Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El no Nos Falles
Eduardo García Gaspar
25 junio 2002
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Usted de seguro lo recuerda. Me refiero al inicio de la administración del presidente Fox, cuando por varios lados surgió un clamor de muchos ciudadanos. Lo que clamaban ellos puede ser resumido en una frase, “no nos falles”.

Había en esas palabras una compleja mezcla de esperanza, ilusión y fe, pero también de irresponsabilidad y mala comprensión del mecanismo democrático.

A más de un año de esto, conviene echar una segunda opinión sobre ese síndrome, el de la llamada, casi exasperada, del “no nos falles”.

Primero, los aspectos lógicos. Es muy natural que haya surgido ese grito en muchos ciudadanos y tienen razón en buena parte. De la actuación personal del presidente Fox depende en buena medida la continuación del desarrollo democrático mexicano y la posibilidad de progreso firme.

Sus fallas personales rebasarán esa dimensión personal para entenderse como errores democráticos y provocar reacciones desesperadas posteriores. Una sociedad que ha visto en el presidente a la encarnación del sistema político por decenas de años, lo seguirá viendo así aunque ya no lo sea.

Obviamente el riesgo de desilusión es muy grande y en buen monto se hará realidad. Es ilógico colocar todas las esperanzas de un país en los hombros de un solo hombre.

Quienes colocan esa responsabilidad en alguien tienen sueños demasiado optimistas y quien la acepta es demasiado soberbio.

Esto me lleva a la segunda parte, la de los aspectos negativos del síndrome de “no nos falles”. La democracia tiene muchas virtudes, tantas que no existe ningún otro sistema político que sea superior a ella.

Pero la democracia no es perfecta. Ningún arreglo político lo puede ser por definición. La democracia tiene defectos serios y uno de ellos es la imposibilidad de garantizar que lleguen al poder los mejores, lo que es el error de fondo en el entendimiento nuestro de la democracia.

En México, definitivamente, creemos que nuestros votos tienen la misión de llevar al mejor candidato a la presidencia o a la gubernatura o al puesto público que se trate. Esto es falso, absolutamente falso.

Los votos de la ciudadanía no tienen esa virtud de seleccionar al mejor, pero al creerlo, es lógico que reaccionemos diciendo “no nos falles”. Si creemos que hemos elegido al mejor, es sensato creer que él tiene la responsabilidad entera de la conducción nacional. Con esto volvemos personalista a un régimen que no lo es.

La democracia es un sistema de instituciones más que de personas. Pero con el “no nos falles” regresamos al personalismo del sistema político mexicano anterior.

Peor aún, el “no nos falles” tiene una buena dosis de irresponsabilidad ciudadana. Crea la idea de que el ciudadano ya hizo su tarea, la de votar seleccionando al que creyó mejor, y se puede retirar de la arena política para dejar que el elegido haga lo que quiera, simplemente porque es el mejor. Eso es erróneo.

La democracia es esencialmente un sistema de instituciones, no de personas. Este es uno de nuestros errores de entendimiento. El otro error es creer que el elegido es el mejor de los ciudadanos.

No, la democracia, con todo y sus virtudes, no da la garantía de seleccionar a los mejores. Y si no me cree, recuerde a la cantidad de gobernantes que han sido elegidos por el voto personal y dígame si ellos son lo mejor que ha dado el mundo.

Lo que la democracia hace es otra cosa, algo mucho mejor que seleccionar a los mejores para gobernar.

Lo escribió Karl Popper hace varios años. La democracia es un sistema de instituciones para proteger a la nación de las idioteces de sus gobernantes, lo que da la ventaja adicional de poder cambiar de gobernantes sin violencia. Y no, la democracia, insisto, no debe crear alocadas expectativas de soluciones mágicas.

No es el deus ex machina de los problemas en México. Creerlo conduce a errores, como el clamor de “no nos falles”. La intervención política del ciudadano se necesita a diario y no un día cada seis años.

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