Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dinero a Otro Lado
Eduardo García Gaspar
6 septiembre 2002
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Deme unos minutos para explicarle, claramente, por qué el evitar la privatización de la energía eléctrica es una tontería. Todo es una cuestión de sentido común.

Simplifiquemos las cosas y digamos que en México toda persona puede invertir en cualquier industria, la que le plazca.

En cualquier industria, menos en una, la de generación de electricidad porque a la autoridad le ha entrado la febril idea de que la luz está reservada para ser una actividad exclusiva del gobierno.

Bajo esa circunstancia sucede una cosa al menos, las inversiones se modifican. Si fuera posible la generación privada en la generación de electricidad la distribución de las inversiones sería diferente a la situación en la que NO es posible invertir en esa industria.

Esto es obvio y lo entiende cualquiera, menos Bartlett, los sindicatos y el PRD.

Tenemos, por tanto, que la prohibición de inversiones en uno de los sectores económicos está ocasionando una modificación en la distribución de inversiones y que esta distribución de inversiones no es la óptima.

Dejadas libres todas las inversiones, ellas buscarían las mayores utilidades, lo que significa el mejor aprovechamiento de los recursos.

Pero como existe una prohibición de inversión, la diferente distribución de inversiones no es la buscada espontáneamente y, por tanto, es menos eficiente en el uso de los recursos. ¿Qué tan grande es esa distorsión de la inversión?

Si estuviera prohibido invertir en la industria de bolígrafos de tinta morada, esa distorsión sería mínima. Pero como está prohibido invertir en una industria gigantesca, la de la electricidad, la distorsión de inversiones debe ser de consideración… y si se toma en cuenta la imposibilidad de invertir en petróleo, esa distorsión es aún más grande.

Gracias pues a esas prohibiciones, México tiene un patrón de inversiones menos óptimo de lo que pudiera hacer, que es lo mismo que usar sin eficiencia nuestros recursos, un lujo que no podemos darnos.

Ahora pongamos esto en un ejemplo casero. Digamos que usted que es el padre de familia les prohibe a sus hijos y a su mujer invertir en zapatos, porque los zapatos, según usted, son un bien de soberanía familiar y no puede aceptar que se dependa de otros para hacer ese bien.

En otras palabras, usted, jefe de familia, se ha convertido en el proveedor único de zapatos para su familia.

Igual que el gobierno mexicano que es el único proveedor de electricidad. No hay diferencia. Desde luego, lo que sucede es que usted ya no invierte su dinero como antes de prohibir la compra de zapatos a sus hijos y esposa.

Ahora el ingreso de usted tiene que repartirse de manera diferente a antes, cuando sí podían comprar zapatos en cualquier tienda. Una parte de su dinero se va a dedicar a comprar pieles, plásticos, máquinas, agujas, cortadoras y todo lo que se necesita para fabricar zapatos.

Ya que usted no tiene ingresos ni tiempo ilimitados, la parte que usted ha invertido en la posibilidad de fabricar zapatos dentro de su casa, la tiene que retirar de alguna parte.

Su patrón de inversión y gasto cambia, igual que antes con el gobierno y la electricidad. No hay diferencia. Ahora, usted ya no ahorra lo mismo, sino menos.

Ya no compra pizza por teléfono, tampoco compra las jugosas carnes de antes y deja de comprar e invertir en muchas otras cosas, como tiempo para ir a trabajar en otras actividades.

Todo porque usted ha decidido que usted debe ser autónomo en zapatos, igual que el gobierno mexicano ha decidido ser el único proveedor de electricidad.

La distribución de sus recursos cambiará por eso. El punto es que necesariamente, de seguro, usted estaba mejor antes, cuando su familia podía invertir en zapatos libremente. Esa distribución del ingreso era mejor que la nueva.

Lo que prohibir comprar zapatos produjo fue un reacomodo de su presupuesto. No hizo más rica a su familia, ni generó más calidad de vida. Sus ingresos son los mismos que antes, sólo que los gasta e invierte de manera menos eficiente que antes.

Le digo, la economía es de sentido común. Prohibir inversiones es hacerse el loco con mera demagogia y palabrería hueca, de gobernante populista, con enorme capacidad de convencimiento… desafortunadamente.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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