Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Síndrome de Santa Claus
Eduardo García Gaspar
21 octubre 2002
Sección: DERECHOS, LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Yo no sé si a usted le sucede lo mismo que a mí en eso de añadir a todo el adjetivo “social”.

Que si hay labor de comunicación social, que si se desarrolla el turismo social, que la responsabilidad social de las empresas, que el sector social… como si el resto de los sectores, turismos, responsabilidades y comunicaciones no fueran sociales.

Ya que se puede resistir todo menos las tentaciones, no me queda otra cosa que echarle un vistazo a esto de lo social, en referencia a la responsabilidad social de las empresas.

Fue éste un tema discutido hace poco entre varios amigos en una conversación de la que salieron dos puntos interesantes.

Primero, la responsabilidad social de la empresa es, antes que nada, tener utilidades para sobrevivir. Tener utilidades es la consecuencia de ofrecer un buen producto o servicio a buenos precios, lo que es indicativo de que ella usa con eficiencia sus recursos y crea bienestar.

Quien fabrica, por ejemplo, un cereal que se vende bien y da utilidades ya está haciendo mucho por las personas, consumidores, empleados, proveedores y demás.

Se presupone que esas utilidades son logradas por medios legales, es decir, sin quebrantos ni violaciones de las leyes. Si las utilidades no son logradas así, ya no es que la empresa sea socialmente irresponsable, sino que está fuera de la ley.

Segundo, la empresa por conveniencia propia puede ir un paso más allá y realizar otras acciones que son relativamente comunes. Por ejemplo, realizar donativos a las instituciones que ella decida, elevar las prestaciones de los empleados y todas las cosas que a usted se le ocurran y que son hechas sin que exista una obligación formal.

Otro ejemplo de esto es el de emprender acciones de beneficio ambiental superiores a las de la ley. Esos dos puntos tienen un orden de prioridad e inician con el primero que es el de ser instituciones financieramente sostenibles. Si no lo son, todo lo demás se cae por tierra.

Sin utilidades no hay donativos, ni buenos sueldos, ni prestaciones, ni nada. Y este es mi punto, que tanto hablar de lo social nos ha provocado un olvido de la causa que hace posible todas esas cosas buenas que se quieren exigir a las empresas, como la propuesta de algunos grupos para que Coca-Cola se responsabilice de los empleados suyos que tienen SIDA.

La imaginación no tiene límite y podemos pensar que no sólo Coca-Cola haga eso, sino Pepsi también, y Sabritas, y Bimbo, IBM, Microsoft, todas las empresas. Más aún, no solamente a los empleados con SIDA, sino a los que padecen cáncer, afecciones del corazón y disturbios mentales.

La lista de exigencias no tiene límite y eso sería parte de la responsabilidad social de las empresas, la que podría ampliarse a preferir a proveedores que tienen más empleados enfermos y que pasan por dificultades financieras. Todas esas exigencias son reclamos que olvidan la fuente original que las causa y que es el éxito financiero.

Visto desde otro lado, lo que digo es que quienes se ponen a exigir estas cosas son unos ignorantes absolutos y que padecen el síndrome del niño en Navidad: lo único que saben es pedir cosas a Santa Claus sin saber que son sus papás los que compran los regalos y que los papás tienen recursos limitados.

Son mendigos irresponsables sin la menor idea de cómo administrar. Creen que los dineros se dan en los árboles.

Demagogos que son la causa misma del problema que quieren solucionar. Víctimas de la mentalidad que entiende a las utilidades de las empresas como un pecado al que llama lucro y miran con desprecio, sin reconocer que gracias a eso es que pueden comer y vestirse.

Si dejaran a las empresas libres de esas exigencias, en una economía abierta y globalizada, los problemas de los que se quejan tendrían más probabilidad de remediarse que con sus reclamos absurdos.

Esas mismas empresas, por iniciativa y conveniencia propia, darían pasos más allá de sus obligaciones formales sobre las bases sólidas de su éxito financiero.

No, no es una defensa de las empresas lo que estoy diciendo, es una defensa del sentido común y de la razón. Las empresas son una especie de gallinas que ponen huevos de oro, nuestro deber es cuidarlas y multiplicarlas, y no destriparlas con esos reclamos sociales ignorantes.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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