Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Efectos Secundarios
Eduardo García Gaspar
19 febrero 2002
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hace más de un siglo, un economista francés escribió sobre los efectos secundarios de las medidas económicas de los gobiernos.

Específicamente habló de la diferencia entre un buen economista y uno malo. Ambos son distintos en cuanto a su forma de ver el mundo.

El mal economista toma o propone decisiones de efecto corto bueno sin preocuparse por los efectos contrarios del largo plazo. Nuestra etapa populista de los años 70 fue un ejemplo de malas decisiones económicas.

Por el contrario, el buen economista pone más atención en los efectos total de largo plazo y está dispuesto a sacrificar algo en el corto plazo con tal de un bien mayor a futuro.

Las decisiones de Zedillo caen en esta clasificación. En otras palabras, el buen economista pone atención en las cosas que se ven fácilmente, pero también en las cosas que son más difíciles de ver. Eso es lo que dijo Federico Bastiat, el economista francés para resumir sus ideas.

Y eso es fácil de aplicar en un caso actual. El alza de los precios de la electricidad va a afectar a toda la sociedad, al igual que la elevación de los impuestos.

Por más que digan que la afectación lastimará sólo a los de mayores ingresos, eso es falso en absoluto. La sociedad entera estará sujeta a los efectos de esas alzas. Y el razonamiento no es difícil de entender.

Supongamos que la luz y los impuestos afectan a los de mayores ingresos nada más, eso sucederá sólo al principio. Esas personas pagarán más impuestos y más por la electricidad, pero esa parte de su gasto ya no será dedicada a otros gastos y a otras inversiones.

El ingreso disponible de esas personas disminuirá y eso afectará en alguna proporción a, por ejemplo, el caro restaurante en el que ahora ya no gasta tanto, lo que llevará el efecto al dueño del restaurante, sus meseros y sus cocineros… un poco después, el efecto llegará a los proveedores del restaurante, como el carnicero, el frutero y así sucesivamente.

Y eso sucede aunque para el rico la cantidad pagada por luz o impuestos sea proporcionalmente pequeña y poco importante para él, todo porque aunque sus ingresos son grandes no son ilimitados.

No importa a quién le retire dinero el gobierno, si a los ricos, a los pobres o quienes están en medio. Tarde o temprano la sociedad entera se verá afectada de alguna manera.

La sociedad es una cadena de muy complejas relaciones interdependientes y lo que en una parte de ella suceda va a tener efectos en otras, aunque no se quiera.

Es natural, por tanto, que en el gobierno existe la obligación de ser eficientes para evitar esos efectos inevitables en la sociedad, pues la cantidad pagada por la electricidad, si fuera menor, ayudaría al resto de la sociedad a vivir mejor, con más ingreso y no con menos.

En otras palabras, sería una gran cosa tomar a la CFE y hacerla eficiente en serio, pues como está ahora es un lastre que altera negativamente el bienestar de México. Así de sencillo y claro.

Pero, vayamos más allá en esta segunda opinión. Puede argumentarse con validez que el gobierno necesita dinero pues aún tiene déficit y ésa es una luz roja grande.

Por consiguiente, de corto plazo podría ser válido que se elevaran los impuestos y la luz para disminuir el déficit y dejar de correr el riesgo de la argentinización y del final del sexenio de López Portillo… que es el gran mal que debemos evitar a toda costa.

Sin embargo, no hay duda de que el gobierno y sus empresas deben recibir una buena dosis de reingeniería.

Las evidencias mostradas en las anormalidades de la generación de electricidad señalan a una empresa mal manejada, a la que roban abiertamente y con prestaciones laborales que son un daño real a la sociedad. ¿Le gustaría a usted entrar al cine pagando por obligación la entrada al mismo cine de los hijos del proyeccionista?

Bueno, pues eso es lo que todos estamos haciendo con los trabajadores de la paraestatal mexicana. Es inmoral, desde luego, y también contrario a todo sentido económico.

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