Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Esa Terrible Duda
Eduardo García Gaspar
9 octubre 2002
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Allí van dos noticias que hacen surgir una duda terrible.

Una de ellas viene de Pakistán y reportó hace poco que en las elecciones generales de ese país grupos radicales obtuvieron resultados sorprendentemente buenos.

La otra noticia se refiere a Venezuela, donde existe una población dividida por un gobierno notablemente populista.

Esas dos noticias tienen un común denominador obvio que es de las elecciones democráticas. No hay duda de que Chávez en Venezuela fue elegido por la mayoría de los ciudadanos y no hay duda de que también en las elecciones libres de Pakistán hay grupos radicales que lograron una buena cantidad de votos.

En otras palabras, allí está uno de los mecanismos democráticos por excelencia, el voto de los ciudadanos para elegir a sus gobernantes. Por eso es que surge la gran duda.

¿Puede literalmente cualquiera asumir un puesto en el gobierno? La respuesta es afirmativa. Obviamente sí puede y eso es parte de la democracia, que cualquiera pueda ser gobernante.

La otra parte de la democracia es que cualquier gobernante pueda ser retirado de su puesto y sustituido por otro en la siguiente elección.

Por eso, siempre queda la idea de que Chávez puede ser retirado del poder por la vía pacífica, o que el radical pakistaní, si gana, pueda perder las siguientes elecciones. El problema es entonces qué puede hacerse para evitar que un gobernante elegido haga sus caprichos y realice acciones indebidas.

La respuesta lógica es la obvia: allí están el resto de las instituciones democráticas para impedirlo, como los senadores, los diputados, el poder judicial y los demás organismos políticos, muy especialmente los medios. La teoría es que esa división del poder funciona para evitar abusos de gobierno.

Ningún radical ni populista podría hacer su santa voluntad bajo un sistema de división de poderes.

Hasta aquí lo que podemos concluir es que el voto popular no sirve de nada para limitar el poder del gobernante mientras no haya elecciones otra vez… lo que hace muy débil al ciudadano en la realidad. Esa debilidad debe compensarse con la fuerza de los demás poderes.

Dicho de otra manera, el buen funcionamiento de las cámaras y la buena calidad de los diputados, senadores, jueces, medios, asociaciones y demás es básico para limitar la posibilidad de un gobernante elegido democráticamente pero totalitario.

Sin esta calidad en las instituciones de la sociedad no existe posibilidad democrática, ninguna posibilidad.

Dicho de otra manera, es vital que existan diputados y senadores preparados, fuertes y previsores, al igual que medios de calidad y el resto de las instituciones sociales funcionen bien. Sin eso, olvídese de la democracia, aunque haya habido todas las elecciones democráticas que a usted se le antojen.

Y esto nos deja con la pregunta que provoca miedo. ¿Tiene una sociedad la capacidad para elegir a sus gobernantes?

Un país imaginario con todos sus habitantes teniendo grados universitarios y altos ingresos sin duda tendrá más capacidad que otro país imaginario también con una población pobre y escasa educación.

Es esa población impreparada la que más posibilidades tiene de sucumbir a los políticos más gritones, más descabellados y más populistas.

No tengo la menor duda al respecto, aunque existen pruebas de que también en países de altos ingresos y educación tienen gran popularidad los candidatos indeseables.

Sin perder la vocación democrática, la pregunta es terrible pues pone en duda a lo que es visto como la máxima expresión democrática, la del voto popular.

Lo que plantea la conveniencia de ver las cosas de otra manera: el voto popular no es la máxima expresión popular… más aún, el voto popular no es la democracia, sino uno solo de sus mecanismos y no el más importante de ellos.

Al final, yo mismo me respondo: nos hemos equivocado, la democracia no es el gran valor que debe ser defendido. El gran valor a defender es la libertad, pues en un régimen de libertades no sería admisible la existencia de populistas ni de radicales, ambos abusadores del poder.

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