Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Fracaso del Éxito
Eduardo García Gaspar
12 diciembre 2002
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si no recuerdo mal, en La Divina Comedia el peor de todos los castigos en el infierno es dado a los soberbios.

Según un sacerdote, con el que conversé hace ya varios años, la soberbia es la mayor falta ante Dios y eso es sencillo de probar, pues fue la soberbia la que convirtió a un ángel en el Demonio.

Aceptemos eso, a la soberbia como un gran pecado y una terrible falta.

Si eso es cierto, por lógica, debemos aceptar que el engreimiento tiene consecuencias malas en nuestra vida. Y si parte importante de nuestra vida es el trabajo, debemos aceptar también que la soberbia tiene un efecto malo en las empresas.

Viendo esto en un plano muy sencillo, terminamos por aceptar que los valores morales, cuando son violados, terminan por afectarnos. Una nota del Wall Street Journal de hace pocos días muestra eso claramente.

Reportando lo sucedido en tres empresas muy grandes, la nota del diario termina con tres lecciones que nos dan los tres fracasos de esas tres empresas. Estas son las lecciones aprendidas.

• Una es la de nunca ignorar la realidad de la empresa creyendo sólo que las decisiones propias son las mejores.

• Otra es la de que los líderes egoístas dañan a los subordinados por su falta de educación y respeto.

• La tercera de las lecciones es la de que no escuchar a los subalternos que saben agravará los problemas de la empresas.

Es correcto, creo yo, lo que dice el Wall Street, pero le falta dar el paso adicional que importa.

Esas tres lecciones tienen en común ser manifestaciones de un gran defecto, la altivez y el orgullo desmedidos. La persona altiva tiende a verse a sí misma más que a su alrededor. La persona engreída se oye más a sí misma que escuchar a los demás.

La persona altanera cree que sus ideas son mejores que las de otros. Lo que me lleva a la pregunta lógica.

¿Puede alguien que no ve lo que sucede a su alrededor, que no escucha a los demás y que piensa que las ideas de otros son siempre tontas, ser una buen administrador? La respuesta es, desde luego, negativa.

Una persona soberbia es por definición un mal administrador. Pero hay más, pues debemos preguntarnos qué es lo que produce la altanería. Debe haber varias causas, pero en mi entender la mayor causa de la soberbia es el éxito, sea de las empresas o de las personas.

El éxito tiende a cegar, a no ver, a no escuchar.

En otras palabras, pocas cosas fracasan tan bien como el éxito. El antídoto es la humildad, una píldora difícil de tragar para el exitoso que se ha cegado. Es valioso tener éxito, siempre que sea acompañado de virtudes como la cordura y la prudencia.

Sólo con esas virtudes el éxito permanece, pues el éxito con soberbia es corto y breve.

En fin, a lo que voy es a una segunda opinión muy clara y sencilla: los pecados y las virtudes siguen estando vigentes y tienen efectos en nuestras vidas, los ignoremos o no.

Muchas personas se quejan de que la nuestra es una época en la que nos hemos olvidado de la moral y seguramente tienen razón, pues con sólo voltear al siglo 20 podemos horrorizarnos con las matanzas deliberadas más grandes de toda la historia de la humanidad.

Desde mi punto de vista creo que una buena parte de ese abandono de los valores proviene del olvido de nuestra mayor fuente de moral, la religión. En la medida en la que ignoramos sus mandamientos, nuestra vida se va vaciando y ese hueco es llenado necesariamente con otras ideas, que no son mejores.

Necesariamente, por ejemplo, si no tenemos sentido común, el vacío que nos deja la humildad es llenado por su contrario, el hueco que deja la honestidad es inundado por la opositor. Y así con cada uno de los mandamientos divinos.

Ese artículo del periódico norteamericano muestra los resultados de esos vacíos morales que tenemos en la actualidad y el efecto que ellos tienen en las empresas que los sufrieron.

Es una enseñanza valiosa si se ve el fondo del asunto, que es el entender de una vez por todas que la moral produce una vida terrenal mejor, que la ética crea condiciones de progreso material también, que una sociedad en la que los valores se respetan generará una mejor vida para sus habitantes.

La religión tiene el objetivo de salvar nuestras almas. Eso es todo lo que ella se propone hacer, pero sin quererlo directamente, sus preceptos producen una mejor vida material. Sería ilógico que sucediera lo contrario.

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