Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Problema Más Grande
Eduardo García Gaspar
12 febrero 2002
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Tratemos de ver a la naturaleza humana como explicable por medio del propio interés personal de cada individuo.

Y, si esto es posible, entonces el problema político de México será el que cause el interés personal de cada uno de los jugadores en la política, a los que podemos agrupar en varios grupos para hacer más fácil su análisis.

Esos grupos son los partidos políticos y sus miembros, que basados en su propio interés, contraerán una cierta ceguera de intereses para ver primero los suyos de corto plazo y después los del país en el largo plazo.

Proyectado al escenario nacional, el problema político que enfrentamos y seguiremos enfrentando es el de la partidización de los asuntos de gobierno, si se me permite ese nuevo verbo.

Los asuntos de política son y serán vistos bajo la óptica de cada partido y el recelo que él siente hacia los otros, con un resultado fácil de prever, la ausencia de la más importante virtud del político, su capacidad de negociar, ceder y llegar a acuerdos.

Una predicción: los asuntos de la política, como lo del presupuesto, la reforma fiscal, y todos los demás han sido y serán tratados con terquedad partidista, envidia, emoción y egoísmo. No serán tratados con ánimos razonables, ni de negociación, ni de interés nacional.

Propuesta que no venga de un partido va a ser atacada por los otros sin remedio, por razonable y positiva que sea. Lo que un partido proponga no será aprobado por los demás, aunque en ello se cause un daño al país.

La partidización de los asuntos nacionales equivale a poner a terquedad partidista por encima del bienestar del ciudadano.

El PRI, como perdedor de su posición de privilegio tradicional, siente la pérdida de poder y reacciona con interés personal sólo, busca cualquier oportunidad de crítica al ganador.

Reacciona globalmente de manera inmadura, partidista, sin intención de negociación, para demostrar que el ganador fue una mala selección popular y que ellos eran los buenos.

El PRD, como partido ideológico más que político, hace lo mismo, oponerse a todo lo que su rigurosa doctrina vea como anatema y herejía.

Tampoco negociarán, ni cederán, ni llegarán a compromisos; y harán todo lo posible, igual que le PRI, para politizar los asuntos.

Por su parte el PAN, como ganador tendrá un papel más activo, de propuestas y reformas, a las que probablemente dará un carácter de definitivas y quiera realizar sin posibilidades de negociación.

Otra predicción: las cosas se van a poner peor antes de que se pongan mejor. La partidización de los asuntos políticos ya produjo y seguirá produciendo frenos, obstáculos e inmovilización legislativa y burocrática, hasta que los políticos aprendan que su virtud principal es el de la negociación y que tienen que aprender a ceder, es decir, a perder o no ganar de todas, todas, que era lo que antes sucedía.

Hemos visto y veremos situaciones penosas, dignas de principiantes en política, pues su actores aún ignoran las prácticas democráticas.

Lo que esta segunda opinión dice es que el problema más grande del país no es el de la miseria, ni el de la inseguridad, ni el de la educación, ni el del presupuesto, ni el de las drogas.

El verdadero problema es ése, el de la partidización de los asuntos políticos, que causará la terquedad, la inflexibilidad y la falta de costumbre que nuestros políticos tienen para negociar y actuar con independencia de las líneas de su partido.

Son señores del autoritarismo, pero párvulos de la democracia.

Y, al final, una consecuencia potencialmente muy grave de esto es que la partidización salga a la calle, con manifestaciones politizadas que puedan tomarse como mecanismos de decisión. La manifestación más violenta y numerosa será la que incline la balanza, aunque su petición sea contraria a toda razón y lógica.

Para el resto de los ciudadanos, nos queda sólo el reclamo de hacer comprender a esos rorros de la democracia que gobernar es el arte de lo posible y que es preferible la negociación razonable en las cámaras que la manifestación violenta en la calle.

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