Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fraternidad por Ley
Selección de ContraPeso.info
1 agosto 2002
Sección: LEYES, Sección: AmaYi
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Es casi seguro que no nos demos cuenta de las expectativas que tenemos de la ley y en ello podemos estar cometiendo un grave error. Bastiat nos muestra el grave error que es el solicitar de la ley y el gobierno que ellos decreten la caridad entre los hombres.

El libro consultado fue el de Bastiat, Frederic (1995). SELECTED ESSAYS ON POLITICAL ECONOMY. (George B. de Huszar). New York. Foundation for Economic Education. 0910614156, chapter 4 Justice and Fraternity, pp. 116-123.

Bastiat (1801-1850) fue un economista francés, estadista y autor, líder del movimiento a favor del libre comercio. La mayoría de sus escritos fueron hechos poco antes y después de 1848. Schumpeter lo calificó como el más inteligente economista-periodista que jamás vivió.

El punto de arranque en este ensayo de Bastiat es el señalar un punto enorme de diferencia entre los socialistas y los liberales. Esa diferencia es lo que cada uno de ellos solicita de la ley.

Los socialistas esperan que la ley, además de justicia, provea a la sociedad con fraternidad; mientras que los liberales sólo esperan justicia de la ley. Esta distinción en las expectativas de la ley es la gran diferenciación entre las diversas escuelas socialistas y los liberales.

La consecuencia obvia del pensar así de los socialistas es el creer que la ley es la fundación entera del orden social. Es natural, entonces, que los socialistas piensen que la sociedad es la obra de la ley y que en la sociedad nada existe que no sea el producto de la ley, lo que el legislador ha ordenado y arreglado.

Más aún, otra consecuencia del pensar así de los socialistas es el creer que quienes no están de acuerdo con ellos niegan a la fraternidad en las relaciones sociales.

Los socialistas están convencidos de que quien pide sólo justicia de la ley está excluyendo a la fraternidad de la sociedad. La diferente expectativa acerca de la ley es una de las grandes diferencias de opinión entre los socialistas y los liberales.

Y es esa diferencia la causa de las acusaciones de los socialistas, que culpan a los liberales de frialdad, rigidez y dureza en sus ideas.

El siguiente punto de Bastiat es plantearse la pregunta de si esa premisa de los socialistas es admisible. ¿Puede el total de orden social estar basado sólo en la ley?

Si esto fuera falso, eso significaría que las acusaciones de los socialistas no son válidas. Para solucionar esto, el autor da comienzo a sus consideraciones.

Los liberales, dice, ven a la ley actuando con autoridad, por medios obligatorios y con poder de coerción; a la ley la acompañan la fuerza de la bayoneta y de las penas de cárcel; la ley no reglamenta afecto, ni amistad, ni amor, ni sacrificio, ni devoción.

Es lógico, por tanto, que la ley nada tenga que ver con la fraternidad que es el sentimiento que engloba al afecto, a la amistad, al amor, al sacrificio y a la devoción.

Pero lo anterior no significa que los liberales hagan de lado a la fraternidad y que deseen aniquilarla. Lo que eso significa es entender a la sociedad como algo mayor y más grande que la ley. Muchos sentimientos y actos con realizados más allá de la ley.

El señalar que la ley tiene un límite no significa que se niegue lo que está más allá de ese límite.

Lo que Bastiat ha hecho hasta aquí es arrojar luz sobre una causa de fondo de las diferencias entre socialistas y liberales. Ambos esperan algo de la ley, pero esperan algo diferente.

Los liberales esperan justicia universal; los socialistas esperan también fraternidad. Es natural, por tanto, que el autor quiera demostrar que de la ley no se puede esperar fraternidad.

Para demostrar eso, ya ha señalado el argumento de que no es posible esperar sentimientos de devoción, amor y caridad de la ley, pues a la ley le caracteriza la fuerza, el poder y la coerción.

Bastiat señala ahora que los socialistas tienen cada uno de ellos un plan diseñado para hacer feliz a la humanidad y que creen que quien se opone a ese plan es por razones egoístas, pues teme por sus propiedades y privilegios.

El hecho es que los liberales se oponen a esos planes porque los consideran falsos, ingenuos y desastrosos.

Si a los liberales se les demostrara que es posible traer felicidad a la tierra para siempre por medio de un plan artificial, o que la fraternidad pudiera cumplirse por decreto, con mucho gusto ellos apoyarían ese plan. Pero la cuestión es que no se ha demostrado que la fraternidad pueda ser impuesta.

Al contrario, lo que llama la atención de la fraternidad es que se realiza fuera de los marcos legales, porque la fraternidad para serlo debe ser espontánea y voluntaria, si no fuera así, no sería fraternidad. Imponer por decreto a la fraternidad es exterminarla.

La ley puede obligar a los hombres a ser justos, pero en vano tratará de forzarlos al autosacrificio.

Y señala el autor que no es él quien ha señalado esa distinción, sino que alguien más lo ha hecho, 18 siglos antes, por quien fundó la religión que él profesa, cuando Él dijo que la ley señala no hacer a los demás lo que no quieras que a ti te hagan, pero que a eso Él añade tratar a los demás como uno quisiera ser tratado.

Son esas palabras las que determinan los límites que separan a la justicia de la fraternidad; límites que no son absolutos, pero que sí son racionales entre el dominio limitado de la ley y la región sin límites de la fraternidad.

La idea crucial es establecer que hay un punto que no debe ser traspasado por la ley y ese punto es el momento en el que la previsión gubernamental reemplaza a la previsión individual y la destruye.

En otras palabras, esto equivale a hacerse una pregunta. ¿Debe la ley declarar los límites de derechos recíprocos entre personas y hacer que ellos sean respetados, o debe la ley hacer a los hombres felices obligando a actos de caridad, abnegación y sacrificio mutuo?

Bastiat responde diciendo que se sabe lo que la justicia es y dónde termina. Ella es fija e inmutable.

La ley toma a la justicia como su guía y sabiendo lo que ella es, todos actúan de esa manera. Pero la fraternidad no tiene límites, ni formas definidas, pues ella es el sacrifico de uno por otro. Cuando la fraternidad es voluntaria es digna de aplauso.

Pero cuando la fraternidad es impuesta por la ley, en palabras sencillas, significa que la distribución de los frutos del trabajo será realizada por el gobierno, sin respeto a los derechos mismos del trabajador.

¿Quién puede prever los límites de esa distribución, las formas que el gobierno le dará y las instituciones que de un día a otros se crearán para esto? Una sociedad así no puede existir.

El sacrificio personal no tiene, como la justicia, un límite. Además, no hay certeza de su forma, pues puede ser el sacrificio de pocos por los muchos, o de los muchos por los pocos, y tener un número indefinido de formas y maneras.

En una sociedad donde la ley está limitada a la justicia, allí el ciudadano estará seguro de su futuro, al menos en el sentido de la afectación de la ley. Los ciudadanos se dedicarán a todo género de trabajos e industrias sin miedo ni incertidumbre, ejerciendo sus facultades con libertad de acuerdo a sus intereses e inclinaciones; no habría privilegios ni monopolios.

Más aún, el gobierno lograría su meta mejor pues su tarea estaría limitada a la prevención y represión del crimen, el fraude, la delincuencia y los actos de violencia, y no estaría distraído con otras funciones que son ajenas a su función.

Habría seguridad para el futuro pues ninguna utopía sería impuesta usando a la fuerza pública; habría seguridad en el presente pues la fuerza pública sería dedicada exclusivamente al combate de la injusticia.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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