Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Daño a la Iglesia Católica
Eduardo García Gaspar
2 abril 2002
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La Iglesia Católica sobrevivirá a estos graves problemas. Si sobrevivió a crueles persecuciones muchas en su contra y otras ordenadas por ella misma contra sus enemigos, también sobrevivirá a los problemas de los abusos sexuales cometidos por unos pocos sacerdotes.

Pero el daño hecho ha sido serio, profundo y tardará en sanar años. Veamos esto con una segunda opinión.

Los abusos sexuales cometidos por esos sacerdotes podían ser ocultados o podían ser hechos públicos. En general, se optó por callarlos. Grave error.

La verdad tiende a ser descubierta a la larga y es mayor que la original, pues incluye el disimulo y el engaño intencional, además de la falta. Para tratar el asunto, debemos recurrir al principio de la separación de iglesia y estado.

Es la única manera racional de tratar faltas de personas. Los gobiernos se especializan en los asuntos terrenales y las iglesias en los asuntos celestiales. Así de sencillo.

El gobierno se encarga de las condiciones básicas del bienestar en este mundo, como la protección de la persona, sus intereses y sus propiedades. Las iglesias se especializan en la salvación de las almas. Los gobiernos expiden leyes para esa protección de las personas, sus intereses y sus propiedades.

Así, cuando algo le es robado a una persona, el gobierno aplica su aparato de justicia y las leyes. No importa si el robo se cometió en la calle, en un restaurante, en una casa o en una iglesia.

Un robo es un robo, lo mismo que un asesinato no cambia su naturaleza esencial dependiendo del lugar en el que se cometió. Los asesinos y los ladrones, salvo atenuantes y agravantes, lo son con independencia de los lugares en los que cometieron el delito.

Un abuso sexual no deja de serlo dependiendo del lugar en el que se realizó, ni de la persona que lo cometió. Es un atropello grave en contra de otra persona, aún más grave si esa persona es un menor.

Éste es el terreno de los gobiernos y no hay nadie que pueda sustituir esa función, pues la autoridad es la única con fuerza legítima para castigar culpables dentro de la ley. No hay diferencia esencial de delito en una violación cometida por un albañil o por un abogado.

Sin embargo, hay emocionalmente más gravedad en el delito que comete alguien en quien se ha colocado fe, del que se espera amor y un mensaje de Dios.

Ocultar un delito es delito también y debe ser juzgado de acuerdo a la ley terrenal, no hay otra posibilidad. Los tratamientos preferenciales irían en contra de la legitimidad de las instituciones involucradas y serían mal ejemplo para los ciudadanos.

Igual que un político corrupto debe ser metido a la cárcel, los demás delincuentes deben serlo. Sin excepción.

Las excepciones debilitan a la sociedad y son malos ejemplos para todos. No se trata de ser cruel, se trata de ser justo, con toda la piedad posible para los delincuentes, pero también para los demás ciudadanos.

La revelación de una serie de faltas serias en una institución mayor, como la Iglesia Católica, produce un gran daño. Pero aún mucho más daño produce el ocultamiento intencional de esa serie de faltas.

De hecho, revelar voluntariamente una falta seria de un miembro de una asociación, al menos en parte, ayuda a esa institución a verse seria, valiente, inteligente y sabia, capaz de aceptar los riesgos de la verdad.

Pero el encubrir y disimular la daña aún más. Le quita lo sabia, lo valiente, lo ética. Le quita su credibilidad. Los hombres no somos perfectos y no puede esperarse perfección en nuestras instituciones.

En todos los partidos políticos hay alguna gente que puede cometer faltas, en todas las empresas, en todos los sindicatos, en todas las escuelas, en todas las iglesias. Es mejor aceptar eso que intentar ocultarlo. No, tampoco la Iglesia Católica es perfecta y debemos aceptarlo.

Ella está formada por hombres, la inmensa mayoría ejemplares varones llenos de Dios, pero a veces son pecadores, no diferentes al resto de los mortales.

En fin, lo que digo en esta segunda opinión es sencillo. Más daño le produce a la Iglesia Católica el guardar y esconder esas terribles faltas de unos pocos de sus miembros, que lo que ellos hicieron. El ocultamiento se percibe como una acción institucional y el delito se percibe como una falta individual. La diferencia es gigantesca.

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