Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Enemigo Interno
Eduardo García Gaspar
14 mayo 2002
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Una de las más establecidas costumbres humanas es la de buscar culpables del propio fracaso en factores externos a uno mismo.

Desde el niño que rompe algo y dice que solito que rompió, hasta el político que culpa a la situación económica mundial el fracaso de sus planes… esta costumbre es una de profundo arraigo y amplio uso.

La más clara utilización es la del dictador que se mantiene en el poder gracias a la existencia de enemigos que con graves complots pretenden dañar a la nación que él así domina totalmente. Sin esos enemigos externos a quien culpar, la existencia del dictador no tendría sentido.

Pero hay otro cristalino uso de esa excusa.

Para justificar la falta de éxito en un país se suele recurrir a buscar culpables externos.

O, visto de otra forma, el hecho de que un país sea pobre y sus habitantes vivan mal con frecuencia es explicado de manera que la culpa de esa realidad la tienen otros… todos en ese país pobre son muy buenos, y son los malos extranjeros los que tienen la culpa de la miseria local.

El asunto tiene un fondo infantil, pero formas adornadas de ropajes intelectuales mayores.

La mención aún ahora frecuente del colonialismo europeo, del imperialismo de los países ricos, del saqueo latinoamericano por parte de España… todas esas nociones tienen en común eso, el echar la culpa del fracaso propio sobre los hombros de un tercero.

La idea es simple, demasiado simple para ser cierta. Por ejemplo, después del colonialismo europeo en África, de hecho se vivía peor que durante ese colonialismo. El mundo no puede ser dividido en buenos y malos.

Tampoco el monopolio de la bondad es de los pobres, ni el de la maldad de los ricos.

Permítame usted dar una segunda opinión al respecto. Cuando uno acostumbra culpar a terceros del fracaso propio se termina viviendo en una situación perversa: el dominio sobre la propia existencia ha sido cedido a otros y uno se torna un ser impotente e incapaz de acciones.

Eso conduce a vivir una existencia en la que también se es incapaz de reconocer errores propios y, por tanto, tampoco tener la capacidad de enmendar. En pocas palabras, usted se queda sin hacer nada, lamentando su mala suerte y echando mentadas al resto de la humanidad.

Un ejemplo de esto es muy claro en la posición de un grupo de latinoamericanos cuya tesis es la siguiente: nuestros pueblos son pobres y miserables porque España, durante la colonia, se llevó quién sabe cuántas toneladas de oro y plata y, de habernos quedado con esos metales, nuestro destino habría sido otro. ¡

Uf! Las implicaciones son tremendas si en realidad se ve el fondo.

Allí está desde luego la culpa echada a otros. Fracasé porque me quitaron mi oro y mi plata y sueño que de haber tenido ese oro y esa plata mi vida habría sido exitosa.

Independientemente del sueño guajiro, el análisis no puede ser peor. Ignora, de entrada, que España, con toda esa riqueza en sus manos, no fue muy exitosa… al final perdió todas las colonias y padeció una buena inflación.

Esa manera de pensar, peor aún, impide ver las razones del fracaso latinoamericano. Después de que nos independizamos fuimos nosotros mismos los que nos internamos en una serie de conflictos internos y de luchas por el poder.

En México, desde 1821 hasta el Porfiriato, todo fue una lucha intestina y esa dictadura fue la manera de detenerla, para luego destapar otra serie de luchas iguales en esencia que fueron detenidas con el establecimiento de la dictadura priísta.

Los que dicen eso de que somos pobres porque otros nos quitaron nuestra riqueza, tienen puesta una venda en los ojos y con ella sencillamente no pueden explicar en serio las causas de nuestro atraso.

Peor aún, intentan poner esa misma venda en los demás para dejar de ver la realidad: si somos países pobres es porque nosotros nos hemos propuesto serlo, la responsabilidad es nuestra, realmente nuestra.

Nos han dado ayuda, nos han dado préstamos enormes y no hemos podido salir de pobres. Obviamente la culpa es nuestra.

Claro que hay algún factor externo, pero debemos tener la seriedad y la entereza de aceptar la culpa propia. Es una cuestión de ser maduros y responsables. Es dentro de nosotros mismos que está la razón de la miseria, de la pobreza y de la desigualdad del ingreso.

Aunque nos devuelvan todo lo que se llevaron, eso no nos sacará de pobres.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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