Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Campo y el TLC
Eduardo García Gaspar
11 diciembre 2002
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Algunas discusiones recientes pueden estar creando la idea de que el campo mexicano ha sido afectado negativamente por el tratado de libre comercio que tenemos con EEUU y con Canadá.

Los amigos del TLCAN defienden el tratado y sus enemigos lo atacan, casi siempre con un marco de tiempo referido a los años de existencia del tratado.

Mi punto es que eso es un error, pues la historia comenzó mucho antes de eso. El inicio data de finales de los años 30 y, sobre todo, desde los 40, que fueron los tiempos del nacimiento de la política económica del proteccionismo.

La idea que el gobierno mexicano abrazó con un gran entusiasmo fue la de la industria nacional protegida por fronteras cerradas que otorgaban a las empresas el monopolio del mercado local.

Los consumidores nacionales no tenían otra opción que comprar lo fabricado localmente y eso, se suponía, iba a crear una planta industrial fuerte que solo había necesitado protección en su nacimiento. Sucedió lo que tenía que suceder.

Efectivamente la planta industrial se creó y, más aún, hubo progreso.

Desde luego, también, esa planta industrial era ineficiente y vivía de subsidios y cierre de fronteras. Pero el efecto que nos interesa es el del campo.

La atención gubernamental se enfocó a la industria y el campo fue descuidado, tanto que la emigración del campo a la ciudad pudo proveer a la industria de mano de obra barata, aunque sin preparación.

De estos años data la creación de eso que llamamos los dos Méxicos. Quizá pueda decirse que el campo fue descuidado económicamente, pero atendido políticamente. Se cuidó su potencial para producir votos de apoyo al PRI, pero se abandonó su potencial para producir alimentos.

La idea proteccionista se mantuvo desde los años 40 hasta su explosión en la época del populismo en los años 70.

Una vez que al término del período de Díaz Ordaz más o menos había conciencia de la imposibilidad de mantenerse como un país cerrado, la disyuntiva estaba entre abrirse o elevar la dosis de proteccionismo.

Sucedió lo peor y tuvimos esos dos regímenes que aún hoy nos siguen lastimando, el de Echeverría y el de López Portillo. Lo que eso produjo fue empeorar aún más la situación del campo.

Más tarde, con de la Madrid las cosas empezaron a cambiar muy ligeramente, para que con Salinas se diera el gran giro mental: la economía proteccionista se abrió y eso se ha mantenido hasta ahora, con buena probabilidad de que siga así.

Usando un poco la razón es sencillo concluir que no, que el TLCAN no es culpable de la situación del campo mexicano, pues ella ha sido mala desde al menos la consolidación del sistema institucional de la política mexicana.

El campo fue tratado como máquina de votos priistas y descuidado en su capacidad económica, de lo que heredamos nuestra obsesión por la defensa del ejido que es una institución política, pero no económica. Así de simple.

¿Dónde está el remedio del campo mexicano? Si es que tengo razón en lo anterior, la solución radica mucho más en los aspectos políticos que en los económicos, lo que significa necesariamente reformas legales de consideración, incluyendo la posibilidad del regreso de las grandes propiedades agrícolas.

Es una cuestión de ver hacia el futuro en el que sólo una minoría inferior al 4 por ciento de la población trabajará en el campo y, más aún, también una minoría trabajará en la industria. Esto me hace volver a la vieja idea mía de que los problemas mexicanos no tienen un origen económico, sino político.

Aún existen nociones políticas de notable retraso, como la de la soberanía nacional entendida como la propiedad mexicana y estatal de lo que se considera clave, como los energéticos. Ese problema político de retraso intelectual tiene un impacto económico de consideración, que crea miseria. Y sucede lo que es lógico.

Cuando se ve que el campo está en una mala situación, resulta natural buscar chivos expiatorios, los que sean, por ejemplo, el TLCAN. Ese tratado es sencillamente una herramienta muy importante y positiva, pero no es la solución integral del problema mexicano de progreso.

En última instancia ese problema político mexicano es uno de ideas atrasadas orientadas al logro de posiciones de poder a costa del progreso de los ciudadanos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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