Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Célebres de Pena
Eduardo García Gaspar
8 marzo 2002
Sección: FAMOSOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los tristes famosos son esos que vemos y escuchamos en los medios, para los que se han creado programas de televisión que los ventanean y exponen, y revistas que los entrevistan y consideran importantes.

Me refiero a la serie de personas que tienen profesiones dignas, como las de actor o cantante, que los hacen ser célebres.

Sí, son profesiones decentes y decorosas, como cualquier otra. Pero, sucede que los tristes famosos van más allá de lo que requiere su profesión. Ya no se limitan a cantar muchos de ellos, ni se contentan con dar una buena actuación.

Han rebasado eso y ahora nos cuentan sus vidas y sus intimidades, nos hablan de sus envilecimientos y desviaciones.

Quieren que sepamos de las veces que han brincado en las camas que no son suyas, de los cambios de amantes; quieren que nos enteremos de sus temperamentos sexuales y de sus inclinaciones más viles; quieren que sepamos de sus opiniones en contra de valores y principios morales porque ellos están en contra de lo tradicional.

Quieren que sepamos en qué partes de sus anatomías se han puesto aretes y tatuajes. En fin, están ansiosos de ganar fama, no por medio de la calidad de su profesión, sino por lo escandaloso de su vida.

Creen que cuanta más baja sea su moral, más grande será su popularidad. Ya no es una lucha por el buen cantar ni por la buena actuación, sino una pelea por la más execrable revelación.

El número de discos que venden puede estar en función del número de personas con las que se han acostado. Podemos saber más detalles de la vida íntima de una cantante o de un actor que de lo que nosotros contaríamos de nuestra propia vida a nuestros más cercamos amigos.

Triste debe ser en verdad fundamentar la venta de discos o la audiencia de un programa en las bajezas de sus artistas.

Esto, no solo educa mal al público en cuanto a no reconocer la calidad de un cantante, por ejemplo, sino que también mina la moral y la ética de las personas, especialmente de los jóvenes que, sin tener guías, pueden llegar a creer que esas personas son dignas de imitación.

Los pobres desconocidos son esos que se atreven a revelar sus problemas personales en los programas de televisión. En esencia cuentan las mismas bajezas que los famosos, pero no tienen la esperanza de una recompensa monetaria.

Para ellos no hay nada más que la estúpida idea de hablar de sus atormentadas vidas, contando las cosas más soeces y vulgares, guiados por los improvisados y abusivos.

Tanto los tristes famosos como los pobres desconocidos están contando sus infamia, indignidades, desviaciones, anormalidades e infamias.

Un panorama ciertamente desolador en sí mismo, pues pinta una sociedad baja y ruin, sin esperanza y sin dirección. Más desolador aún es el panorama cuando en el mundo sí existen causas positivas y adelantos y progresos y principios.

Sí, existen buenos libros, buenos discos, buenas películas, buenos cantantes, obras de calidad; pero no, hay un empeño en mostrar sólo, y como circo, lo malo, lo bajo, lo desviado.

Claro que todo esta situación no existiría en la misma proporción sin la colaboración activa de dos jugadores muy importantes. Uno de ellos es el espectador, pues sin los lectores de esas publicaciones y sin la audiencia de esos programas, ellos no existirían.

El otro jugador son esos mismos medios que han tomado la opción de lo fácil y barato, de lo que no requiere talento ni preparación.

Este fenómeno ha ido elevándose poco a poco, sin darnos cuenta hasta llegar a los extremos actuales. Por ello, pienso, es que tenemos escasa conciencia de lo alarmante que en realidad es escuchar incluso en noticieros serios largos minutos de noticias dedicadas a los escándalos artísticos.

Resulta que uno prende el televisor para saber lo que ha sucedido en el país y lo único que se averigua es el más pequeño detalle de la muerte de un artista drogadicto o de la aventuras sexuales de algún cantante. Y ya no nos sorprende eso, lo que en sí mismo es el drama de esta cuestión.

Lo toleramos sin juicio ético, ni siquiera decimos que está mal creyendo que es mejor decir que cada quien puede hacer lo que quiera…. cuando lo que debíamos pensar es que no debemos hacer todo lo que podemos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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