala educación el desacomodarlas.

En todo se ha adelantado menos en el incremento de la calidad de los gobiernos. Por esto, una segunda opinión debe referirse a los buenos modales al usar aparatos tecnológicos modernos.

Primero. Es de pésima educación dejar sonar los teléfonos móviles en lugares públicos, cerrados en los que se celebra un evento; por ejemplo, teatros, cines, iglesias, salones de clase.

Nada tan desagradable como escuchar el terrible sonido de un celular cuando se está disfrutando de un concierto con el último movimiento de la sinfonía 51 de Mozart y, repentinamente suena un teléfono con el horripilante sonido electrónico.

Segundo. Tampoco debe sostenerse una conversación telefónica en esos sitios, por ejemplo, viendo una película por la que se pagó dinero. Cuando usted paga por el boleto para una función de cine, usted es temporalmente dueño de un lugar y un espacio, en el que existe promesa de buen comportamiento por parte del resto de los dueños de los demás lugares.

Esos dueños carecen del derecho de alterar las condiciones bajo las cuales se exhibe la película. De aquí, se deduce que es una terrible falta social sostener una conversación telefónica dentro del cine.

Tercero. Lo mismo sucede en las reuniones de negocios o de amigos, en las que varias personas está atendiendo en común algún asunto y, sorpresivamente suena un teléfono móvil que es contestado.

Así se interrumpe el flujo de la conversación y se afecta la productividad de la reunión, insultando a quienes tienen presencia en la reunión.

Cuarto. Muchos automóviles tienen en la actualidad equipos de música que tienen potencia para ser escuchados dentro de un pequeño estadio de fútbol, especialmente con un aditamento llamado subwoofer.

Es de extrema mala educación exagerar el volumen de sonido de esos aparatos de manera que todo el mundo a doscientos metros a la redonda pueda enterarse de que la música tocada es el último CD de Ludicrous Aluminun. El principio que opera es el de dejar para sí mismo el gusto por la música personal.

Quinto. Las computadoras u ordenadores deben de ser vistos como artículos de índole personal, muy similares a los cepillos de dientes. Entrar a una máquina de este tipo no es diferente a abrir un cajón propiedad de otra persona; siempre debe pedirse permiso antes de hacerlo. Solamente las computadoras claramente marcadas como de uso común pueden ser accedidas por todos.

Sexto. No sólo es de buena educación, sino de extrema utilidad el leer los manuales con instrucciones que cada nuevo aparato tecnológico tiene y requiere para su buen uso.

Conocer estas instrucciones, además, permite la posibilidad de ayudar a los otros, idiotas que no las leen, por lo que se considera una obra de caridad. Es en esas instrucciones que uno averigua que el ratón no es un pedal y que no existe una tecla que sea cualquiera.

Séptimo. El control remoto, especialmente para su uso en televisión, tiende a ser usado en demasía por parte de quien lo tiene en propiedad momentánea, con lo que puede causar enajenación en los seres que se encuentran a su alrededor al cambiar de canal cada tres nanosegundos, darle vuelta a todo el cuadrante de canales, para concluir que a pesar de tener 78 canales no hay nada que valga la pena.

Quien use el control remoto, antes de cambiar de canal, debe ser amable y preguntar a los demás si les parece que se ejecute un cambio de sintonía.

Octavo. Debe ser considerado de mala educación, por parte de los fabricantes, el vender aparatos tecnológicos sin instrucciones claras y amables, que puedan ser entendidas por cualquier persona medianamente educada.

No es válido, por ejemplo, tener un manual de instrucciones que ha sido mal traducido y que dice cosas como ésta: “Después de afinar el GVB, pulce el botón HGF de mamara que la compocición de la pantaya pueda ser de en color”.

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