Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Comercio Excesivo
Eduardo García Gaspar
2 julio 2002
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todos hemos oído esa queja, la de que algo ha sido comercializado en exceso. Y posiblemente sea cierto. Uno de los casos es el arte, sobre lo que ya he escrito hace tiempo.

Hay tanta presión monetaria en el negocio del arte que en muchas ocasiones se pretende hacer pasar por bello lo que no lo es. La queja más reciente que escuché fue ese comentario, consistentemente repetido, en TVAzteca, durante su programa Los Protagonistas.

El lamento de varios de los conductores del programa mencionaba que el futbol había sido comercializado en extremo durante la pasada copa mundial… ésa en la que varios árbitros cambiaron el destino de algunos equipos.

Decían que los derechos de TV habían sido vendidos a precios enormes, dados a TV restringida, que existían grandes presiones financieras que incluso forzaban a los entrenadores de las selecciones a jugar defensivamente, dando al traste con el espectáculo.

Por eso, decían, los partidos de esa copa fueron en lo general malos. En fin, incluso hablaron de un futbol secuestrado por intereses comerciales, retirado de la gente y destinado a convertirse en una fábrica de billetes para los organizadores.

Ya que quienes dijeron esto son personas que saben de futbol, creo que hay que partir del supuesto de que tienen razón. Sí, creo que es cierto. Hay tanto dinero en ese deporte profesional que las tentaciones de comercializarlo en exceso son grandes.

Ahora, vayamos a una segunda opinión sobre este asunto y quizá usted quiera acompañarme a examinar más de fondo esa cuestión… digo, porque los expertos en futbol no necesariamente saben de las cuestiones de la comercialización.

Nuestro punto de arranque es, desde luego, el preguntar por qué hay tanto dinero en ese deporte. La respuesta es la misma del por qué cierto producto se vende bien. La razón es su gran aceptación por parte de muchos miles de millones de personas.

En casi todo el mundo, excepto los EEUU, hay aficionados al futbol. Ésa es una buena cantidad de clientes. No sólo gusta, sino que causa pasión y hay fanatismo.

De aquí viene el dinero, de los clientes que son quienes ven los partidos. Por poco que gaste cada uno en ver este deporte, las cantidades son fabulosas.

El otro punto básico es el soporte del futbol.

Como todos, este deporte es un medio de vida para muchas personas, especialmente sus actores y todos los que hacen posible el espectáculo. Ellos necesitan ganar dinero para vivir. Nada de malo hay en esto, al contrario.

Y luego está toda la serie de industrias adjuntas, como las de los medios que cubren el deporte, quienes igualmente tienen que ganar para vivir.

En otras palabras, el futbol es una empresa que al menos tiene que tener ingresos iguales a sus egresos, pues de lo contrario tendría que encontrar subsidios en alguna parte y vivir artificialmente.

Más aún, tiene que tener utilidades, igual que las empresas en cualquier otro sector de la economía. Todo es normal hasta aquí y son admisibles las estrategias de negocios, como las de vender artículos promocionales: camisetas del equipo, escudos, cachuchas, más los boletos y la venta de derechos de transmisión en TV.

Nada malo, le repito, hay aquí. Lo que está bastante mal es el control del deporte en manos de unos pocos y que ellos no rindan cuentas a nadie. La esencia de su negocio es como el de cualquier otro, pero la estructura del sector está fundamentada en el control total del futbol dentro de cada nación y en todo el mundo.

De cierta manera, por tanto, estamos en presencia de una estructura monopólica en la que sus dueños tratan de sacar todo el beneficio que pueden a su mercado.

Y lo que está sucediendo es eso. Aunque sean un monopolio no pueden irse demasiado altos en su explotación del mercado. Lo intentan con decisiones como las de las que se quejaban esos comentaristas de fútbol. Esa comercialización excesiva es ese intento de exprimir al mercado todo lo que se puede… una mentalidad bastante miope por cierto.

Porque el verdadero empresario estaría más preocupado por hacer más atractivo su producto (mejorando a los árbitros, por ejemplo) y mantener su mercado, que por dedicarse a ver lo máximo que puede sacar.

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