Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El as en la Manga
Eduardo García Gaspar
5 abril 2002
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Con muy pocas dudas podemos ver que nuestro gobierno federal se encuentra empantanado, que sus partes no están negociando y que, de seguir así, el tiempo transcurrido será perdido.

Eso daña al país en serio. Las partes del congreso y del ejecutivo sencillamente se oponen entre sí, no por cuestiones racionales, sino por causas de mera oposición.

Entre esos agentes políticos hay enemistad, animadversión y oposición extrema. No hay en ellos capacidad de negociación, ni de diálogo. La situación es grave, como dije, para el país.

Al continuar la situación de oposición extrema entre las partes legislativas y ejecutiva del gobierno federal, esa inacción genera retrasos en las acciones del gobierno federal, en un país centralista, y la nación se empantana.

Progresar bajo esa situación es como querer correr un maratón con una bola de acero atada a las piernas… perdemos la oportunidad de progresar y de aminorar la pobreza.

No espero que esos agentes políticos, en lo general, estén conscientes de ese daño que producen. Sus puntos de vista son más limitados que los del resto de la población. Sus miras terminan en los límites del partido político al que pertenecen y no entienden lo que sucede fuera de su pequeño mundo de luchas partidistas.

Todo lo que hacen es, primero, hacer lo que sea para detener las iniciativas ajenas y, segundo, imponer sus propias iniciativas. No están acostumbrados a negociar entre sí, nunca lo han hecho.

Su único hábito es el de luchar por tener más poder. Creen que ceder es perder y ninguno quiere perder ni un milímetro de su posición original.

Así no se puede gobernar, ni se puede progresar. Esa es una realidad innegable y debemos aceptarla como primer paso. Ahora viene el siguiente paso. ¿Qué hacer para resolver ese atasque?

Aquí es donde ayuda acudir a la teoría. Nada tan práctico y útil como una buena teoría. Si vamos a la Teoría Democrática, vemos que en el fondo ella es algo muy lejano de la idea común de que la democracia es la voluntad de la mayoría.

La democracia es la fragmentación del poder, de tal manera que se eviten los abusos de autoridad y se pongan límites al poder del gobierno. Esto suena muy teórico, pero es muy práctico. La democracia fragmenta el poder en el tiempo, con elecciones periódicas que impiden la reelección indiscriminada de los gobernantes.

También lo fragmenta en las funciones del poder, con la famosa división de poderes. Y fragmenta el poder en términos espaciales, es decir, geográficos, que es donde radica la solución posible que tenemos en México. Éste puede ser el as mexicano que tenemos en la manga para resolver la inmovilidad del gobierno federal.

Allí va mi segunda opinión. Usted decide qué tan buena es.

Si el gobierno federal está trabado y no se puede mover, es posible que los gobiernos estatales puedan destrabarlo ejerciendo presión sobre el congreso y el ejecutivo federales. Los gobernadores y diputados de los estados tienen un contacto más directo con la realidad nacional.

No están los gobiernos estatales tan alejados de la vida diaria como lo está el gobierno federal. Los gobiernos locales sienten más de cerca los problemas cotidianos, tienen más contactos con la existencia cotidiana. Ellos pueden ejercer presión sobre las torres de marfil federales para desatorar la situación.

Lo que digo es sencillo. Los gobernadores de los estados y los diputados estatales tienen frente a sí la oportunidad de destrabar el atorón federal.

Un esfuerzo, incluso desorganizado, de los gobiernos estatales para influir en el gobierno federal no puede sino ser de beneficio para todo el país. Y es que el enfrentar más directamente a la realidad obliga a los gobiernos federales a ser más pedestres, más realistas y a no perderse en discusiones barrocas.

Desde luego, los gobiernos estatales deben hacer un poco de lado a su partido para colocar en el primer plano a la nación. Es más fácil que ellos lo hagan a que lo haga el gobierno federal.

Tan solo se trata de hacerle al gobierno federal una elegante llamada de atención, nada grosera, pero sí firme: ¡pónganse a trabajar y ayúdennos a progresar, déjense de discusiones barrocas y de enemistades!

No es mucho pedirle al gobierno federal que se ponga a trabajar y que dejen sus miembros de ser únicamente agentes promocionales de sus partidos.

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