Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Distribución del poder
Selección de ContraPeso.info
1 marzo 2002
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: AmaYi
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Estamos muy acostumbrados a escuchar frases que mencionan la distribución de la riqueza; esa frase, la distribución de la riqueza es parte del paisaje político y la escuchamos sin mucho pensar como un hecho dado.

Nock también habla de distribución, pero no de la riqueza, sino de otra cosa totalmente distinta, de la distribución del poder. Y con ese cambio de palabras entramos en campos no considerados con frecuencia, de lo que no nos damos cuenta pues los vemos como parte inmutable del paisaje de la vida.

El libro considerado para esta carta fue el de Nock, Albert Jay (1973). OUR ENEMY, THE STATE. INCLUDING “ON DOING THE RIGHT THING”. New York. Free Life Editions. 0914156012., chapter 1, Social power versus state power, pp 3-15.

El libro fue publicado originalmente en 1935. Nock (1870-1945) fue escritor, periodista, académico, editor, partidario y defensor de la libertad humana de opciones ilimitadas que puede llevar a la persona al bien. El autor quiere llamar la atención hacia un fenómeno que no es percibido, la transferencia del poder del ciudadano hacia el Estado, e imponernos la obligación de analizar si ello es o no de beneficio.

El primer punto de Nock en estas páginas es aclarar una idea: detrás de todos los asuntos públicos que se viven en una sociedad, sean los que sean, allí hay un sólo tema central, la redistribución del poder entre el Estado y la misma sociedad.

No importa que se trate de la reforma agraria o del control de precios, el tema de fondo es el del reparto del poder entre la ciudadanía y el Estado.

Y, además, afirma que una elevación del poder del Estado equivale a una reducción del poder de los ciudadanos. En otras palabras, el poder que tiene el Estado es un poder que retira de la sociedad. El Estado no puede tener poder en sí mismo, dice Nock, simplemente porque no tiene dinero propio.

El poder que tiene un Estado es el que la sociedad le da, sumado al que el Estado mismo confisca. Por lógica necesaria, pues, todo aumento del poder del Estado significa una disminución del poder de la sociedad.

Es una situación común y un fenómeno frecuente el aprovechamiento de ocasiones de todo tipo para acumular poder en el Estado. Por ejemplo, la manera de pensar que cree que el Estado le debe al ciudadano un modo de vida, es una teoría que al aceptarse ocasiona una transferencia de poder del ciudadano hacia el Estado.

Un ejemplo que da Nock para ilustrar esta mentalidad es el de la visión que tenemos al ya no dar caridad al limosnero, pues suponemos que deba ser atendido por las oficinas gubernamentales.

En nuestras mentes, el Estado ha confiscado la caridad que dábamos, bajo el supuesto de que esa caridad no estaba bien realizada. El Estado lo puede hacer mejor. Nos ha quitado poder.

Lo mismo acontece en otros terrenos, por ejemplo en la industria. El Estado interviene quizá para fijar precios de bienes y servicios, con lo que necesariamente está diciendo al empresario que el Estado puede hacer mejor las cosas y que el empresario no está haciendo su labor.

Desde luego, el instinto de los empresarios es dejar correr esa situación y que sea el Estado mismo quien se haga cargo de las consecuencias del control de precios.

Es clara la acumulación del poder en el Estado, pues él acapara empresas y actividades en las que la participación de los ciudadanos es nula. Tener la participación de los ciudadanos en esas actividades pondría al Estado en desventaja.

Según Nock, hay varias maneras de medir y detectar el nivel de poder del Estado dentro de una sociedad. Son una especie de índices de concentración de poder en el Estado:

La centralización del poder en la capital y en el poder ejecutivo. A mayor centralización de este tipo, mayor acumulación de poder en el Estado. Lo que de nombre es republicano, en la realidad es una monarquía.

El tamaño del aparato burocrático, la extensión de la burocracia. A mayor tamaño de ese aparato gubernamental, menor poder de la sociedad. Quienes aspiran a tener puestos en esa burocracia son promotores de la expansión del poder estatal.

La colocación de la pobreza en un nicho de adoración pública. Así, los pobres son convertidos en un activo político que sirve para justificar la intervención del Estado en la sociedad. A mayor adoración de la pobreza mayor poder del Estado.

Esa pobreza tiene el efecto de un voto masivo y subsidiado al Estado, lo que le da poder a costa de una disminución del poder de la ciudadanía.

No sorprende que la creciente acumulación del poder en el Estado sea bien vista y promovida por todo tipo de gobernante, sea del signo que sea.

De hecho, la competencia entre los políticos, dice Nock, es una lucha que lleva a más y más centralización de poder en el Estado: aumento de la burocracia y mayores concesiones a quienes dan votos subsidiados.

Cuando se tienen ideas así, su consecuencia natural es la extinción del poder de la sociedad y del ciudadano. Esas mentalidades estatistas tienen su origen en los conceptos de filósofos del siglo XIX, a quienes se ha tratado con reverencia beata y ferviente.

Por ejemplo, las ideas de Hitler son una popularización de los conceptos de Hegel y la doctrina de Moussolini es un producto de las ideas de Fichte.

Y esto es importante, pues por lo común se pone mucha atención en las diferencias que existen entre el nazismo, el bolchevismo y el fascismo. Con eso se olvida que esas doctrinas poseen todas un gran común denominador, que es el llevar poder de la sociedad al Estado.

Nock menciona que existen palabras, frases, expresiones y fórmulas que ponen un velo de dificultad para entender la realidad del avance del poder del Estado. Estamos acostumbrados a escuchar letanías y discursos políticos que aceptamos sin pensar, sin saber que ellas conducen al retiro de nuestra libertad y al aumento del poder del Estado.

Las vemos como parte del paisaje. Desde luego, es difícil reflexionar sobre situaciones que son tomadas como hechos dados, en los que no pensamos y que creemos que son parte de lo naturalmente fijo.

Pero el hecho es que esa realidad nos afecta de muy diversas maneras, incluso a pesar de que nunca nos demos cuenta de ella.

Aún cuando en ocasiones nos lastima tanto que nos rebelamos contra esa realidad, nunca vamos ni vemos más allá de hacer modificaciones y arreglos de pequeña escala, que siguen aceptando la acumulación del poder en el Estado. Simplemente no nos damos cuenta del asunto de fondo.

Al final, lo que Nocke quiere es que nos hagamos una pregunta. Debemos pensar el Estado y cuestionar la conveniencia y ventaja de que esa institución siga acumulando poder.

Porque es una obligación hacerlo, examinar y estudiar al Estado, para tener una opinión sobre él y ver si ella tiene apoyos en la historia. Démonos cuenta de ese fenómeno de acumulación de poder en el Estado y de que con cada incremento de ese poder estatal hay una disminución del poder del ciudadano.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.




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