Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Experiencias Únicas
Eduardo García Gaspar
11 junio 2002
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá usted también lo sea. Me refiero a ser admirador de las obras de Mozart. Son francamente admirables, digo yo por seducir al oído superficial y por deslumbrar al oído técnico.

Yo soy de los primeros, orejas superficiales. Bueno, pues hay una obra de Mozart que siempre me ha llamado la atención. Es un concierto poco probable, para arpa y flauta.

Tiene el número de catálogo K.299 y, por favor, corra a comprarlo. No se va a arrepentir.

En fin, este buen concierto fue compuesto en París, cuando el compositor andaba de viaje por allá y buscaba formas de ganarse la vida. Concretamente, la fecha de composición es abril de 1778… así que imagínese usted a un París verdaderamente asqueroso… la gente tiraba en las calles sus basuras, todas sus basuras.

Resulta que en eso de andar buscando patrones, Mozart conoce a un barón y éste le presenta a otro noble. No recuerdo sus nombres, pero no importa.

El noble recién conocido le encarga un concierto. Usted sabe, en esos tiempos las composiciones musicales eran casi todas por encargo. Eso era bueno.

Lo malo del encargo era que se trataba de un concierto para flauta y arpa. Mozart odiaba el arpa y, aparentemente, aún más le disgustaba la flauta.

Pero ni modo, para poder darse a conocer y para poder comer, Mozart apechugó el asunto y compuso ese concierto que es del que le he hablado. La composición es francamente atrayente, muy bella y, como todo lo de Mozart, se puede oír mil veces sin que aburra.

Los expertos dicen que tiene su complejidad técnica, o sea que no cualquiera la puede tocar, pues tiene su chiste. El estilo, según yo, está cercano a lo fingido y cursi, pero no lo es.

Supongo que el nombre que lo encargó haya querido hacer que algún pariente o él mismo lo tocara. Sea lo que sea, es una obra de arte, bonita, memorable, interesante. Con la cualidad extra de poder hacer que el que la escucha se olvide del mundo a su alrededor.

Un mejor sustituto del Tafil y del Valium.

A lo que voy es que el arte es algo tremendamente personal. El arte es único porque su creador es único. Como ya ha sido dicho, la verdad es que el arte no existe, lo que existe es una serie de artistas.

Los creadores son singulares, personas indivisas. No puede crear arte ningún comité, ni ningún gobierno. Igual que Chaplin con algunas de sus comedias breves de 1915 o por allí, cuando le pagaban diez mil dólares a la semana y le dejaban libre para hacer lo que él quisiera sin nadie que le dijera nada… muy diferente a Mozart en ingresos al menos.

Decía que el arte es personal, creado por una persona que tiene una visión única, la suya. Pero el arte es personal también en el sentido de que el espectador es también único.

Es decir, la experiencia del arte es también individual, íntima, subjetiva, de uno por uno. No hay experiencias artísticas colectivas. Si usted escucha ese concierto de Mozart, ese momento va a ser interno, suyo propio, irrepetible… su propia y personal propiedad.

Y si lo vemos así, el arte es algo rotundamente humano. Sólo los humanos podemos hacer y gozar el arte. Y lo valoramos tanto que hasta precio le ponemos. Digo, porque una cosa tan sin utilidad aparente cuesta y puede tener precios enormes.

No se necesita pintar, ni bailar, ni cantar, ni esculpir para vivir… pero nuestra vida estaría incompleta sin el arte, profundamente incompleta. El arte es humano porque usa íntegramente nuestras facultades.

Requiere de la razón y de la emoción. Es una manera de manifestarse y de crear por parte del artista y que causa placer en quien admira la obra. Tenemos una vida mejor gracias al arte, así de sencillo y simple.

Decía que el arte no puede ser creado por comunidades ni organismos, sino por individuos. A lo más que pueden llegar, por ejemplo los gobiernos, es a facilitar la creación artística, dejando en libertad al ingenio humano para hacer.

Pero, no todos somos artistas. Solamente unos pocos lo son. No sé la razón, pero me parece obvio. Claro, es posible usar el escándalo para llamar la atención hacia el que quiere pero no puede ser artista. Provocar controversia no es producir arte.

En fin, una meditación de verano. Y el noble ése, por cierto, nunca le pagó el concierto a Mozart.

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