Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Crimen Como Negocio
Eduardo García Gaspar
10 mayo 2002
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No es nada nuevo el hablar de criminalidad y que ella ha hecho de la sociedad mexicana su plácido y cómodo hogar.

La tendencia ha sido, desde luego, a empeorar y una prueba de ello es la popularidad de los secuestros. Antes no eran tan comunes y se hacían selectivamente. Ahora son usuales y dejaron de ser privilegio de los muy adinerados.

¿Por qué se han convertido los secuestros en un crimen muy practicado?

La respuesta clara emerge si vemos a la delincuencia como un negocio que busca utilidades con el menor costo posible.

Si un criminal roba una computadora, por ejemplo, obtiene un beneficio relativamente pequeño, pues la vendería en un mercado secundario y no le darían más de lo que pagarían por una computadora de segunda mano… aunque ella fuera el último modelo.

Si roba un reloj caro, sucedería algo parecido. Los frutos de ese crimen no serían importantes en monto.

Pero el criminal puede tomar una decisión muy racional para elevar sus utilidades y dedicarse a robar dinero, por ejemplo, robando bancos o las nóminas de empresas. Robar dinero en efectivo es mucho más eficiente y si los costos se mantienen igual, la decisión es perfecta.

Pero el criminal puede ir un paso más allá y dedicarse a robar personas.

Las personas tienen un muy alto valor y van a ser queridas de vuelta por otras personas, sus familiares. Las personas, digamos entonces, son artículos que sus familiares desean recomprar.

Más aún, las personas que no tienen bienes materiales importantes para robar, no tienen por ejemplo Rolex de oro, sí tienen en cambio familiares y esos familiares tienen un alto valor en el mercado de su misma familia.

La masificación del secuestro, por tanto, obedece a sencillas decisiones de cálculos económicos del criminal.

Vayamos ahora a los costos de la actividad criminal. Todo delincuente enfrenta al menos dos tipos de costos en su empresa.

Uno son los costos de operación normal, como las armas, sistemas de intercomunicación, automóviles y todos los demás que se necesitan para trabajar.

El otro tipo de costo es el riesgo calculado de ser aprehendido y condenado.

Si esos riesgos son bajos, los costos de la criminalidad son también bajos y sí es negocio el dedicarse a actividades criminales. Pero si esos costos se elevan, el negocio del criminal puede volverse ineficiente y obligarlo a cerrar.

Por esta razón aparece como positiva la idea de homologar los castigos al secuestro, haciéndolos más duros y fuertes. Eso representa un incremento del costo del negocio criminal y, por ello, posiblemente produzca una reducción en el número de secuestros.

Pero, ese endurecimiento de penas no es garantía alguna de éxito en el combate a los secuestros. Los legisladores de los estados podrán emitir las mayores penas y castigos para los secuestradores, que no pasará nada si la probabilidad de ser aprehendido es baja o la probabilidad de ser condenado es baja.

Todas estas variables tienen que trabajar en conjunto para tener éxito. Quizá ayuden a entender esto algunos ejemplos extremos. Muy extremos, pero que sirven para aclarar conceptos.

Si la probabilidad de ser aprehendido es cero, al criminal no le importará que los castigos establecidos en la ley sean muy severos. Le es irrelevante el castigo legal, pues sabe que no le llegará.

Por el otro lado, si el castigo es ligero, pero la probabilidad de ser aprehendido es de cien por ciento, el costo para el criminal es más alto. Dicho de otro modo, la variable mayor no es tanto la pena legal, sino la eficiencia de la policía para capturar al criminal.

Si, como en nuestro caso, la policía no es efectiva, un posible remedio sería un incremento extremo, enorme, de las penas.

Por ejemplo, la policía sólo captura al uno por ciento de los secuestradores, pero a esos pocos se les castiga metiéndolos atados de las manos poco a poco a una jaula llena de leones hambrientos, entonces el cálculo de costos del criminal cambia radicalmente (no se preocupe, es sólo un ejemplo hipotético).

Lo que he querido decir en esta segunda opinión es que analizar al criminal como un actor que hace cálculos económicos racionales es una buena idea para encontrar soluciones a la criminalidad. El objetivo es hacer de la criminalidad un negocio con costos tan altos que no convenga ser delincuente. Así de sencillo.

Por esto es que debemos ver como algo positivo la elevación de la dureza de las penas por secuestro, entendiendo que ellas solas no van a producir cambios importantes si no se eleva la probabilidad de captura de los criminales y que ésta es la variable principal.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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