Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Economía en Una Lección
Eduardo García Gaspar
14 marzo 2002
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Tengo algo más de treinta años de trabajar, después de mi estudios profesionales. He impartido algunos cursos a alumnos de profesional y de post-grado.

De esas experiencias, de esos años, es natural que cualquiera obtenga algunas conclusiones. Quiero compartir con usted una de ellas. Y para hacerlo permítame compartir una noticia reportada hace varias semanas.

En la ciudad de Monterrey, durante marzo, se están realizando varios eventos internacionales, desde carreras de autos hasta una reunión de un sector de la ONU y el Foro Mundial de las ONGs.

Lo mismo o similar a lo que sucede en otras partes del mundo: los eventos que en ellas se realizan saturan las capacidades hoteleras y turísticas. Nada que no haya sucedido durante cientos de años e incluso miles de años.

Lo llamativo de esto no radica en la consecuencia natural de esos sucesos, que es la elevación de los precios de los hoteles.

Lo que es estridente es la reacción de algunas personas, por ejemplo, la de dos damas que declararon a la prensa estas palabras,

“no es justo para las ONGs porque no tenemos los recursos… es como un abuso de los hoteleros, a cualquier hotel que llamamos nos dicen lo mismo o que ya están llenos o que nos dan unas tarifas muy elevadas en comparación con las de hace un año”.

En otras palabras, los organizadores de esa reunión de ONGs llamaron hace un año para informarse de los precios de los hoteles; doce meses después esas tarifas son significativamente más altas porque la reunión de las ONGs coincide en el tiempo con otros eventos, enormes, en la ciudad.

La situación específica en sí misma no tiene relevancia, pero su esencia es muy pertinente para tener una segunda opinión. Esto me lleva a una de las meditaciones de mis años de experiencia.

Me parece que es notable la falta de conocimientos económicos básicos en nuestra población. Cierto, somos una nación con niveles bajos de educación, pero aún en personas educadas se registra una sobresaliente carencia de sentido común económico.

La que lleva a posiciones personales que producen tristeza y desencanto. Una de las primeras lecciones aprendidas en la vida humana es la que ahora conocemos como la ley de la oferta y la demanda.

Ofrezco una prueba de esto: en el libro El Arte de la Guerra de Sun Tzu, escrito hace 2,500 años, hay un párrafo que dice

“en el lugar en el que se reúnen las tropas el precio de todo bien se eleva porque todos codician las ganancias extraordinarias que pueden hacerse”.

Otra prueba, ahora de Francisco de Quevedo, al autor español, nacido en 1580, quien escribió

“…para cada cosa tenía su precio, aunque, como había otras tiendas, por qué acudiesen a la mía, hacía barato”.

No es difícil entender esto, comprendido intuitivamente por tantas personas, como los Escolásticos Tardíos; por ejemplo Juan de Lugo, hace más de cuatrocientos años escribió que la apreciación colectiva, aunque sea tonta, eleva el precio natural de los bienes, ya que el precio es derivado de la estima de las personas, el precio natural se eleva por la abundancia de compradores y dinero, y es reducido por las realidades contrarias.

No son asuntos ideológicos, ni justicieros, ni artificiales. Simplemente así funciona nuestro mundo, como escribió el jesuita Sadowsky no hace mucho.

Lo que llama poderosamente la atención es la ignorancia económica y las consecuencias fatales a la que eso puede llevar.

Si fuésemos igualmente ignorantes en cuestiones físicas creeríamos tener el derecho a salir por la ventana de un edificio de varios pisos sin que nos afectara la ley de la gravedad; y hasta habría quien llamara injusta a esa ley por haberle causado algunos huesos rotos en su caída. Ignorar esa ley física tiene sus costos.

Lo mismo sucede con el principio de la oferta y la demanda. Ignorarla tiene consecuencias. No serán huesos rotos, pero sí bienestares fracturados.

Esa incultura, si la padece un gobernante, daña en a la población entera. Carecer de una mínima cultura económica es peor que ignorar el principio físico de la ignición de ciertos gases.

Que tienda a subir el precio del pescado en Cuaresma, de los artículos escolares antes de la entrada a clase, de los hoteles en temporadas altas y su contrapartida en otros momentos… todo eso en parte natural y lógica de nuestra vida.

Reconocerlo nos brinda beneficios, ignorarlo tiene consecuencias negativas. No es complicado.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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