Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cómo Perder Amigos
Eduardo García Gaspar
5 noviembre 2002
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y CONTRAPEDIA
Catalogado en:


Visitando librerías de todos tipos, uno se encuentra con la conocida sección de obras de mejora personal, con títulos como Tener el doble de amigos en un mes, Tú puedes, si quieres y otros más.

Muchos de ellos se refieren a lograr amistades, tener influencia sobre los demás, aumentar las amistades y otros muy parecidos.

Creo que esos libros presentan un problema potencial, el de tener demasiados amigos, tantos que uno no pueda vivir tranquilamente.

Me contaba un amigo lo difícil que es reunirse con algunas amistades, por ejemplo, con el fanático de futbol que no sabe hablar de otra cosa, el tipo que tiene las más alocadas explicaciones de todo fenómeno político (como la explicación del déficit fiscal debida al desarrollo de ONVIs que fabrican en secreto todos los gobiernos), o con el amigo que todos los días corre de madrugada y llama a casa a las cinco de la mañana para invitarlo a uno.

En fin, que puede suceder que uno tenga demasiados amigos que impidan una vida tranquila y quiera uno deshacerse de algunos de ellos.

Si usted está en esta situación, le ofrezco los siguientes consejos, cuya aplicación consistente le garantiza a usted reducir el número de amistades.

Primero, sea puntual y dé unos tres a cuatro minutos de tolerancia al amigo que quiere perder. Llegue usted primero a la cita, digamos en un restaurante, y espérelo esos pocos minutos. Si no llega, váyase y dígale después que como él no llegaba usted se fue.

Dada la impuntualidad mexicana, al cabo de varias veces que usted haga eso, el otro ya no le llamará para comer, ni para nada. Si usted es invitado a cenar a casa de ese amigo que quiere perder, no alabe la comida que le den, al contrario critíquela severamente.

Para nosotros los mexicanos toda receta preparada por un amigo o su esposa es deliciosa, no importa que en realidad sea una porquería. Simplemente diga cosas como , “la verdad la próxima vez que me invites, prepara otros platillos, porque lo que diste de cenar no me gustó nada y además el vino era del barato”, o “le voy a regalar un buen libro de cocina a tu mujer porque sus recetas no valen nada, aunque quizá la culpa sea de ella y no de las recetas”.

Adopte la actitud del que todo lo hace mejor. Por ejemplo, si el amigo que quiere perder ha comprado un automóvil, pregunte el precio y luego diga que él pagó mucho, que usted lo podía haber conseguido a un precio mucho menor.

Si él ha hecho un viaje a París, diga usted que ya no va a esa ciudad porque ha estado demasiadas veces en ella.

Si su futuro ex amigo padece triglicéridos, diga usted que tiene más, que a veces son tantos que le salen por las orejas. Si él acaba de comprar una computadora, pregunte por las características de ella y luego diga que posiblemente se trata de un modelo descontinuado, que la que usted tiene es tres veces más veloz y nunca se atonta.

Ataque los más grandes valores de su amigo. Si le gusta la música de Richard Clyderman o de Yanni o de Raúl di Blasio o de Otto Lieberman, diga que ésa es una música comercial para gustos primitivos.

Y si le gusta la música de Beethoven, dígale que usted prefiere a di Blasio, porque es imposible que un sordo haya compuesto buena música.

Si el amigo juega tenis o golf, ataque sin piedad esos deportes, con frases como “no entiendo cómo puede alguien entretenerse con una pelotita a la que le tiene que pegar como un infante tonto, cuando es mucho mejor ponerse a leer a Platón, ¿has leído a Platón?”

Uno de los remedios más efectivos es el de no pagar la cuenta en un restaurante argumentando que la cartera se nos ha olvidado y que luego le pagamos, para que cuando nos recuerde la deuda decir que no nos acordamos de eso. Haciendo esto dos veces, se garantiza la pérdida de esa amistad.

Otro remedio extremo es dejarle a los hijos mientras uno sale de viaje durante tres semanas, cuidando que los hijos no tengan dinero.

En fin, la causa no está perdida. Sí existen remedios para reducir el número de amigos. Todo radica en tener la valentía de aplicar remedios como estos y similares.

Le digo que así me deshice de un amigo que robaba mis ideas, pues lo que yo decía y hacía se lo atribuía él en un trabajo que tuve.

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