Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Equivocación Rotunda
Eduardo García Gaspar
15 marzo 2002
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La pasada reunión de la ONU en México hizo surgir el tema de las ayudas de los países ricos a los países pobres en sus dos variantes.

Los que pueden brindar ayuda solicitan en los otros disciplina y seriedad y los que piden ayuda solicitan precisamente eso, asistencia.

Existe dentro de esos terrenos políticos y económicos una noción errónea.

Es la idea de hacer equivalentes a la pobreza con la bondad y sobre esa equivocación construir toda una gama de reclamos y posibles decisiones. La cuestión es grave, muy grave, porque nos manda a acciones que parten de un análisis equivocado.

El yerro es simple: hacer que la miseria sea igual a la bondad y, por definición, aceptar que todo pobre es bueno y, lo contrario, que todo rico es malo. No existe razón lógica para suponer esa equivalencia.

La dimensión riqueza-pobreza es una variable independiente de la dimensión maldad-bondad. Es decir, pueden existir pobres malos y pobres buenos, así como ricos malos y ricos buenos.

Una persona que ha tenido éxito en la vida trabajando y así haber logrado una fortuna personal no puede ser clasificada como mala tomando como elemento de juicio el hecho de que tiene más dinero que otros. Igualmente, un pobre que lo es por ser violento no puede ser calificado como bueno por el solo hecho de ser pobre.

El rico que lo es por haber sido un ladrón es un tipo malvado, no por tener dinero, sino por haber robado. El error, repito es partir de la idea de que todos los pobres son buenos y de que todos los ricos son malos, una noción, creo yo, muy dañina heredada de los falsos análisis marxistas que aún hoy nos contaminan la mente.

Ese error, más aún, impide el análisis del problema de la miseria. Si a ella la despojamos de su aura gratuita de bondad, podríamos analizarla con más objetividad y estar en mejor posibilidad de resolverla en buena medida.

Pero el creer que ella es en sí misma buena debilita nuestro análisis de la situación, pues nos manda en automático a buscar a los culpables, a los ricos, y con eso creer que hemos resuelto el problema trasladando la riqueza de unos a las manos de los otros.

No, mucho me temo que la cosa es más complicada que eso. Es una obligación moral nuestra el realizar análisis objetivos de los problemas que tenemos y plantear el problema de la miseria con mayor seriedad.

¿Qué es lo que han hecho los ricos para serlo? Y con una respuesta razonable a esa pregunta intentar hacer lo mismo con los pobres.

Pongo un ejemplo. Ha sido dicho que las hambrunas sufridas en muchos países tienen en común una cosa al menos. Todas las hambrunas sufridas en este siglo han tenido lugar en países no democráticos en los que no existe libertad de expresión.

Más aún, muchas de esas hambrunas han sido acciones intencionales de sus propios gobiernos. Vayamos más allá, los países con mayor desarrollo son naciones en las que se respetan los derechos humanos, donde existe libertad económica y sus gobiernos tienen poderes limitados.

Este tipo de asociación entre pobreza y regímenes no democráticos presenta un camino mucho más prometedor para resolver la pobreza que el tonto creer que la miseria equivale a bondad.

Somalia es pobre y miserable porque en ese país no existe tranquilidad ni paz, los clanes de ese país están en constante lucha y la violencia es parte de su cultura. Más haría la paz interna en Somalia que toda la ayuda que puedan darle los países ricos.

No es una cuestión complicada de entender. Para analizar la pobreza debemos tener una mentalidad científica, libre de prejuicios, para determinar las variables asociadas con la miseria.

Si a la indigencia la colocamos por definición del lado bueno de la ética estamos cometiendo un error muy serio, el que quizá sea la razón de fondo por la que no hemos podido tener tanto éxito tratando de resolverla.

Con esta segunda opinión, quiero señalar que los problemas se resuelven con análisis serios no con emociones que oscurecen a la razón. Ni con clisés.

La pobreza está asociada con sistemas políticos autoritarios, violentos, en los que no existe libertad personal ni leyes que hagan del lugar un sitio capaz de generar confianza en sus habitantes, donde ni las leyes ni la moral son respetados, la corrupción impera y la intolerancia reina.

Vea usted a Somalia y compárela con, por ejemplo, Suecia.

Vea las diferencias entre esos países y así podrá tener una mejor idea para solucionar la pobreza. Porque si usted dice que por definición los suecos son los malos y los somalíes son los buenos, la única acción lógica a decidir será destruir a Suecia y seguir con Somalia como está.

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