Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Impaciencia de Colegial
Eduardo García Gaspar
13 noviembre 2002
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Hay dos posibles escenarios mexicanos.

En uno de ellos se regresa al pasado, pero se mantienen las luchas partidistas.

En el otro se mantiene la trayectoria de cambio también con luchas partidistas.

Es decir, de las luchas partidistas no nos libramos, pero sí podemos detener la trayectoria de cambio, o bien regresar al estado político anterior.

Todo depende del voto en las próximas elecciones mexicanas del 2003. Empecemos por la situación actual.

No hay duda de que existe un buen nivel de desilusión ciudadana ante el PAN. Por irracional que haya sido esperar resultados inmediatos de una nueva presidencia, de oposición además, creo que buena parte de los ciudadanos los esperaba.

Y, al no darse secuelas visibles y espectaculares en la presidencia panista en su primer tercio, la desilusión existe. Más aún, esa desilusión ante la percibida falta de resultados es alimentada bajo todas las formas posibles por los partidos opositores, lo que es lógico y entendible.

Esa desilusión se alimenta a sí misma en las pocas o muchas conversaciones políticas que tengan los ciudadanos.

Peor todavía es la desilusión por causa de los escasos criterios democráticos que como población tenemos y que están sujetos a opiniones superficiales y acciones de relumbre y brillo… es decir, no estamos acostumbrados a otra cosa que pedir a la autoridad y juzgarla sobre lo que ella hace en la superficie.

En pocas palabras, la presidencia panista sufre de sus propios defectos y de los que tenemos los votantes. Pero concentrémonos en los defectos del electorado.

Esperar cambios radicales, muy visibles, reformas de fondo y grandes éxitos en el primer tercio de la primera presidencia de oposición en 70 años es un sueño más o menos equivalente a creer en Santa Claus, o peor.

Nadie en su sano juicio podía esperar nada más allá que conflictos partidistas con algunos posibles acuerdos y adelantos para reformas futuras. Sin embargo, creo que muchos votantes creyeron en esa posibilidad utópica y la siguen creyendo.

El contraste entre lo esperado y lo logrado, por tanto, es grande ante sus ojos.

Estos votantes desilusionados votarán a mediados del año entrante tomando en esencia una decisión de continuar o no con su apoyo a la presidencia actual. Si la deciden apoyar, votarán por los candidatos panistas a puestos locales y nacionales.

Si creen que las fallas panistas son tales que merecen la entrada de otros partidos votarán en contra del PAN, a favor de otros, muy principalmente el PRI.

En ambos casos las luchas partidistas al estilo de lo que hemos visto los últimos dos años seguirán… quizá menos agudas si gana más posiciones el PAN y más agudas si ganan más posiciones los demás partidos.

De esos conflictos partidistas y choques corporativistas no nos vamos a librar en ninguno de los escenarios. Sólo apunto una cuestión vital: si el PAN pierde terreno en las siguientes elecciones ese proyecto de transformación del país será anulado en buena parte y viceversa, si el PAN gana terreno el proyecto de transformación tendrá más oportunidades de lograrse.

Sin duda ahora usted tiene sospechas sobre mí y cree que soy un panista tratando de convencerlo de votar por el PAN el año que viene. No, no soy panista.

Lo que apunto es lo que veo en un análisis de este momento, sujeto a discusión. Si los mexicanos votamos un cambio político, la impaciencia colegial puede desecharlo sin darle oportunidad de realizarse.

No era ni es racional esperar otra cosa de un gobierno de oposición que es el primero en 70 años que un tiempo de cambio lleno de disputas, discusiones, alegatos y conflictos… como dice el dicho, querer un cambio significa aceptar que las cosas se van a poner peor antes de que se pongan mejor.

Es decir, al final, que el porvenir nacional será una función de qué tan veleidosa sea la mayoría del electorado mexicano.

Si él se mueve por modas y expectativas de corto plazo, eligiendo a unos ahora y a otros mañana, la política mexicana será una escasa ayuda al desarrollo mexicano, con más demagogia y populismo del que necesitamos. La cuestión es seria.

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