Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Punto Extranjero
Eduardo García Gaspar
16 mayo 2002
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No hace mucho tiempo que Felipe González estuvo de nuevo en México. Y si no recuerdo mal vio a Santiago Creel, nuestro secretario de Gobernación.

Otra visita de otro extranjero no tiene mucho que explotar en comentarios. Pero lo que dijo González puso el dedo en la llaga y merece una segunda opinión.

Usted sabe, quizá sea que los mexicanos estamos demasiado ocupados viendo a cada uno de los árboles y nos distraen pequeños sucesos diarios, como la entrevista Castañeda-Salinas, o las asperezas cubano-mexicanas.

Distraídos que somos, conviene que llegue alguien con la visión del bosque para que nos recuerde poner atención en lo que de verdad importa.

Lo que Felipe dijo, en pocas palabras, fue que sería una buena idea que en México los agentes políticos se pongan de acuerdo. No es que no lo sepamos, pero es que lo olvidamos.

Más aún Felipe dijo algo como que “en este país existe una situación especial y ésa es que las personas no se dan cuenta de que es necesario un cambio y de que los cambios requieren consensos”.

Incluso habló de modificar las reglas del juego y de que este cambio mexicano se está dando sin acuerdos entre las fuerzas políticas. Y con una lógica casi absurda dijo que hay dos clases de países, en unos se dan acuerdos y en los otros no.

Pero lo que no fue absurdo, fue su mención de que esa falta de acuerdos debilitan al país.

Y es cierto eso según yo. Vayamos a algunas consideraciones adicionales. Una de ellas es la del modelo mental, o como suelen decir ahora, lo de los paradigmas. Lo que sucede es que antes los políticos están acostumbrados a pelear para ganar poder, fregaban o eran fregados; no había de otra.

Pero ahora, el juego es más complicado, tienen que negociar, ceder… y no están acostumbrados a eso. Es un problema mental de nuestra clase gobernante, de todos los políticos.

Otra de las consideraciones es la del número de puntos sobre los que se tienen que poner de acuerdo y sobre esto quiero ampliarme un poco, si usted no tiene nada mejor que hacer.

Digamos que usted va a hacer un viaje de varias semanas y visitar varios países europeos. Si usted va solo, a nadie tiene que convencer de su ruta, de sus comidas, ni de los hoteles… usted decide todo.

Pero si usted va con su cónyuge, las cosas se complican un poco más, pues ya hay que negociar, por ejemplo, los paseos a museos y catedrales que a uno le pueden gustar y a otro no…. por no mencionar las comidas, a uno le pueden gustar los mariscos y al otro las carnes de cordero.

Las cosas se van complicando conforme usted añade más personas y el asunto puede llegar a tal punto que unos deciden ir de viaje por su lado y otros por el suyo.

El grupo se ha dividido en varios grupos más pequeños, todo por no ponerse de acuerdo en los detalles. Es decir, no solamente cuenta el número de personas, sino también el número de puntos en los que hay que ponerse de acuerdo.

Es tremendamente difícil que un grupo numeroso se ponga de acuerdo en muchos detalles.

Pero es fácil que muchas personas se pongan de acuerdo en muy pocos puntos. Por ejemplo, si sólo se tienen que poner de acuerdo, para ese viaje, en qué día visitan qué ciudades, las posibilidades de que el grupo no se divida son mayores que en el caso de ponerse también de acuerdo en las horas de las comidas y los platillos que van a pedir.

Todo es simple sentido común. Esa división del grupo es lo está pasando en México y la causa de la debilidad del país.

Nos queremos poner de acuerdo en un montón de detalles, lo que no es posible y nunca lo será. Todo es causa de división y de polémica divisoria, que polariza las opiniones.

Es tarea del buen gobernante establecer unos pocos principios básicos de acuerdo mutuo, sobre los que no hay discusión y sobre esa base partir a negociaciones racionales. Uno de esos principios es poner el interés nacional antes que el partidista. Supongo que todos estén de acuerdo.

Hay otros pocos puntos que deben ser comunes a todos en acuerdos sin discusión. Mire usted, los Diez Mandamientos tienen unos pocos puntos de acuerdo para vivir en paz y tranquilamente.

En política, México tiene que tener esos pocos puntos de acuerdo sin discusión entre gobernantes… y si no lo logramos, el resultado es la debilidad nacional… y un país dividido es una invitación abierta al populismo dictatorial.

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