Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cigarros, Farmacias
Eduardo García Gaspar
6 junio 2002
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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La sociedad es un ente en extremo complicado. Como el jueguito de los palitos chinos, en el que usted debe retirar uno a uno sin mover el resto, en la sociedad es muy difícil hacer algo sin que tenga efectos en áreas no previstas.

Esto ha sido tratado desde hace ya al menos un par de siglos, por lo que nadie puede reclamar ignorancia al respecto.

Claro, nadie, excepto nuestras autoridades de salud con sus recientes regulaciones a la comercialización de cigarros. Una de esas regulaciones hará que sea prohibida la compra de cigarros en farmacias.

Supongo que, en parte, esta regulación esté dedicada a motivos estéticos, pues se debe considerar incongruente que una farmacia, dedicada a la salud de las personas, venda un producto que todos sabemos es muy rico, pero muy nocivo.

La cuestión no es tan sencilla. Entrar a regular a la sociedad requiere inteligencia y no sólo encomiables intenciones, ni sólo sueños utópicos de autoridades febriles. Y está regulación futura posible va a tener consecuencias que han sido ignoradas por la autoridad.

Acompáñeme a ver una de esas consecuencias. Se va a sorprender. De entrada, esa prohibición de vender cigarros en las farmacias es violatoria de derechos personales.

Al dueño de una tienda se le está prohibiendo vender un artículo que es legal y permitido. El dueño de farmacias, por tanto, es legalmente inferior al dueño de una papelería o de un supermercado.

Sí, es cierto, se da una discriminación ilegal de personas por causa de su actividad económica. Luego, desde luego, está la afectación de la situación financiera de las farmacias.

Al serles prohibida la entrada de dinero por la venta de cigarros, las farmacias en alguna proporción van necesariamente a tener menos ingresos. No sé cuánto, pero van a ser afectadas sin remedio por ese capricho.

En el monto que ellas sean afectadas su situación será alterada para peor, poco o mucho, pero lo será.

En esa proporción, las farmacias estarán en una posición negativa cuyos efectos necesariamente son malos. Quizá tengan que cerrar más temprano para hacer ahorros por los ingresos menores, quizá no se abran tantas farmacias como se tenían planeadas, quizá no se contraten tantos empleados como se quería, quizá su capital de trabajo, ahora menor, les impida tener el surtido deseable.

No sabemos el monto exacto de esos efectos, pero sí sabemos que los habrá, simplemente porque esa prohibición hará descender sin remedio los ingresos de las farmacias.

Es decir, queriendo hacer el bien la autoridad daña a las farmacias en concreto y a la ciudadanía por extensión. ¿Disminuirá esa prohibición de venta de cigarros en farmacias el consumo de tabaco? Seguramente no.

El fumador simplemente irá a otros lados, por ejemplo a supermercados y tiendas de conveniencia.

Estos distribuidores serán los beneficiados a costa del daño causado a las farmacias y todo motivado por una autoridad ignorante de esta Teoría de Efectos no Intencionales.

Y ésa es una gran teoría sin la que es difícil ser un buen gobernante. Si usted es un burócrata preocupado por la salud de la población y decide elevar con impuestos especiales el precio del cigarro creyendo que así desmotivará su consumo, más le vale pensarlo otra vez.

Dependiendo de la elasticidad de la demanda del cigarro, pero suponiendo que es inelástica, un precio elevado en el cigarro puede provocar mercados negros y contrabando, cuyos daños serán peores a la situación que usted está tratando de remediar.

Otro ejemplo en otra industria. Tome usted a un país, el que sea, en el que todos los autos se fabrican allí, sin importaciones.

El robo de automóviles en ese país será reducido y de dimensión interna, pues nadie afuera querrá autos sin estándares internacionales.

Pero abra las fronteras de esa país a la importación de autos con estándares internacionales y, si no se ataca a la criminalidad, ese país se volverá el paraíso de la industria de robos de autos, que ahora pueden ser exportados por los ladrones con un mercado global.

La apertura del mercado mexicano a los autos incentivó a los ladrones de carros. La culpa no la tiene la apertura, lo que falló fue la policía de nuestro país que no previó ese efecto colateral muy probable.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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